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octubre 20, 2014 Noticias,Opinión 4 comentarios

AEBOX/Carlos Utrilla/

Nunca me acostumbro a leer o escuchar un listado de mejores púgiles españoles y no encontrar en él al “Leonés de Hierro”, a Roberto Castañón. Quizá por preferencias personales o, también, por la excesiva “titulitis”. Que Castañón no consiguiera ganar un título mundial que por entonces estaba muy, pero que muy caro, no debiera restar ni un ápice de mérito a su excepcional carrera, especialmente en la época que asoló el continente europeo en el peso pluma. Para mí realmente es un rey sin corona, como lo fueron Uzcudun, Luis Romero o Ignacio Ara.

Sólo el hecho de encontrarse con dos fueras de serie como Danny López y Salvador Sánchez, lo impidió. Ante un hombre como “Coloradito” López, Castañón se la jugó a todo o nada; a punto estuvo de obtener la victoria en el primer round, perdió en el segundo. A la leyenda mexicana también le peleó de tú a tú, como casi nadie osaba pelearle; era un suicidio, la verdad. Pero el leonés no iba a ponerse a bailar, sólo podía ser fiel a su estilo, aunque esto llevara a una derrota segura y, como ocurrió, antes del límite.

Lo que no todos recuerdan es que pudo haber una ocasión previa, cuando Martín Berrocal cerraba un acuerdo con el panameño Rafael Ortega (se habló de 5 millones de pesetas de 1977) para que este defendiera su cinturón de campeón mundial WBA del peso pluma en nuestro país. Pensado el combate en un principio para “Nino” Jiménez, en el momento de la firma este había perdido el cinturón EBU ante Manuel Massó, a quien le fue ofrecido. El conquense prefirió defender el título recién ganado y Castañón, aspirante oficial al mismo, aceptó combatir con éste en vez de ante Ortega. “Uco” Lastra fue la última bala en la recámara de Berrocal; un Lastra que venía de perder el título de España ante el leonés (en agosto) y que se proclamaba campeón del mundo un día después de que Massó y Castañón pelearan.

Paradojas de la vida y del boxeo. La rivalidad Lastra-Castañón, por una parte, sería una de las grandes en los últimos años 70 e inicios de los 80, ganando en tres ocasiones el leonés al cántabro, que a su vez se había proclamado vencedor en el combate que ambos celebraron en el terreno amateur.  Por otra, esta victoria ante Massó inicia el reinado de Castañón en Europa, la etapa que le dará fama y que hará que hasta en USA alaben a un hombre que llega a hacer 6 defensas del título en un año, 4 en meses consecutivos (marzo a junio de 1980).

Roberto Castañón poseía una desmedida creencia en sus posibilidades. Desmedida era, asimismo, la confianza en su pegada y quijada, porque un púgil virtuoso no era, ni mucho menos. Hoy en día podría exasperar su guardia a la altura del pecho, su estilo arriesgado,  caracterizado por ir siempre hacia adelante. Defectos podríamos buscarle, pero todo queda ensombrecido por su principal cualidad: ser el presidente del club de aquellos boxeadores a los que no les cabe el corazón en el pecho. Y ser un hombre entregado al boxeo y al entrenamiento. A los jóvenes que no se les olvide: Roberto era animal (con perdón) de gimnasio, y lo pudieron comprobar sus sucesivos manejadores (como Soria, el desaparecido Búfalo Martín o Pombo). Por ejemplo, ante una defensa del europeo, sólo abandonó la concentración fuera de León, donde se daría la pelea, un día. Y fue… por el nacimiento de su hijo (contra Dave Needham).

En su buena época al leonés acababan por pelearle a la defensiva, amarrándose y jugando “a las cuatro esquinas”. Los púgiles que iban al frente o al intercambio… sabían su destino. O, directamente le huían, como el campeón británico y luego aspirante mundial Pat Cowdell, quien por dos veces fue nombrado aspirante del español y en ambas ocasiones rehusó pelear. Injustamente, cuando el declive de Castañón ya era evidente, Cowdell le noqueó con el título superpluma en juego.

El declive comenzaría tras la derrota en Caserta con Alfredo Raininger por ese mismo título superpluma, división a la que había saltado tras la derrota con Sánchez. En un primer intento, hizo nulo con otro ilustre, Carlos “Pecho Liebre” Hernández. En el segundo, en el confuso combate “de la toalla”, ganaba a Daniel Londas (luego campeón mundial) para obtener lo que hasta entonces nadie había conseguido en el boxeo español: ser campeón de Europa en una segunda categoría. Y ahí sigue ese hecho histórico esperando que alguien, al menos,  lo iguale.

Castañón es un grande por esto y por muchas cosas más, como convertir en mítico el Palacio de los Deportes leonés, por maximizar sus cualidades, por no darse jamás por vencido, por  declarar en todo momento que los esfuerzos merecían la pena por ser por su familia… como muestra, una anécdota. En vísperas de su defensa contra Needham (16 de diciembre de 1978), y teniendo ya cerrada para principios de Enero la pelea del mundial frente a Danny López (aunque luego se volvió a retrasar), le preguntaron a Roberto si no tenía miedo de perder contra el británico y decir adiós a la oportunidad mundialista. Y el púgil contestó:

“Soy titular de este continente y tengo que demostrarlo. Cuando veo a tantos boxeadores que no se atreven a disputar combates de cierto compromiso por miedo a perder, me resulta incomprensible. Si temiese a Needham, que sólo es mi aspirante, ¿con qué moral me enfrentaría a ‘Coloradito’?”

No quiero convencer a nadie… pero tampoco nadie puede discutirme que Don Roberto Castañón es posiblemente el boxeador más infravalorado de nuestra historia.

Escrito por Aebox