AEBOX/Gonzalo Campos
Un límite que el boxeo profesional no puede permitir
Las imágenes difundidas en redes sociales tras la pelea entre Fernando “El Puma” Martínez y Jesse “Bam” Rodríguez han reabierto un debate tan incómodo como necesario:
¿Puede una esquina incitar a usar el codo o a “ensuciar” la pelea sin que exista una sanción?
Durante el descanso previo al último asalto —el décimo, en el que Martínez acabaría noqueado— se escucha con claridad al entrenador Rodrigo Calabrese dando instrucciones que no tienen cabida en un deporte reglado:
“Meté el codo, buscá esa mano… hay que ensuciar la pelea.”
(Instrucciones registradas en vídeos difundidos en redes sociales.)
Que el boxeo es un deporte duro no lo discute nadie. Que se compite al límite, tampoco.
Pero una esquina no puede cruzar la frontera que separa la estrategia del juego sucio. Porque cuando el propio rincón —quien debe proteger al boxeador— presiona para entrar en ese terreno, el sistema entero falla.
Cuando la esquina falla, falla la protección del boxeador
El rincón es la primera barrera ética y sanitaria de un púgil.
Es quien debe frenar cuando el peleador se quiebra, quien debe advertir si el daño es excesivo, y quien debe orientar siempre dentro del marco reglamentario.
En este caso, las imágenes son especialmente graves porque:
- Se escuchan indicaciones antideportivas, concretas y repetidas.
- El boxeador había dicho segundos antes: “No puedo más”.
- El combate se encontraba en un punto de máximo riesgo físico.
Si a un boxeador exhausto se le incita a “meter codo” o “ensuciar”, no solo se pone en peligro su integridad, sino también la del rival. Ese no es el espíritu del boxeo profesional; es lo que el reglamento combate desde hace décadas.
¿Y la sanción? El vacío que nadie está llenando
Las comisiones, federaciones y organismos sancionadores no pueden mirar hacia otro lado.
Hoy es un vídeo viral.
Mañana puede ser un incidente grave sobre el ring.
El reglamento de prácticamente todos los organismos internacionales contempla sanciones para:
- comportamiento antideportivo;
- incitación a golpes ilegales;
- o instrucciones que pongan en riesgo la integridad de los protagonistas.
El problema no es que esas sanciones no existan.
El problema es que no se aplican.
Y si no se aplican, la señal que se envía es devastadora:
que en el boxeo vale todo mientras nadie proteste lo suficiente.
El caso Calabrese debe marcar un antes y un después
Rodrigo Calabrese no es el primer entrenador captado dando instrucciones de este tipo.
Pero sí puede —y debe— ser el último caso impune.
No se trata de criminalizar a nadie.
Se trata de proteger a los boxeadores, de cuidar la imagen del deporte, y de establecer una línea roja clara: la esquina no puede pedir golpes ilegales. Nunca.
Si el boxeo quiere evolucionar, profesionalizarse y seguir siendo un deporte respetado, los organismos deben actuar. No con comunicados ambiguos: con sanciones reales.
Porque el mensaje tiene que quedar grabado:
El boxeador pelea; la esquina cuida.
Cuando la esquina deja de cuidar, debe intervenir el reglamento.


