AEBOX/Juan Álvarez/–La batalla de Selasia ocurrió en el 222 a. C. entre los ejércitos de Antígono III de Macedonia, y Cleómenes III, rey de Esparta. Las fuerzas espartanas fueron masacradas y Cleómenes escapó a Egipto.
Según Plutarco, de los 6.000 combatientes espartanos solo sobrevivieron 200; los demás prefirieron la muerte honorable en la lucha antes que la deshonra de la derrota.
De este modo terminó la última carga de los espartanos. Antígono marchó triunfante hasta Esparta la cual, por primera vez en su dilatada y legendaria historia, fue tomada por un ejército extranjero. El final de la orgullosa polis, que antaño fuera la más poderosa y temible de la Hélade o Grecia, fue indiscutiblemente digno. Nos hace rememorar a su vez la última carga de Leónidas y sus 300 hoplitas, en el angosto paso de las Termópilas contra las hordas de Jerjes I (480 a. C.), donde aun sabiendo que estaba todo perdido lucharon hasta el último hombre.
La dignidad del abandono y la permanencia del recuerdo. Nunca nadie hablará de los espartanos recordando la batalla de Selasia, sino que todos recuerdan como en las batallas contra las hordas persas los pesados escudos de acero, resplandecientes dispuestos frente al sol, formaban una apretada falange dispuesta a matar o a morir.
Kerman se ha retirado. La punta de lanza del boxeo espectáculo ha colgado los guantes. Su unión con el boxeo, que tan indudablemente ha penetrado hasta en la última célula de su cuerpo, seguirá, ahora en su faceta como promotor. Nada que reprochar al último aliento de ilusión mediáica que ha vivido el deporte en nuestro país y que pase lo que pase ha dejado un poso, un recuerdo, algo que permanecerá más que el propio Kerman.
La carrera del “Revólver” de Morga comenzaba el 18 de mayo de 2013 en La Casilla, donde empiezan los grandes en nuestro país. Jair Cortés será para siempre la primera piedra en la calzada hacia el éxito que nuestro picapedrero del ring comenzaba a construir. A pesar del brillante desempeño ya mostrado, pocos podían siquiera entrever lo que estaba por llegar.
Primera prueba de fuego dos años después, ya en 2015. Desafío a nivel deportivo y a nivel mediático. De nuevo en La Casilla y ante “El rey chatarrero” Javier García Roche, Kerman debía asumir la tarea histórica, casi divina, de tomar el relevo del catalán, que había vuelto a hacer que el boxeo tuviese visibilidad en nuestro país, aunque fuese a costa de sus excentricidades. Durante 9 de los 10 asaltos a los que se proyectó este viaje pugilístico entre estos dos guerreros, el intercambio de ráfagas de cuero fue demencial. Boxeo de antes. Atmósfera infernal, pabellón atiborrado de almas sedientas de boxeo, con la primera fila tan pegada al tapiz del cuadrilátero que sus espectadores acaban salpicados por el sudor que se desprende en cada golpe, embadurnados del pegaojoso olor de la vaselina que cada rincón usa en los descansos entre asaltos, ensordecidos de como el cuero y crin impacta en los cuerpos y amenaza la integridad de hombres que parecen no serlo, viendo el castigo que son capaces de implementar y recibir.
Dos hombres plantados uno frente al otro, parados intercambiando sin dar un paso atrás, percutiendo y dejándose percutir por el rival. Pasan los asaltos y la humanidad de Roche se decolora y deforma. Sus tatuajes, ahora modificados por la potencia de fuego de Kerman, son líneas de una epopeya más vieja que el tiempo en la que los leones jóvenes huelen sangre y con dulce insolencia tratan de arrebatar el trono al rey. Roche, más corazón que boxeador; el boxeador con más corazón que tal vez hayamos conocido, es de esos que piensa que el fuego se apaga con gasolina y sigue golpeando a Kerman sin visión pero con la misión de no dar un paso atrás, como en el boxeo de antes. En el noveno asalto se para la pelea y el testigo pasa de guantes. Ahora Kerman es el rey, aunque no tenga corona. Ese será su siguiente objetivo.
23-0 antes de la primera intentona por el título de España. José del Río campeón vigente. Físico espectacular de ambos y nada que reprochar a sus preparaciones. Un monólogo de principio a fin para Kerman que se proclama campeón de España del peso wélter.
A Kerman España se le queda pequeña. El cinto rojigualda le oprime la cintura; le sabe a poco. Una inmensidad boxística como la suya no cabe en la piel de toro; la reverberación de sus golpes parece difuminarse en el viento y llegar hasta el último rincón del viejo continente. Coronado ya rey de España, este boxeador, el auténtico golem vasco, tiene ahora como misión legada por la afición seguir conquistando triunfos.
Bradley Skeete es llamado a la gleba el 28 de abril del 2018. La batalla será en Bilbao, campo de batalla natural de Kerman. En juego, el vacante EBU wélter que se disputarán ambos. En la previa vemos tal vez al mejor Kerman: una plenitud física apabullante, una musculatura no rajada o seca, ni cincelada en fino mármol, sino tallada en la más recia de las maderas. Skeete aparece más como un convidado de piedra a la confirmación de Kerman que un rival. Es un trámite y no un obstáculo.
