Reportaje_54371579846_54115221152_960_640Policarpo Díaz Arévalo, conocido como Poli Díaz, es un boxeador español de finales de los 80 y principios de los 90. Nacido en la barriada de Palomeras, Vallecas, Madrid, el 21 de noviembre de 1967. Apodado El Potro de Vallecas, fue ocho veces Campeón de Europa de los pesos ligeros, siete veces Campeón de España y subcampeón mundial. Es considerado el púgil más popular de la historia del boxeo español.

Descubierto a los 14 años por el entrenador y mánager, Ricardo Sánchez Atocha,  su carrera se desarrolla  entre 1986 y 2001,

Nacido en Palomeras (Vallecas) , Poli pasó la infancia en el País Vasco. En Usansolo, en un caserío, porque su padre había conseguido un trabajo como soldador. Fueron los mejores años de su vida, sin ir a colegio, todo el día corriendo por el campo, hasta que sus padres decidieron mudarse. Dice Poli que por miedo a ETA y que, de hecho, él llegó a encontrar un día un zulo jugando por el monte. Pongámoslo en cuarentena. Lo cierto es que llegaron a Vallecas en los años setenta, un barrio degradado, muy pobre, plagado de delincuencia.

Dice que su primer combate fue contra las pipas. Un día que se comió medio kilo sin pelar y tuvo que ser hospitalizado. Era su cena de Navidad. “Como loros”,comenta que les alimentaba su madre, pero es que no tenían dinero. Después, sus siguientes peleas fueron contra su hermana, que le pegaba para que no fuera tartamudo y, más adelante, por fin descubrió las artes marciales en el cine del barrio. Aunque él siempre pegaba con los brazos, porque jugando con los nunchakus sólo lograba golpearse a sí mismo, confiesa.

Su infancia en Vallecas. Lo cuenta con humor, sin recurrir a la lágrima fácil y eso que se crío en un lugar infernal. Cuando vio ‘Toro Salvaje’, de Scorsese, cuenta que le dio mucha risa eso de que los orígenes de LaMotta fueran difíciles, en un barrio complicado. Vallecas era mucho peor que el Bronx, opina. Porque Poli creció mirando para todos los lados cada vez que iba por aquellas calles rodeadas de chabolas. Relata sin escatimar detalles cómo era aquel barrio en el que nadie tenía nada, donde los héroes, los modelos, eran los atracadores de bancos, que iban con recortada y morían como moscas, pero sus madres llevaban la cesta de la compra hasta los topes.

Hay hasta un momento prototípico de Carpanta, cuando Poli, de crío, harto de cenar con pan duro se enfada con su familia y sale a por algo decente. Se arriesga a robar en el Museo del Jamón una de las decenas de patas que tienen colgadas y, cuando comprueba su botín, resulta que era de escayola, de adorno. Luego fue a casa con un pato del Retiro recién cazado y su madre no se lo tomó bien. Le echó la bronca y él no entendía nada. Estas cosas pasaban en nuestro maravilloso país.

El caso es que Poli no tardó en hacerse respetar en el barrio. Dice que se peleaba dos o tres veces al día. A golpes, o a lo que fuera. En una ocasión salió de casa con gomina en el pelo. Para hacerle una broma, un caballero le revolvió el peinado con las manos sucias de gusanitos naranjas y Poli se vio obligado a meterle tres puñaladas en el culo.  También vio a tierna edad a un amigo morir de sobredosis delante de él. Bien pudo escribir una canción protogrunge sobre la experiencia para triunfar en la vida, pero su mente no era tan ambiciosa y retorcida. Sólo le robó el calcetín, donde escondía joyas de oro. Él ya no las necesitaba.

Con esta trayectoria, que iba en picado, entró por casualidad en un gimnasio y se enganchó el boxeo. No tenía dinero, así que pagó las clases limpiando el sudor de Evangelista, el campeón que luego fue siempre su amigo. Poli dice que se sentía más seguro en la lona, dentro del ring, que en su barrio por la calle. Y por eso se aficionó al boxeo, para relajarse. Las escenas de sus años amateur también son gemas. Como cuando acude a un combate en un coche fúnebre porque no tenían dinero para otra cosa.

Compitiendo pronto despuntó. Lo llevaban a Portugal de paquete a medirse a un tío con diez kilos más que él y lo reventaba en dos asaltos ante el asombro de todos. “Boxeaba con cojones, con arranques de rabia, igual que Perico Delgado con la bici”, recuerda, aunque luego fue aprendiendo a utilizar más la cabeza, según él, lo más importante en el boxeo. Es muy valiosa su enseñanza. Lo mismo que ante la proliferación de analistas profundos del balompié hay quien defiende que el fútbol consiste en darle el balón al que está solo, Poli coincide y aporta una visión de su deporte no menos sabia: “El boxeo consiste en pegar y que no te peguen”. Todo lo demás, tertulianos.

