AEBOX/Gonzalo Campos/Fotos: Roberto safra.

Apenas unos días después de proclamarse campeona mundial del peso átomo, Isabel Rivero atiende a AEBOX con la misma serenidad con la que subió al ring en la Cúpula del Milenio. Técnica de laboratorio farmacéutico de 09:00 a 19:00, boxeadora de élite por la noche, Rivero representa una de las historias más auténticas y sorprendentes del boxeo español.
A sus 38 años, su cinturón mundial no es solo un éxito deportivo: es la confirmación de una manera de entender este deporte basada en la honestidad competitiva, el sacrificio diario y la absoluta ausencia de atajos.
Tercera campeona mundial en la historia del boxeo femenino español, Rivero combina humildad, rigor y una disciplina casi quirúrgica que le permite sostener dos vidas paralelas sin perder un gramo de pasión. En esta entrevista, repasa su victoria, su método, su filosofía y los desafíos que sueña afrontar como nueva referencia del boxeo nacional.
1. Lo primero es darte la enhorabuena por el tremendo logro. A tus 38 años, ¿qué te emociona más: el cinturón, la gente que te acompañó o la idea de haber hecho historia?
“Bueno, pues muchísimas gracias por vuestras palabras y, sobre todo, por darle visibilidad a esto que realmente cuesta mucho llevar y que muchas veces no se ve o se ve menos de lo que se debería ver. Así que nada, gracias a vosotros.
Realmente no tengo ninguna duda: lo que más me emociona es la gente que está conmigo.
El hecho de ganar, obviamente, pues a todo el mundo nos gusta y a mí me encanta el cinturón, y para mí es un orgullo poder decir que hemos hecho historia.
Pero lo que me llena en realidad es la gente, la gente con la que lo estoy compartiendo: mi equipo —desde Julio hasta los chicos de marketing y comunicación—, Kike Soria, por supuesto mi entrenador.
Y luego toda la gente que ha venido a la Cúpula, que se ha desplazado hasta Valladolid, que han sido muchos: mis compañeros de trabajo, que siempre me apoyan; mi familia, que ha tenido siempre una respuesta increíble; gente de mi pueblo; mis compañeros de gimnasio… y gente de más lejos que no lo ha dudado y se ha venido para acá.
De verdad, eso es lo que al final se te queda en el recuerdo: el hecho de decir ‘he podido compartir esa noche tan bonita con personas que de verdad son increíbles’.
Y, por ejemplo, Jorge Lera, que para mí es una persona muy importante…
Es que no doy abasto para decir toda la gente que me ha acompañado y que realmente se lleva un trocito de este triunfo, porque sin ellos no hubiera sido posible. Aparte de eso, del calor de la gente.”
2. ¿Cómo le podemos explicar a la gente ajena al boxeo que de 09:00 a 19:00 eres técnica de laboratorio farmacéutico y, por la noche, campeona mundial de boxeo?

“Bueno, pues es difícil, es complicado. Es complicado hacerlo y es complicado explicarlo. Hay que tener bastante disciplina y estar un poco mal de la cabeza también.
Es difícil, es muy duro levantarte todos los días a las seis, seis y media de la mañana para entrenar antes de venir a trabajar. Estar aquí hasta las siete prácticamente.
Y luego, cuando sales, en lugar de descansar, pues ir a entrenar otra vez y a dar las clases y demás.
Pero bueno, yo creo que al final todo eso se ve reflejado cuando te subes al ring y sufres. Estás acostumbrado a sufrir día a día y luego, no es que te parezca un paseo, pero bueno… la costumbre ya está ahí.
Todo lo duro que tienen los días, al final, el día del combate, el día de la pelea, es como una recompensa a todo ese esfuerzo que se ha hecho.
Y si se gana, pues ya para qué contarte.”
3. Tu carrera no ha sido la típica del boxeo profesional moderno: sin invicto construido, sin camino fácil, sin combate a combate escogido al milímetro. ¿Sientes que llegar al título así sabe distinto?
“Pues hombre, la verdad es que yo, en ese aspecto, obviamente estoy muy contenta de haber llegado a todo esto, pero es que aunque no hubiera llegado… no concibo otra carrera. No concibo una carrera de otra manera.
