AEBOX/Gonzalo Campos.
Nueve años sin Muhammad Ali (1942–2016)
Por un instante, el boxeo se quedó en silencio. El cuadrilátero se convirtió en altar, y el mundo, testigo de un adiós que pesó como un nocaut inesperado. El 3 de junio de 2016, Muhammad Ali, el más grande, se fue. Pero no solo fue un boxeador. Fue símbolo, faro, leyenda. Fue, como dijeron tantos ese fin de semana, un hombre que vivió a la altura de sus palabras.
Hoy, nueve años después, su ausencia sigue pesando y su nombre continúa inspirando. No es solo su figura dentro del ring lo que se recuerda, sino su ejemplo fuera de él: su coraje, su rebeldía, su humanidad.
Un campeón en el ring y en la vida
Manny Pacquiao fue uno de los primeros en rendirle homenaje aquel fin de semana. “Perdimos a un gigante hoy”, escribió. “El boxeo se benefició de los talentos de Muhammad Ali, pero no tanto como el mundo se benefició de su humanidad”.
Amir Khan habló también desde la emoción: “Ningún peleador o deportista alcanzará el nivel de Ali. Inspirador, carismático, una verdadera leyenda. Nunca será olvidado. Gracias, Muhammad, por inspirarnos a todos”.
Óscar De La Hoya, excampeón y promotor, no escatimó en elogios: “Ali pavimentó el camino para profesionales como yo. Elevó el boxeo hasta convertirlo en un deporte observado por millones. Hoy lamentamos la pérdida del más Grande de Todos los Tiempos”.
George Foreman, uno de sus rivales más célebres, no dejó dudas: “Ali fue el más grande de todos nosotros”.
Los que conocieron su espíritu
Don King, que promocionó muchas de sus peleas más memorables, lo resumió así: “Ali nunca muere. Fue un campeón de la gente. Dijo lo que sentía y estuvo dispuesto a aceptar las consecuencias. Eso es lo que separa el grano de la paja”.
Bob Arum, figura clave del boxeo moderno, fue breve pero contundente: “Muhammad Ali transformó este país e impactó al mundo con su espíritu”.
Richard Steele, exárbitro, compartió un recuerdo doloroso: “La única vez que he llorado en una pelea fue cuando se enfrentó a Larry Holmes. Fue difícil de ver. El mundo perdió al más grande esa noche y yo, a un querido amigo”.
El periodista, el poeta, el hombre
Eduardo Lamazón, con su estilo inconfundible, escribió aquel día unas líneas que aún hoy resuenan:
“La presencia de Ali era un faro resplandeciente, una cádava que ardía inmarcesible, el hombre bueno que no encontraba Diógenes de Sinope. Aprendamos de su ejemplo: hacer maravillosamente bien lo que nos toca, vivir sin estridencias, amar a los demás, servir sin condiciones.”
Jim Lampley, comentarista de HBO, dejó una imagen inolvidable: Ali cuidando por unas horas a su hija de ocho años. “Al final del día mi hija me preguntó: ‘¿quién es ese hombre?’ Y le respondí: ‘algún día vas a saberlo’. Años después, cuando se graduó, eligió una línea de poesía para representarse: Flota como una mariposa, pica como una abeja”.
Nueve años después, Ali sigue ahí
Han pasado nueve años desde que el boxeo perdió a su mayor ídolo, pero el legado de Muhammad Ali permanece intacto. Su figura resiste al tiempo no solo por sus hazañas en el ring, sino por haber sido, como pocos, un símbolo de dignidad, coraje y verdad.
Hoy, al recordarlo, el mundo del boxeo no solo rinde homenaje a un campeón. Recuerda al hombre que demostró que la grandeza también se construye con principios, con palabras, y con gestos que trascienden los títulos.
Muhammad Ali no fue inmortal. Pero su legado, sí.


