Paulino Uzcudun – El primero en llamar a las puertas del cielo

paulino uzcudun

AEBOX/Juan Alvarez/ — “La peor tinta es mejor que la mejor memoria”. Desde que en 1865 el 9º marqués de Queensberry estableciera lo que a grandes rasgos siguen siendo las reglas del boxeo actual ha llovido mucho, tal vez demasiado. La escorrentía secular que va desde 1865 hasta la actualidad ha arrastrado y sepultado bajo el polvo del olvido multitud de campeones, singulares batallas y eventos que monopolizaron el fervor embravecido de los aficionados durante semanas.

España no es en este caso una excepción, ni nuestro microcosmos pugilístico tampoco. Las poderosas secuoyas que se elevan orgullosas en el tiempo presente bajo los nombres de Jonfer, Carter, Lejarraga, Martínez no nos dejan ver la boscosa selva negra que ocultan tras de ellos. La memoria del pugilismo español solo alcanza a ver a la generación de Urtain, Carrasco, Fernández y Evangelista.

Más allá se abre un abismo, un cráter por el que suelen caer nombres de tanta enjundia y gallardía como los que aún flotan en la superficie. Sumergido en esta terna de héroes que no podemos ni debemos dejar que desaparezcan en las turbias aguas del olvido, destaca el primer español que disputó un título mundial, Paulino Uzcudun.

La humanidad de Paulino Uzcudun llegó a este mundo, el mismo que le vería alcanzar la gloria deportiva, en Régil, Guipúzcoa, un 3 de mayo de 1899, meses después de que España hubiese dejado de ser un imperio ultramarino tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Su hogar fue bendecido con ocho bocas que alimentar que se sentaron a la mesa antes que la suya. No por manido deja de ser cierto, Uzcudun nos vuelve a
contar en sus propias carnes como hay hombres que no usan sus manos para pedir pan, sino que se lo ganan a golpes. Antes de entrar en un ring, la vocación natural de Uzcudun, al igual que la de muchos paisanos que llegaron antes y después que él será la de aizkolari.

Cuando no hubo más árboles que talar, tanto su entorno como él se percató de que poseía un físico privilegiado para boxear, de que, tal vez, la fuerza que transfería al vil metal para talar un árbol centenario pudiera ser reconducido para talar, esta vez en sentido metafórico, a cualquier ser humano que en buena lid decidiera fajarse con él dentro de un ring de boxeo.

Su inmersión en el mundo del profesionalismo se dio fuera de nuestras fronteras, más allá de los Pirineos, en el Stade Anastasie de París. En el mismo espacio temporal en el que en los cafés escritores como Hemingway, Fitzgeral, pintores como Picasso y toreros como Belmonte hilaban el declive de un día con el amanecer de uno nuevo, Uzcudun derrotaba a Alex Touroff por KO en el tercer asalto.

Paulino Uzcudun y Johnny Risko pesándose (Detroit)

Sus dos siguientes victorias también tendrían lugar en la ciudad de la luz antes de ser profeta en su tierra. En un constante ir y venir al país de Napoleón, el 14 de Junio de 1924 disputaría con José Teixidor el título español de los pesados en el Cirque d´Hiver, a quien venció por KO en el tercer asalto. Como curiosidad de este combate, el único cinto español que se ha disputado fuera de las fronteras de la piel de toro, las instituciones boxísticas no aprobaron tal combate, desposeyeron a Teixidor del título y se lo dieron a Uzcudun.

Con 25 años, al igual que los generales de edades pasadas predestinados a la gloria, Uzcudun comenzaba el asedio al cinturón europeo. Su carrera ya nos había dado las constantes de lo que sería su estilo hasta que se bajara del ring por última vez. Uzcudun era una fuerza de la naturaleza, nada torpe para sus 200 libras al subir al ring, buscador con frenética querencia la corta distancia y poseedor de una quijada preparada para soportar la coz de una mula.

Uzcudun había instaurado su particular dictadura en la categoría máxima continental, peleando de norte a sur, este a oeste, e incluso en territorios coloniales. Sus dos derrotas contra George Cook en el año del inicio de la Gran Depresión no fueron sino un ligero traspiés que nunca desvió al leñador de Regil de su objetivo. La capacidad anestésica de Uzcudun comenzaba a reverberar más allá del Atlántico, tanto es así que
The New York Times hablaba así sobre su desempeño para doblegar a Harry Drake:

«hizo una demostración miserable … se comportó como alguien con parálisis y apenas le puso un guante a Paulino, quien fue muy deliberado en poner a dormir a su oponente». El título europeo estaba a tiro. En el siguiente combate contra Erminio Spalla en la Monumental de Barcelona Paulino tuvo su primera oportunidad de encintarse el cinturón europeo de los pesados, oportunidad que no dejó pasar.