Para mí lo principal es el deporte y la competición propiamente dicha, y que sea en igualdad de condiciones; que no sea algo de tener que escoger las peleas.
A ver, sí que es verdad que siempre hay alguna pelea que es más sencilla que otra y todo lo que tú quieras, pero bueno, esos son casos puntuales. Pero yo es que no concibo una carrera diferente.
Es cierto que ahora mismo se estila, yo creo que un poco más, el hecho de pensar que tienes que mantener el invicto a toda costa y demás… pero es que no pasa nada por perder. Nadie te va a juzgar, nadie te va a decir nada. Esto es un deporte y se gana, se pierde y la vida sigue.
Yo creo que, en ese aspecto, el hecho de no dedicarme a ello me ha ayudado mucho, porque al final es lo que decía —y me lo decía Diego Buceta también—: si yo pierdo, el lunes tengo que estar currando; y si gano, el lunes tengo que estar currando igual. Entonces no le doy tanta importancia a eso.
Creo que es mucho más importante hacer peleas de calidad y peleas en las que aprendes, porque al final eso es lo que te va dando una seguridad en el ring, un saber estar. Te va dando experiencia, aprendizaje.
Así que, bueno, para mí creo que la carrera que estamos haciendo es perfecta. Estoy súper agradecida a Quique por ello y, bueno, pues eso.”
4. Hazme una semblanza de cómo viviste el combate desde el inicio hasta el veredicto.
“Viví el combate de una manera muy intensa, muy intensa. De hecho, estaba deseando salir al ring.
Yo muchas veces llevo bastante mal los momentos previos, pero esta vez estaba deseando salir, muy motivada y con muchísimas ganas.
Cuando empezó el combate, aunque lo habíamos estudiado, me di cuenta de la gran boxeadora que tenía delante, que era Silvia.
Creo que fue un combate de mucho ritmo, de mucha tensión y, al final, un combate de mucho nivel.
Yo me iba viendo ganadora porque iba conectando sobre todo jabs, pero habíamos trabajado mucho el tema de la respuesta: defensa, ataque, defensa y respuesta, porque sabíamos que Silvia es contragolpeadora. Veía que todo eso estaba funcionando.
Con los desplazamientos, además, ella tampoco estaba pudiendo llegar. Durante todo el combate estuve contenta, relativamente tranquila.
Así que, cuando dieron las puntuaciones, sí que tenía confianza en la victoria.
Es cierto que al final fue un poquito más duro por la lesión que arrastraba, pero supimos hacerlo bien porque habíamos trabajado bastante todas las distancias.
Realmente salió el trabajo, y así lo vi.”

5. Hablando ya del combate. ¿Cuál fue el ajuste técnico clave que marcó la diferencia frente a una boxeadora tan experimentada como Silvia Torres?
“Pues eso, básicamente lo que te decía en el audio anterior: yo creo que el ajuste técnico-táctico en la pelea fue haber trabajado tanto la respuesta.
Esta chica es muy rápida, es explosiva, con buenos desplazamientos y buena en todas las distancias.
Pero habíamos visto que era contragolpeadora. Entonces estuvimos trabajando eso: la respuesta.
Creo que eso fue lo que marcó la diferencia, que al final, en lugar de terminar ella las acciones, las terminaba yo.
Y eso es algo con lo que creo que se quedan los jueces.”
6. En los últimos asaltos se vio una versión muy firme y madura de ti. ¿Era el plan desde el principio o fue intuición y lectura en directo?
“Pues en los últimos asaltos tuve que parar un poco más por el tema del tobillo, pero yo algo que sí tengo muy claro es la finalidad del boxeo: llevar al rival a tu terreno y no al contrario.
Ella quería que yo me quedara a intercambiar con ella, porque —en ese momento lo vi— se estaba dando cuenta de que se le estaba escapando el combate.
Para mí eso reafirmó que íbamos bien, así que no iba a dejarme llevar ni caer en su juego.
Me mantuve más madura porque vi que era una estrategia para desestabilizarme y no quise caer en ello.”

