Mayweather-Berto: la broma que entretuvo al mundo del boxeo.

Izquierdazo/ — Cuando hace unos meses Mayweather pronunció el nombre de Andre Berto como un posible rival, la gran mayoría de los aficionados, peleadores, promotores y periodistas que habitan la surrealista tierra del boxeo, tomaron el potencial combate como una broma desmedida. Inclusive Mayweather, antes de alegar que siPacquiao había peleado con Algieri ¿entonces por qué el no podría pelear con Berto?, hablaba de ese encuentro -con Berto– entre sonrisas disimuladas.

¿Es Mayweather contra Berto una excesiva broma de mal gusto?

Primero habría que aceptar esforzadamente que a la mayoría de nosotros nos seduce, antes que el arte en su máxima expresión o el deporte en su estado más puro, el entretenimiento. En ese sentido Mayweather siempre ha reconocido sus verdaderas intenciones. Él está inmerso en el negocio del espectáculo, lo sabe y lo ha dicho; a ello obedecen todas las “decisiones de negocio” que suele tomar con la excepción de aquellas que comprometen de manera “innecesaria” su salud. Como si plantarse sobre un ring fuera cualquier tratado menos uno que conlleva riesgos fatales.

Más allá de las fronteras de la tierra del boxeo, es deplorable y penoso el desinterés por saber quién será la víctima número 49 de Mayweather, tomando en cuenta la atención masiva que recibió su combate previo conManny Pacquiao hace tres meses. Pero dentro de esa morada en la que intentamos co existir las personas que de alguna u otra manera constituyen la industria de este deporte, hubo una reacción abrumadora con respecto al anuncio del evento Mayweather-Berto.

Luego del desencanto que reinó sobre la irresponsablemente llamada “pelea del siglo”, el coro que se escuchaba en las cuatro esquinas era que a nadie le interesaría ver contra quien elegiría pelear Mayweather para cerrar su contrato con Showtime. No obstante, tan pronto se dio la oficialización de la cartelera de Pago Por Evento para el 12 de septiembre, las burlas sádicas explotaron en las redes sociales del gremio involucrado en el pugilismo. Parece irónico que hasta en el poster oficial del evento publicado por Showtime, la figura de Mayweather eclipsa a la Andre Berto, a quien pusieron en un tamaño menor y con una imágen algo desvanecida que irremediablemente transmite inferioridad.

Y es que sin justificar algunas ofensas exacerbadas disfrazadas de indignación, ¿quién podría darle seriedad a una pelea en donde medios convencionales gigantes como Fox y The Guardian ni si quiera fueron capaces de atinarle al nombre correcto de Andre Berto, a quien llamaron “Andre Petro” y “Chris Berto”, respectivamente. Fue ese primer día de promoción, donde se manifestó la premisa que llevará en los hombros este encuentro, que visto desde ese ángulo entregará afuera del ring lo que Mayweather siempre cumple cuando no está peleando: entretener.

También está la altísima exigencia que ha recaído sobre Mayweather durante los últimos 8 años. Una petición de grandeza que se contrapone con los desméritos que al Money le llueven después de cada combate. Por un lado decimos que Mayweather es simplemente un boxeador talentoso que tuvo la suerte de vivir en una época deslucida para el boxeo profesional, y es la falta de buena competencia la que coloca en un pedestal de papel su trabajo realizado.

Por otro lado, siempre hay únicamente dos o tres opciones que vemos como rivales dignos para enfrentar aMayweather porque simplemente los demás no están a su nivel, y cualquier peleador que incumpla con ciertos requisitos, pero que aún así se le dé la oportunidad de una pelea con Mayweather, se vuelve automáticamente en la mofa del mes. Y el evento en Las Vegas se convierte en un acto de vergüenza que da asco.

Andre Berto –o mejor dicho “Petro”–un ex campeón mundial de peso welter que es siete años más joven queMayweather, quien a su vez está con 38 años en el ocaso de su carrera después de haber ganado campeonatos mundiales en cinco divisiones diferentes, será puesto como una presa indefensa durante la noche más oscura en una pelea muy dispareja que cumplirá con el propósito que representa cualquier tipo de entretenimiento vil al que tarde o temprano, de alguna u otra forma, siempre nos vemos encadenados: satisfacer las necesidades mezquinas de aquellos que exigen la grandeza del prójimo antes de salir a buscar la propia.