Parece que su gran baza fueron sus bajas pulsaciones. Tenía un corazón privilegiado. Revela igualmente que cuando empezó con la coca es porque a él le relajaba. Todo lo que ahogaba la ansiedad que le venía de serie, bien. De esta manera, calmado en los momentos de máxima tensión, supo trazar estrategias, analizar a los rivales in situ y tomar decisiones. En sus palabras: “Más que un pegador yo era un boxeador oportunista, astuto. Buscaba el descuido con paciencia y cuando llegaba la ocasión me tiraba a matar, como los toreros”.

Debutó con 20 años y a los 22 ya era campeón de España y de Europa

 

Se le tachó de boxeador impulsivo y poco técnico. Él dice que en cada combate daba de una manera para que nadie supiera cómo repartía, para que no le estudiasen. “Cassius Clay decía que en el ring había que volar como una mariposa y pegar como una avispa. Pero yo creo que es mejor pegar como un mago, sin que sepan nunca cómo vas a hacerlo”, advierte.

Pasó de la federación porque se sintió estafado por ella. En la preselección de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, se dio cuenta de que le llevaron sólo para abrir paso a los favoritos de la federación. Tumbó a un marroquí en Casablanca, el más difícil de los que había, y se largó. “Puedo decir con mucho orgullo que no fui olímpico porque no me salió de la polla”. Desde ese día, la federación le dio la espalda.

Pero él iba a otra cosa. Porque contaba sus combates por victorias una detrás de otra. Creciendo poco a poco y machacando como un martillo pilón, a los 22 años ya era campeón de España y de Europa. “Me compre una moto Gilera, luego una Mobilette y después una Vespa, que le puse una alcayata para colgarle un cuadro con una foto mía y darme una vuelta por Vallecas”.

Inició un idilio con Enrique Sarasola, el empresario amigo de Felipe González. Poli asegura que nunca se sintió engañado por él, como es habitual en este negocio. Que incluso lo tenía todo a su nombre y se llevó la mayor parte del dinero, que fueron cantidades indecentes, de la promotora que montaron. Aunque sí admite que Sarasola debió de financiarle para darse cierta imagen de empresario que saca de la calle a un descarriado. Un rollo cool en la era sociata de los ochenta. Luego, cuando le vinieron mal dadas, no dudó en desprenderse de él.

Pero con Sarasola los combates de Poli se llenaban hasta la bandera. Por ese, y no por otro motivo, se forró. Almodóvar, los Albertos, Mendoza, Corcuera, Bibi Andersen, Chaves, Carlos Falcó, Almunia, Berlanga, Marta Chávarri, Jaime Ostos, Alaska, Inés Sastre… la beutiful people no se perdía sus combates y se dejaban fotografiar sonrientes en primera fila del Palacio de los Deportes mientrasJosé María García iba pasando la alcachofa de uno a otro. Poli era lo más. Y el Fary le recomendó que, ya que era bajito, se pusiera alzas como él para boxear. Con tanta insistencia que el Potro pensó que el Fary, además de cantar, patrocinaba las dichosas alzas.

Tanto es así que fue recibido por el Rey con portada de ABC incluida. “El Rey Me metió en su despacho, y así, vacilando, cuando vi todas las placas y las cosas que tenía por allí repartidas, le pregunté si me dejaba llevármelas para venderlas como chatarra, que yo sabía de eso y que íbamos a sacarnos una pasta. Se lo tomó como era, de risa, y me dijo que me quería mucho”.

El único problema que sufrió por aquel entonces fue que el director de RTVE Luis Solana, hermano del risueño ministro de Educación socialista que acabó tirando bombas con la OTAN, se negó a dar boxeo por televisión. También El País se unió al coro de críticos, aunque bien sabe Poli y relata que mientras en las páginas del diario se escribía en contra de este deporte, luego en Canal Plus se emitían las mejores veladas.

Hipocresías que a Poli le importaban poco. Con los calzoncillos del revés por la vida, tal y como le había recomendado su compañero Alfredo Cáceres para repeler la energía negativa, el Potro fue patrocinado por Otaysa, como el Real Madrid, y el dinero ya se le salía por las orejas.

El punto de inflexión de su trayectoria ascendente fue el combate con Pernell Whitaker. No llegó bien preparado, estaba sobrado de peso y la preparación en Virginia se basó en perder kilos casi sin comer. Y encima en una estancia no exenta de charlotadas. Aparte de unos encuentros con la prensa surrealistas en los que se granjeó la animadversión del público estadounidense, se fue a insultar en una lancha a los marineros de los barcos militares que había en Norfolk. “No sé cómo no me pegaron un tiro”, rememora.