Los jueces dictaminaron que Uzcudun era a partir de ahora el macho alfa de la máxima división continental.

Un vasto continente como el europeo se presentaba minúsculo como un islote ante el pugilismo de Uzcudun. Paulino, oprimido en Europa de igual manera que un tiburón en un acuario, comenzó su aventura americana. Las idas y venidas a la tierra de las oportunidades no hizo que Uzcudun desatendiese sus compromisos continentales. De nuevo en la Monumental de Barcelona y ante 90.000 personas se fajó contra Primo Carnera para caer derrotado con la misma gloria con la que otros boxeadores celebraron décadas después títulos mundiales.

La conquista del salvaje oeste obligó a Uzcudun a batirse el cobre con algunos de los más rutilantes nombres que han engrandecido el deporte. Uzcudun, uno más entre ellos, defendió la dignidad del boxeo español frente auténticos mastodontes del box como Max Schlieming, Max Baer… el resultado de estos combates poco importa. Los instrumentos de demolición que se refugiaban bajo los guantes del de Regil eran una amenaza internacional. Nunca en estos combates Uzcudun fue el underdog que a
cambio de un bocadillo consiente acabar los 15 asaltos de la época convertido en un ecce hommo tumefacto. Allá donde fue en todos sus combates el halo de peligrosidad y de capacidad destructora le acompañó.

Sus combates y su propio nombre acarreaban una audiencia que a día de hoy ningún púgil español ha conseguido igualar. Protagonista de historias y anécdotas memorables, una de ellas se dio en su combate contra Schlieming. De nuevo el New York Times se hacía eco de los desempeños de
nuestro compatriota, y declaró que ésta fue “la primera pelea de peso pesado de importancia en Reno desde que [Jack] Johnson derrotó a [James] Jeffries el 4 de julio de 1910″. Asistieron unas 18.000 personas, prácticamente igual a la población normal de la ciudad».

La acumulación de mandobles que Uzcudun había asestado a lo largo de su carrera surtieron efecto. El 13 de diciembre de 1935 Uzcudun afrontaba la jornada más importante de su vida. se daba cita en el templo del cuadrilátero ante nada más y nada menos que Joe Louis, leyenda atemporal.

La expectación que provocó el combate no puede ser plasmado en idioma alguno; tan solo la visión del nombre de Uzcudun en la
cartelera del Madison Square Garden puede permitir en el interior de cada uno la visión idílica de lo que supuso aquella noche.

El choque de trenes entre Louis y Uzcudun duró cuatro asaltos, hasta que el vasco cayó a la lona y perdió por KO. Los documentos cinematográficos de la época que han llegado hasta nuestros días muestran a un Uzcudun que fue a bayoneta calada a por el campeón, acortando distancia y aplicando violentísimos golpes curvos a Louis. Éste, por su parte, se dedico a maltratar a Paulino en la distancia con combinaciones atómicas y quirúrgicas que acabaron con su verticalidad antes de que finalizara el cuarto episodio.

Tras esta pelea y con la sensación de que su ciclo boxístico estaba resuelto, Uzcudun se retiró. Paulino se retiró, pero como cualquier boxeador profesional, fue púgil hasta la exhalación de su último aliento. No obstante, el olvido fue engulléndole una vez dejó de erigirse en campeón y a subir la escalerilla que da al ring. Olvidado por todos los que le rodearon en sus días de vino y rosas, el leñador vasco nos dejó en 1985.

En un tiempo del que parece que nos separa un milenio en vez de un siglo, Paulino Uzcudun atemorizó a una generación de boxeadores y enamoró a todo un país a su figura y al boxeo. De la mano democracia se da el lento declive del boxeo español, que poco a poco parece sacar sus agarrotadas y pesadas piernas del frío fango del olvido.

Paulino Uzcudun fue uno de esos ídolos de masas que se quedó atrás. El mejor homenaje y la urgente tarea de todo aficionado al boxeo español es poner en valor a Uzcudun, el primer español que se jugó un título mundial, el primero que llamó a las puertas del cielo.

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