En la mirada del boxeador está la verdad. La mirada que atraviesa la distancia infinitesimal del ring buscando la mirada en la esquina rival; la mirada de determinación de quien ha sido derribado pero sabe que ahora es su turno; la mirada del agresor que es consciente de su propio poderío y es consciente de que llega la hora de la lucha final; el púgil que busca entre el gentío asistente al pabellón una madera en medio del mar embravecido para agarrarse y salvar la vida. Tal vez esta fuera la mejor pelea de Kerman. Una auténtica fuerza de la naturaleza. Un boxeo desatado, incontestable, incontenible en el recipiente de un Kerman que no deja de ser un hombre. La contundencia con la que aplastó a Skeete y lo mandaba una vez y otra al suelo aún se recuerda; la cuenta de protección del árbitro, enmudecida por un pabellón que corría riesgo de derrumbamiento por la acumulación de decibelios de un público fuera de sí. Kerman es campeón de Europa.
Tras el trámite de Navarrete y Gavin vendrá el rival que define su carrera. En otra defensa mandatoria del cinto europeo, toca enfrentarse a David Avanesyan. Pocos podríamos esperar el resultado y los derroteros que darían a la carrera de Kerman a tenor de los primeros asaltos, en los que el de Morga dominó a placer al ruso-armenio. Todo cambia. Poco a poco Avanesyan se va acoplando al ritmo de la pelea, impactando y haciendo daño a Kerman, hasta que una combinación en el noveno de doce asaltos hace que le tengan que parar la pelea y Kerman pierde su cinturón.
Más traumática es si cabe la revancha. Si en el primer cruce entre ambos podemos hablar de un Kerman que dominó la primera parte de la pelea y que perdió, tal vez, por la falta de picardía de no hincar rodilla en la fatídica combinación de Avanesyan para evitar que le parasen la pelea, en esta segunda la derrota e sin contemplaciones. Dos caídas en escasos dos minutos y medio. Dos caídas en el primer asalto y un árbitro que le mira a los ojos, esos que encierran la verdad de todo boxeador, y decide que ya ha sido suficiente.
Toca parar y reflexionar. Parece que el cambio de categoría y de entrenador puede ser el rvulsivo que Kerman necesita. Nuevos desafíos y nuevas maneras de afrontarlos. En superwelter se comienza de la mejor manera posible con cuatro victorias en esta nueva categoría antes de emprender la lucha por la faja europea contra Charrat.
En esta pelea volvemos a ver a Kerman.
Ante un rival más dotado técnicamente, Lejarraga hace lo que mejor sabe y tal vez, durante un par de años, pocos boxeadores hicieron mejor que él. Se dedica a perseguir a Charrat con sus manos cargadas para asestar golpes que van minando al francés, que en ocasiones parece perder estabilidad y velocidad de piernas.
La pelea se para en el décimo asalto y Kerman se convierte en campeón de Europa en dos pesos diferentes, gesta que refrendará con su defensa exitosa ante Jack Flatley.
Los años pasan y la carrera de Kerman aún tiene capacidad de asumir un reto más. En este caso se presenta una oportunidad por un cinturón intermedio AMB que le pondría en una gran posición. El rival es un desconocido James Metcalf.
Tras una pelea rara, extraña, de al que deja un regusto aciago en el paladar, kerman es declarado perdedor en esta ocasión. Un chasco sin paliativos que pocos aún hoy sabemos explicar o, como poco, comprender.
Es en este momento en el que la carrera de nuestro querido Revólver sufre un parón. Lesiones y caídas de compromisos en el último momento eternizan la vuelta del boxeador más mediático que ha fabricado este país en los últimos tiempos. Su más que esperado regreso para el 29 de abril no se dará. La carrera de Kerman ha terminado.
Kerman Lejarraga no enamoró al público por su forma de boxear, por su juego de pies, por sus pasos laterales o por la manera de quitarse golpes. No fue grandilocuente fuera del ring ni una estrella mediática fuera del boxeo. No sucumbió a la estéril moda del boxeador americano que vende su alma por un coche y una vida de videoclip de rapero mediocre de la costa oeste: a cada ciudad que iba, en cada pabellón que entraba, a cada golpe que asestaba, Kerman era jaleado porque el público sabía que cada movimiento era ejecutado como si le fuera la vida en ello, como si tuviera la esponsabilidad de hacernos ganar a todos con él, como si tuviese que rendir cuentas ante cada uno de los miles de personas que pagaban entrada para verle sobre por qué no ganó un combate. Kerman triunfó en el boxeo y entre los aficionados por que es ese tipo de boxeador de los que ya no quedan, de los que están dispuestos a caer tres veces con la seguridad de que van a derribar a su oponente cuatro ocasiones.
Nadie se acordará de las derrotas ante Avanesyan, de su esquina pidiendo explicaciones sobre por qué se para la pelea tan pronto; nadie hablará de los problemas con el peso, de los problemas en los entrenamientos o de la conveniencia de los cambios de categoría. Kerman ya no es boxeador, ahora es leyenda, y a partir de ahora cuando lo recordemos vendrá a nuestra mente el momento en el que El Revólver sube al altar del ring con capucha y bandana en medio de un griterío ensordecedor, a modo de llamada a la batalla espartana y emitido por un público que va a asistir al mejor espectáculo de boxeo que ha visto nuestro país en una década.



Me encanta este artículo, Kerman ha hecho por el boxeo en los últimos 10 años mucho mas que ganar títulos, ha sido el superhéroe de todos, un muchacho humilde, sin excentricidades, un chaval que te puedes encontrar en la calle, por el barrio llevando una bolsa del super, o paseando a su perro, que sobre el ring se convertía en una estrella. Gracias Kerman por estos años, gracias por tus victorias y por tus derrotas de las que saliste también como un campeón, nuestro campeón.