Así llegó mermado de fuerzas al día clave, pero le aguantó doce asaltos con el objetivo de enchufarle un par bien dadas en el último. Los preparadores del estadounidense sabían la pegada de Poli y cambiaron los guantes del combate por unos que hacían menos daño. Cuando se llegó al final, que parecía que se acercaba la oportunidad del español para alcanzarle, le sucedieron mil y una putaditas. El árbitro se metió en medio, hasta un cámara le impidió seguir a su rival cuando lo tenía. Las cosas que nos pasaban a los españoles en el deporte antes de los gasoles, los nadales y los iniestas. Pero aguanto todo el combate, sin perder sus posibilidades, con la muñeca y una costilla fracturadas.

Si se hubiera preparado bien podría haberlo logrado. O si hubiese vuelto. La de Whitaker fue su primera derrota como profesional, pero ya no boxearía mucho más como lo había hecho hasta entonces.

Debutó con 20 años y a los 22 ya era campeón de España y de Europa

 

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En el año 1991, el equipo de programación español Opera Soft a través de su filial Opera Sport, publicó un videojuego titulado Poli Díaz Boxeo, al que el púgil español cedió su nombre e imagen.

Precisamente, el 27 de julio de 1991 aspiró al Título Mundial de los Pesos Ligeros WBC, WBA, IBF frente al púgil norteamericano Pernell Whitaker en el ring del Scope en Norfolk, Virginia (Estados Unidos). Poli Díaz llegó con sólo 10 días de antelación, pasado de peso y mermado de su potencial habitual, por lo que estuvo días sin apenas comer, para llegar a la cita con la báscula. Perdió el combate por puntos tras doce asaltos (aunque en los últimos segundos del último round buscando la victoria por KO, estuvo a punto de noquear a Pernell Whitaker, evitándolo en última instancia el árbitro local) acabando con una muñeca y una costilla fracturadas. A este combate por el que aspiraba al título mundial llegaba invicto.

Tras ese combate su carrera no volvería a alcanzar cotas tan altas. Inició un declive profesional.

El 21 de noviembre de 1992, Telecinco organizó una velada en Oviedo. Coincidió con Mickey Rourke, actor y boxeador. Juntos protagonizaron un combate multitudinario en una discoteca de Oviedo.

Su último combate registrado se celebró el 16 de marzo de 2001, con una victoria sobre el púgil colombiano Luis Cardozo, “Robocop“.

 

TITULOS

    • El 5 de Julio de 1986, en Cataluña, consigue ante Jose Antonio Hernando, el título español del peso ligero, venciendo por puntos en 10 asaltos.
    • El 23 de Agosto de 1986, en Almeria, defiende ante Angel Rodriguez Fernandez, el título español del peso ligero, venciendo por RTD en 4 asaltos.
    • El 13 de Diciembre de 1986, en Madrid, defiende ante Rafael Sanchez Muñoz, el título español del peso ligero, venciendo por TKO en 6 asaltos.
    • El 7 de Marzo de 1987, en Madrid, defiende ante Salvador del Pino, el título español del peso ligero, venciendo por TKO en 3 asaltos.
    • El 11 de Julio de 1987, en Madrid, defiende ante Jose Antonio Hernando, el título español del peso ligero, venciendo por KO en 9 asaltos.
    • El 21 de Noviembre de 1987, en Castilla y Leon, defiende ante Jose Maria Ibañez Arenas, el título español del peso ligero, vencienro por KO en 3 asaltos.
    • El 30 de Noviembre de 1988, en Liguria (Italia), consigue ante Luca De Lorenzi, el título europeo del peso ligero, venciendo por KO en 5 asaltos.
    • El 23 de Febrero de 1989, en Madrid, defiende ante Alain Simoes, el título europeo del peso ligero, venciendo en 12 asaltos por UD.
    • El 14 de Junio de 1989, en Madrid, defiende ente Gert Bo Jacobsen, el título europeo del peso ligero, venciendo por TKO.
    • El 19 de Agosto de 1989, en Valencia, defiende ante Alain Simoes, el título europeo del peso medio, venciendo por puntos en 12 asaltos.
    • El 16 de Noviembre de 1989, en Madrid, defiende ante Steve Boyle, el título europeo del peso ligero, venciendo en 12 asaltos por UD.
    • El 16 de Febrero de 1990, en Bilbao, defiende ante Lino Becchetti, el título europeo del peso ligero, venciendo por TKO en 10 asaltos.
    • El 31 de Mayo de 1990, en Madrid, defiende ante Stefano Cassi, el título europeo del peso ligero, venciendo por KO en 3 asaltos.
    • El 15 de Septiembre de 1990, en Galicia, defiende ante Carlos Miguel Rodriguez, el título europeo del peso ligero, venciendo por TKO en 9 asaltos.

Escrito por Lalo Campos de Sola