AEBOX/Jose Luis Abad/ — Siempre que escribo un artículo lo hago porque anteriormente me lleno de sensaciones, y luego esas sensaciones procuro transcribirlas y expresarlas con la mayor claridad posible. Hay veces, que ocurren cosas que merece la pena plasmar, sobre todo, cuando las personas protagonistas de esas sensaciones se lo merecen con creces.

El sábado día 10 de febrero del 2018 volvía a los cuadriláteros un hombre que nunca apagó su deseo en volver a pisar un entarimado, volvía un hombre que lleva en su corazón grabado la palabra boxeo. Ese día, el boxeo se hizo hombre en Don Fernando Suárez Bastida, cuyo apodo, El Hombre del Norte, se lo puso humildemente este que escribe.

Conozco a Fernando desde hace tiempo y lo he visto pelear, competir y hacer infinidad de sparrings. Su forma descarnada de plantear los combates me hizo ponerle ese apodo, “el día que vuelvas serás el Hombre del Norte…”, le dije, y él aceptó ese apodo con todo agradecimiento y convicción de que tal sobrenombre lo describe a la perfección. Hemos hablado durante semanas de su vuelta, y en Fernando solo cabían dos palabras cada vez que lo veía: nervio y ansia. Además de esto, Fernando se veía como un niño al que le regalan un juguete, y eso es lo
principal de este asunto, Fernando estaba FELIZ por volver a su deporte y poder demostrar su valía.

Su estilo anterior a esta nueva etapa era un estilo muy primitivo, muy frontal, con guardia inexistente y muy confiado en la potencia de sus puños ya que al señor Suárez le pesan las manos bastante. Pero con sólo ese estilo, no había garantías de éxito, pues el boxeo señoras y señores, ya sabemos, es otra cosa. Y es ahí donde aparece Don Alberto Lazo. Amigo mío, y compañero de
este medio, el madrileño afincado en Dos Hermanas visitó a Fernando y accedió con ilusión entrenarlo para su vuelta. Alberto, hombre de carácter fuerte pero que siempre va de frente, fue muy claro con Fernando, y en ese encuentro empezó a forjarse ese vínculo que todo boxeador debe tener con su entrenador y que debe ser leal e inquebrantable.

En poquísimo tiempo, menos de dos meses, Alberto ha entendido a la perfección a su pupilo. Ha analizado sus carencias, las ha mejorado sobremanera y ha potenciado sus aptitudes y fortalezas hasta tal punto, que Fernando no es para nada el mismo boxeador que dejara los cuadriláteros hace ahora cuatro años. Ha absorbido perfectamente las indicaciones y consejos de Alberto, y ahora se está convirtiendo en un púgil que, con la misma potencia de pegada, aprovecha un mejor concepto de lo que es boxear no siendo un blanco frontal y fácil, y
sabiendo adaptarse al rival.

La ilusión con la que Fernando afrontó su combate de vuelta, y el orgullo de su entrenador de ver cómo su pupilo tuteaba a un fuera de serie como es su oponente, son dignos de ser plasmados en este artículo. Es más, sería muy injusto que algo así no quedara escrito y fuese recordado por todos los que amamos este deporte y apreciamos tanto a Fernando como a Alberto. Estos dos hombres se encontraron casi sin querer, y están llamados a hacer grandes cosas para y por el boxeo. La materia prima de Suárez junto a un hombre del dinamismo y la sapiencia boxística de Lazo, que sabe además lo que es competir, será un tándem perfecto del cual vamos a disfrutar mucho los aficionados. Más allá de ganar o no ganar el combate, salir al ring con la actitud con la que salió Suárez, es ganar victoria y honor en el interior.

La leyenda del Regreso del Hombre del Norte se ha convertido ya en una realidad, en una alianza fuerte con su esquina, en un clamor de muchos aficionados que gritábamos su nombre mientras Fernando hacía suyo todo un recinto con su incipiente carisma.

Fernando y Alberto, Alberto y Fernando, gracias a los dos por ilusionarnos a muchos que el pasado sábado pudimos percibir lo que esperamos sea el comienzo de una feliz carrera dentro del mundo del boxeo.

“DE LA IRA DE LOS HOMBRES DEL NORTE, LÍBRANOS SEÑOR…”


Escrito por aebox