ENTREVISTA | Samuel Molina: “No quiero volver a pelear con la EBU, fue un atraco, estoy indignado”


🖋️ Gonzalo Campos

Diez días no borran una herida. Apenas sirven para nombrarla. Kaunas sigue latiendo en la memoria de Samuel Molina como un combate que no terminó cuando sonó la campana, sino cuando hablaron las cartulinas. Allí, lejos de casa, el ring dictó una cosa y el resultado escribió otra. Desde entonces, todo ha ido deprisa: el ruido, la indignación, el respaldo del público, las declaraciones, la resolución de un organismo que no ha cerrado nada. Solo ha añadido otra capa de incomodidad a una historia que ya venía torcida.

Esta entrevista nace ahí, en ese espacio incómodo entre la razón del boxeador y la frialdad del sistema. No es un repaso a un combate, es el relato en primera persona de lo que ocurre cuando un púgil sabe que ha ganado… y aun así pierde. Es también el retrato de un momento de carrera en el que, paradójicamente, una derrota ha abierto más puertas que muchas victorias.


🥊 LA ENTREVISTA

Diez días después de Kaunas, ¿cómo ordenarías hoy lo que te ha dejado ese combate a nivel personal?
Bueno, al final este combate me ha dado un gran paso en mi carrera. Aunque la decisión no fue la correcta, he avanzado muchísimo y se ha demostrado de lo que estoy hecho.


Cuando analizas la pelea con perspectiva, ¿en qué crees que fuiste claramente superior a tu rival?
En los golpes claros y en los golpes de poder. Ahí fui muy superior.


Viendo cómo se desarrolló el combate, ¿qué lectura técnica haces hoy de tu actuación en Kaunas?
Al final, la misma: dejarme llevar siendo yo y no salirme de mi estrategia. Cuando uno se escucha a sí mismo eres libre y las cosas te salen de manera natural. Yo siempre me escucho a mí, escucho a mi esquina, valoro los pros y los contras y siempre fluyo, intento fluir.


¿Cómo se gestiona internamente un vestuario en las horas posteriores a una decisión tan controvertida?
Después del combate, en el antidopaje, estaba con el traductor y con el médico que me hacía el control y rompí a llorar. Era de la impotencia, de la injusticia que acababa de ocurrir. Luego, cuando me calmé, pensé que ya no podía volver atrás, que el resultado no se podía cambiar, salvo que la EBU pusiera algún remedio. Yo ya había dado lo mejor de mí, se había demostrado que le había ganado, eso lo sabíamos todos, pero el resultado no se podía cambiar.

Por eso rompí a llorar. Pero después de eso lo llevé muy bien. Salí fuera para ver a mi familia, que estaban tristes por el resultado, y cuando me vieron salí cantando, diciendo “venga, vamos a comer”, con felicidad. Asumí que ya no valía lamentarse. Yo lo había dado todo, se había demostrado y había disfrutado encima del ring. Para mí fue como un videojuego, pensé: “aquí es donde yo quería estar”.

A mí me motiva mucho salir fuera, enfrentarme a boxeadores de gran nombre. Esa situación me pone las pilas y he demostrado que aquí es donde quiero estar y donde voy a estar.


“Cuando me hacían el doping rompí a llorar”


Estos días, ¿te has apoyado más en el trabajo físico, en el entorno o en la cabeza para recomponerte?
Me he apoyado en ser yo, en mi día a día y en lo físico por la mañana. También he aprovechado para permitirme cosas que antes no podía por la dieta estricta, como salir a comer o hacer algún viaje. He estado por la zona de Andalucía y también en Sierra Nevada, siempre muy tranquilo.

La verdad es que lo llevo muy bien, estoy muy contento. Ya he vuelto otra vez a la rutina del doble entrenamiento, mañana y tarde, y soy feliz porque esto es lo que me hace feliz. Así que voy a seguir en esta línea.


“No quiero volver a pelear más con la EBU. Estoy muy indignado”


La EBU ha resuelto hoy manteniéndote como aspirante oficial. ¿Cómo interpretas tú esa decisión?
Eso para mí no significa nada, no resuelve nada después de este combate. Es más, no me apetece volver a pelear por la EBU. Viendo lo que pasó, con Anas Messaoudi allí en mi tierra, en mi ciudad, en Málaga, yo le gané claramente. Es cierto que estuvo un poco justo, pero le gané por dos puntos, por dos asaltos, y dieron nulo. En mi casa.

