AEBOX/Gonzalo Campos
En San Sebastián de los Reyes se vivió una de esas noches que quedan marcadas en la memoria del boxeo femenino español. Tatiana Pérez, con calma, solidez y un boxeo cada vez más maduro, conquistó el título de Europa del peso mínimo y abrió un capítulo nuevo en su carrera. Aún en ese torbellino que sigue a las grandes victorias, la madrileña mantiene los pies firmes en el suelo y una gratitud enorme hacia quienes la acompañaron desde niña, incluida la eterna María Jesús Rosa. Con el cinturón ya en casa y la ciudad todavía hablando de su actuación, Tatiana se detiene para repasar lo vivido y asomarse a lo que viene.
Cuando se apagan las luces del Mad Fight Stadium y llegas a casa con el cinturón, ¿qué queda de la campeona de Europa y qué queda de la Tatiana de siempre?
Pues todavía no me lo creía. Hasta un par de días después no terminé de asimilar que era campeona de Europa. Fue todo tan rápido y con tantas emociones que necesitaba parar un poco y darme cuenta de lo que habíamos conseguido.
¿Cuál es la imagen que más se te ha quedado grabada de esa velada: una mano concreta, una voz en la esquina, alguien en primera fila…?
A toda la gente animándome y disfrutando del combate, y a mis entrenadores orgullosos del trabajo que estábamos haciendo. Esa imagen la tengo muy presente. Y, por supuesto, a mi María Jesús Rosa, siempre conmigo.
La última entrevista se la hicimos nosotros. ¿Qué relación tuviste con ella?
Cuando empecé a boxear de niña, ella fue mi entrenadora junto con Esteban Chumillas. Formó parte de mis inicios y siempre ha sido una referencia importantísima para mí.
Háblame del combate. ¿Cómo viviste la pelea desde dentro?
Al empezar me sorprendió porque Amy me estuvo esperando. Pensábamos que iba a venir desde el principio y eso me descuadró un poco. Pero a partir del tercer asalto ya me sentí en mi sitio y pude desenvolverme bien.
Desde fuera pareció una pelea muy controlada, con ese 99-91 en las tres cartulinas. ¿Tú la sentiste tan clara desde dentro?
Desde dentro sentí que el primero y quizá el segundo asalto podía haberlos perdido. Pero a partir del tercero vi que todos eran míos. Fui encontrando mi ritmo y llevando la pelea a donde yo quería.
¿Qué ha sido más difícil: llegar físicamente preparada a un Europeo o gestionar todo lo que no se ve (nervios, presión, entradas, entrevistas, familia…)?
Es más complicado gestionar todo lo que no se ve. Hay que trabajar, mover las entradas y animar a la gente a que venga a apoyar el boxeo. Todo eso lleva mucho tiempo y energía. En lo físico sabes lo que tienes que hacer; lo demás se va sumando cada día.
¿Cómo es tu día a día cuando no estás con los guantes puestos? ¿En qué se le va el tiempo a la Tatiana que no ve el público?
Si no estoy entrenando, estoy trabajando dando clases de boxeo. Y cuando toca desconectar, lo hago descansando con mi pareja y mis animales. Llevo una vida muy tranquila y centrada en lo deportivo.
¿Qué has tenido que sacrificar en estos años para poder estar hoy hablando como campeona de Europa?
Pues casi todo mi tiempo se lo lleva este deporte. Amigos con los que ya no hablas o ves mucho menos, la familia que ves menos tiempo, y luego buscar un trabajo que te permita entrenar. Es un sacrificio constante.
España ha tenido grandes campeonas y tú ya formas parte de esa lista. ¿Qué nombres te vienen a la cabeza cuando piensas en “campeona de Europa” y sientes que ahora estás en el mismo grupo?
El primer nombre es el de mi María Jesús Rosa. También Nany Suárez y Almudena Álvarez. Son campeonas que han marcado el camino.
¿Con quién te gustaría pelear en las próximas fechas?
Mi entrenador Marcos es quien lleva eso, pero es posible que a principios de año salga la primera defensa. Cuando llegue, estaremos listas.
EPÍLOGO
Tatiana habla con sinceridad, sin grandes aspavientos y sin perder nunca ese tono sereno que la caracteriza. Acaba de convertirse en campeona de Europa, pero su vida —entrenar, trabajar, cuidar de los suyos, volver al gimnasio— continúa con la misma disciplina que la llevó hasta allí. Su primera defensa podría llegar pronto, quizá a principios de año, pero lo que ya está claro es que ha nacido una campeona que combina humildad, ambición y memoria. Una boxeadora que sube al ring acompañada por los que estuvieron desde el principio y que, cinturón en la mano, sigue escribiendo su propia historia.


