AEBOX/ Una columna de `Sin final en el guión´/ — Con este artículo comienza una serie de homenajes a las mejores películas de boxeo que se han hecho en la gran pantalla. Para Aebox es un placer contar con el equipo de `Sin final en el guión´, uno de los mejores blog de cine del momento. La web de `Sin final en el guión´ cuenta con un equipo muy heterogéneo formado por cineastas,críticos de cine,escritores,músicos,estudiantes e incluso un funcionario.Aunque cada uno venga de un campo diferente nos une una causa común: el amor por el cine.

TORO SALVAJE

Un púgil se encuentra solo en el cuadrilátero, saltando, realizando movimientos propios de alguien que espera una ardua batalla mientras suena un fragmento de la ópera “Cavalleria Rusticana” de Pietro Mascagni.

La cámara queda situada permitiendo que las cuerdas formen un pentagrama; 5 líneas y cuatro espacios. El luchador permanece a la izquierda como si se tratara de la clave que marcará las notas de una melodía, unas notas formadas por los protagonistas de la historia de uno de los boxeadores más duros que se recuerdan: JakeLamotta.

Hablamos de El Toro del Bronx o Toro Salvaje, nombre que dará título a esta película dirigida por Martin Scorsese en 1980 y cuarta colaboración entre el cineasta y el actor Robert De Niro, el cual ofrece uno de los papeles más recordados de su carrera, tanto por su aspecto físico como psicológico, adentrándose en el alma de un personaje atormentado. Al igual que Joe Pesci en la piel de su hermano.

Ambos pasaron de ser completos desconocidos a grandes amigos. Para el rodaje se golpearon de verdad y De Niro le partió una costilla. Este último engordó 27 kilos para escenificar la degradación de un boxeador que se dejó vencer por los celos y su carácter enfermizo.

Esta es una de las claves del cine de Scorsese, personajes de origen italiano, de carácter indomable y martirizado por pasados oscuros. Através de la vida de este boxeador, Scorsese se adentra en el mundo del boxeo de los años 40-50, la dificultad para hacerse un hueco entre los grandes y el peso de la mafia en este deporte, controlando casi la totalidad del negocio de las apuestas y, por ende, el boxeo en sí mismo.

De Niro fue el primer interesado en realizar esta cinta al leer la biografía de Lamotta durante el rodaje de Taxi driver (1976) y se empeñó en convencer a sus compañeros de rodaje para llevarla a cabo consiguiendo que el mismo Scorsese la dirigiera y escribiera el guion junto a Paul Schrader y Mardik Martin, dos habituales del director americano.

Quizás “El toro del Bronx” no pasara a la historia como uno de los grandes boxeadores de la historia de no ser por esta película pero si que fue uno de esos luchadores imposibles de tumbar, cuyas derrotas son recordadas por su orgullo y dignidad. Una de estas derrotas, quizás la más emblemática de las que se recuerdan, fue la llamada La masacre de San Valentín en 1951. Jake Lamotta se enfrentó de nuevo a uno de sus grandes oponentes SugarRay Robinson.
Dos púgiles completamente distintos, uno caracterizado por su fuerza y su brutalidad, el otro por sus movimientos que le valieron el apodo de “Sugar”. Ray proporcionó una brutal paliza a Jake pero este no se dejó tumbar. Al finalizar el combate Lamotta se acercó tambaleándose a Ray y le espetó la célebre frase: “Oye Ray, no me has derribado”.

Scorsese refleja en su film la rudeza de este indomable gladiador que no solo no se dejaba tumbar sino que le costó dejarse vender para la mafia, su intención era llegar a lo más alto por sí mismo, sin ayuda de nadie, algo imposible en unos tiempos donde el dinero, el poder y las amistades adecuadas lo podían todo.

Del mismo modo plasmó en la pantalla sus relaciones con las mujeres, tan mujeriego como violento con ellas. Su entrenador y hermano Joey Lamotta, casi tan duro como el, no ayudó mucho a evitar el camino autodestructivo que el italoamericano parecía llevar.

Scorsese concibió en este hombre a uno de sus mejores personajes y más grades películas, con perfecta narración en blanco y negro, haciendo un paralelismo con la oscura vida de Lamotta.

En la pelea con Ray realiza un plano secuencia siguiendo a Lamotta desde el vestuario hasta el ring que nos permite apreciar los instantes previos a una lucha a muerte, plano que de seguro inspiraría más tarde a Brian De Palma para su largo plano inicial en Ojos de serpiente (Snake eyes, 1998). Para Scorsese la violencia es una máxima en su cine, no solo física, sino la emocional que sufren sus protagonistas. Cuando Lamotta vio esta película preguntó a su mujer si el fue en realidad así. Ella contestó: “No. Eras peor”.

Ni tan siquiera uno de los mejores cineastas han sido capaces de reflejar el miserable camino tomado por el gran JakeLamotta, el Toro del Bronx, un Toro Salvaje, cuyo mayor enemigo fue el mismo. Si la ausencia de color del film sirve como símil de la oscura vida de Lamotta, el ring es una alegoría sobre la vida del deportista del Bronx, donde recibió y dio tantos golpes como en el interior del mismo.

Un film indispensable para los amantes del boxeo y del cine, un clásico con mayúsculas.

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Escrito por Aebox