Salgo fuera, le doy una clase magistral a Kavaliauskas y me dan perdedor. Yo no quiero volver a pelear más con la EBU, sinceramente. Estoy muy indignado.


“En Lituania me han atracado y lo quieren pasar por alto”


¿Crees que con esta resolución se reconoce implícitamente que el combate dejó dudas?
No, es que esta resolución no ha hecho nada, no ha resuelto nada. Ha pasado por alto el atraco que me han hecho en Lituania. No me vale una revancha, que gane quien gane. No. Lo que ha pasado es que me han atracado y lo quieren pasar por alto, y eso no hay derecho. Eso es una injusticia, pero como un templo.


A partir de ahora, ¿condicionará Kaunas tu manera de plantear los combates fuera de casa?
Pues viendo lo visto, sí, muchísimo. Tendré mil ojos, también con mi equipo, a la hora de salir y de aceptar un combate fuera de España. A mí me gusta pelear tanto en casa como fuera, pero fuera de España es que me encanta que esté todo en mi contra, todo.

Así que cuando vuelva a salir fuera de casa, mil ojos… y para adelante.


“Le di una clase magistral a Kavaliauskas y me dieron perdedor”


El respaldo del público ha sido muy fuerte. ¿Qué lectura haces tú de esa respuesta social?
Para mí ha sido lo mejor. Al terminar el combate, ya al día siguiente, en un centro comercial de la zona, niños, padres y adolescentes se hacían fotos conmigo y me decían que yo había sido el ganador, que vaya espectáculo. La verdad es que súper contento, eso me llenó muchísimo y me dio mucho orgullo.

Además, gente de mi entorno que fue allí a apoyarme, amigos míos, le preguntaron a Lomachenko, que estaba allí con su padre en primera fila, qué le pareció Molina. Y su respuesta fue “guau”. Escuchar eso de alguien que para mí es un ídolo es increíble. Así que yo me quedo con eso, con el apoyo de la gente y con cómo me vi en el ring: muy cómodo, muy seguro. Me encantó.


¿Notas un cambio en la percepción que tienen de ti dentro del boxeo europeo tras lo ocurrido?
Totalmente. Al final me he ganado al público y, al demostrar de lo que estoy hecho realmente, me he ganado el respeto de todo el mundo. Kavaliauskas estaba muy respetado, ya que fue el único que tiró a Crawford y que Crawford haya dicho que es el más fuerte, que es quien le pegó más fuerte, eso habla por sí solo.

Así que me he ganado el respeto de todo el mundo y ya estamos en la gran liga.


“Este combate me ha abierto puertas en Estados Unidos, Dubái y Rusia”


Desde el punto de vista de carrera, ¿en qué momento exacto te deja ahora esta situación?
Este combate me está abriendo muchísimas puertas fuera. Están llegando ofertas de Estados Unidos, Dubái, Rusia… y realmente me encuentro en un momento muy bueno, en el que sabemos que el título mundial está muy, muy cerca.


“Voy a arrebatarle la corona a Lewis Crocker”


Con el nuevo escenario encima de la mesa, ¿cuál es tu hoja de ruta inmediata a corto y medio plazo?
Le voy a arrebatar la corona a Lewis Crocker. Voy a ser campeón mundial.


Kaunas no le quitó a Samuel Molina lo que más importa en este oficio: la certeza. La certeza de pertenecer. De estar en el sitio correcto. De que su nombre ya no flota en la periferia del boxeo europeo, sino que camina por su centro. La injusticia pesa, pero no lo detiene. Lo empuja.

No busca consuelo en los despachos ni redención en una revancha que no le vale. Busca algo mayor. Directo. Sin intermediarios. La historia no siempre es justa, pero a veces es clara. Y hoy es claro que Molina ya no pelea solo por cinturones. Pelea porque sabe que está en la puerta. Y cuando un boxeador llega ahí, no hay resolución que lo frene. Solo queda avanzar.

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