Polémica en Kaunas: Molina firma una gran defensa pero cede el Europeo en una decisión muy discutida

AEBOX/Gonzalo Campos

Un campeón fiable en una noche exigente

Samuel Molina viajó a Kaunas para exponer su título europeo del peso superligero en un ambiente complicado y frente a un rival de enorme experiencia como Egidijus Kavaliauskas. Tras doce asaltos intensos y tácticos, el malagueño terminó cediendo el cinturón en una decisión que ha generado debate y ha dejado una visible sensación de desconcierto entre muchos aficionados y especialistas. Fue un combate dividido en tres fases muy claras donde, en términos globales, el trabajo de Molina pareció más consistente.

Fase inicial: dominio y claridad de ideas

El arranque fue claramente favorable al entonces campeón. Molina manejó a la perfección la distancia desde el primer asalto, imponiendo su jab y sus desplazamientos para impedir que Kavaliauskas encontrara espacios nítidos. El español controló el ritmo con inteligencia y conectó los golpes más limpios, boxeando a la contra con una precisión que, en muchas ocasiones, resulta más apreciada por los jueces cuando se compite en casa. Fuera de España, ese tipo de boxeo —técnico, efectivo y eficiente, pero no siempre espectacular para los ojos locales— puede perder algo de claridad en la interpretación de los asaltos. Aun así, la superioridad técnica de Molina en esta primera fase fue evidente, transmitiendo calma, orden y una lectura tácticamente muy madura.

Fase central: Kavaliauskas aparece, Molina responde

La parte media del combate fue la más equilibrada. Kavaliauskas elevó su presión, acortó distancias y consiguió entrar en intercambios donde conectó manos que le permitieron sumar asaltos y equilibrar el desarrollo. Molina respondió con precisión y buena defensa, manteniéndose siempre dentro del combate, aunque fue en este tramo donde el lituano logró su mejor producción. A pesar de ello, el desgaste físico empezó a notarse en el rostro del aspirante, que mostraba hinchazón, enrojecimiento y señales evidentes del castigo recibido, mientras el español se mantenía estable y ordenado.

Fase final: Molina recupera el control

En los últimos asaltos, volvió a verse al mejor Molina. El malagueño leyó con claridad los intentos finales de Kavaliauskas de decantar el combate y respondió con manos rectas muy precisas al contragolpe, controlando los tiempos y la distancia con oficio. Se mostró más entero, más lúcido y más claro en su boxeo. El cierre fue convincente, con golpes medidos y una gestión inteligente de los intercambios. A esas alturas, el rostro de Kavaliauskas reflejaba de forma evidente el desgaste del combate.

Una decisión ajustada que levanta dudas

El desenlace dejó una imagen que no ayudó a calmar el ambiente: el árbitro Marco Marzuoli levantó en primera instancia la mano de Molina antes de corregirse y declarar vencedor a Kavaliauskas. Aunque pueda interpretarse como un simple error humano, la escena contribuyó a la sensación de desconexión entre lo visto en el ring y el resultado oficial. Las tarjetas, dos de ellas favorables al lituano por un solo punto y una para Molina, mostraron un combate muy igualado, pero también una interpretación difícil de conciliar con la impresión general que dejaron los doce asaltos.

El factor de viajar fuera: más bolsa, menos control

Este tipo de situaciones, por desgracia, forman parte del riesgo inherente a salir a defender un título fuera de España, especialmente en plazas donde la bolsa es más alta pero el equipo visitante pierde capacidad de control sobre la imparcialidad del entorno. No es una certeza ni una norma, pero sí una posibilidad que los equipos asumen cuando deciden aceptar ofertas atractivas en países como Lituania. La diferencia económica compensa muchas veces el desplazamiento, pero también abre la puerta a escenarios donde el margen de influencia se reduce y donde un combate igualado puede terminar cayendo del lado local.

Un futuro con alternativas

A pesar del resultado, Molina mantuvo una actitud ejemplar, mostrando serenidad, respeto y profesionalidad. Su actuación reafirma su madurez deportiva y confirma que pertenece a la élite europea. Su equipo deberá valorar si pide una revisión formal o si se plantea una revancha, una posibilidad lógica dada la estrechez de las tarjetas y la competitividad del combate.

Samuel Molina demostró en Kaunas que está preparado para competir —y ganar— en el máximo nivel continental. La decisión no lo acompañó, pero su boxeo dejó claro que su recorrido en Europa continúa muy vivo.

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