7. Si pudieras enviar un mensaje a la Isabel Rivero que empezó en este deporte… ¿qué le dirías?
“Pues le diría que hiciera lo que ella siente de verdad, porque es lo que he hecho.
Ha sido muy duro, un camino duro, porque he tenido que dejar muchas cosas atrás. Como todos los boxeadores, ha habido cosas más fáciles y cosas más difíciles de dejar atrás.
Pero merece la pena.
Es un recorrido muy complicado, pero si haces lo que te pide tu corazón, se obtienen estos resultados.
También he tenido suerte. Así que le diría que hiciera lo que le dictara el corazón, que es lo que he hecho, y parece que no nos ha ido mal del todo.”
8. Eres la tercera campeona del mundo en la historia del boxeo español femenino. ¿Lo sientes como responsabilidad, como orgullo… o como ambas cosas?
“Bueno, pues es un poco ambas cosas, claro que sí. Para mí es un orgullo, un orgullo enorme, tremendo.
Y bueno, también es una responsabilidad. El hecho de ser una figura en la que la gente puede llegar a fijarse, pues es una responsabilidad.
Yo no soy una persona que tenga un ego por las nubes ni mucho menos, pero sí que es verdad que me importa que la gente pueda llegar a fijarse y dar una buena imagen, dar buena imagen del deporte y de los deportistas.
Entonces sí que es cierto que es una responsabilidad, pero bueno… estoy súper orgullosa y súper contenta también.”
9. ¿Qué rasgos de tu vida en el laboratorio te han ayudado a convertirte en campeona mundial sobre el ring?
“Bueno, pues yo creo que sobre todo el ser organizada, el ser organizada.
Sí que es verdad que siempre voy corriendo a todos los sitios, muchas veces llego tarde, pero es cierto que intento organizarme bien en el trabajo e intento organizarme bien en el día a día, porque al final es lo que hace que puedas hacer tantas cosas.
Si no fuera organizada, no me daría tiempo ni a la mitad.
Yo creo que eso es un rasgo… ya no es que me lo haya dado el trabajo de laboratorio: es algo que se tiene o no se tiene, o te lo enseñan.
Pero sí que es una cualidad muy importante, tanto en el trabajo como en esto, para poder llegar a hacer todo lo que quieres hacer durante el día.”
10. ¿Tienes alguna rival en mente con la que te gustaría medirte ahora que portas un cinturón mundial?
“Pues me gustaría pelear con Camila Zamorano, que es la actual campeona del peso átomo del WBC.
Pero tampoco me importaría pelear con cualquier japonesa, porque me gusta mucho su estilo.
Hay una boxeadora japonesa que se llama Eri Matsuda, que me gusta muchísimo, es zurda además, y sí que son dos rivales con las que me gustaría pelear.”
EPÍLOGO
Escuchar a Isabel Rivero es descubrir que, detrás del cinturón mundial, no hay artificio alguno: solo una mujer que ha sabido convertir la cotidianeidad en una forma de heroísmo.
Su relato no tiene luces de neón ni discursos grandilocuentes, y precisamente por eso conmueve. Rivero habla como compite: con la calma de quien ha aprendido a respirar en medio del cansancio, con la sencillez de quien nunca pidió foco y con la determinación de quien jamás dejó que la rutina le arrebatara sus sueños.
Su título mundial no nace de una noche mágica, sino de miles de días anónimos: de un despertador que suena cuando la ciudad aún duerme; de un laboratorio que la reclama hasta el atardecer; de un gimnasio que la espera cuando otros ya han vuelto a casa; de un tobillo que duele; de una respuesta bien trabajada; de un jab que abre el camino; de un corazón que nunca negoció consigo mismo.
Hay campeonas que nacen del talento.
Y hay campeonas —como Isabel— que nacen de la voluntad.
Con su victoria, no solo suma una página a la historia del boxeo español: nos recuerda que la grandeza también se construye desde la humildad, la disciplina y el amor profundo por aquello que te hace sentir viva.
España tiene nueva campeona del mundo.
Pero, sobre todo, tiene un ejemplo.


