AEBOX/Gonzalo Campos
Intro · El aprendizaje como camino

Hay boxeadores que avanzan a golpes de impacto y otros que lo hacen a base de comprensión. La trayectoria de José Luis Navarro Jr. pertenece a este segundo grupo. La suya no ha sido una carrera de atajos ni de fuegos artificiales, sino un proceso de construcción lenta, de derrotas digeridas, de noches difíciles y de trabajo silencioso lejos del foco.
2025 ha sido el año en el que todas esas piezas han empezado a encajar. No por una mano aislada ni por un resultado concreto, sino por algo mucho más profundo: el orden dentro del caos, la lectura del combate y la capacidad de mantenerse en pie —física y mentalmente— cuando la pelea se vuelve incómoda. Ese aprendizaje no nace solo del ring, sino del gimnasio, de la repetición constante y de una mirada experta que corrige, insiste y espera. Ahí, la figura de Ricardo Sánchez Atocha resulta determinante.
Navarro ya no boxea desde la urgencia. Boxea desde el entendimiento.
“Ahora en el ring estoy más tranquilo, pienso más. Ya no voy tan alocado como antes.”
Entrevista
¿Cómo definirías este 2025 a nivel boxístico y personal?
Ha sido impresionante. Hemos hecho cuatro peleas y las cuatro han sido por título, salvo esta última. Todas han sido guerras que han llegado al final. También he caído, me he levantado y he ganado por KO. He aprendido muchísimo, tanto a nivel personal como boxístico.
“Hemos tenido peleas largas y ahí he aprendido muchísimo.”
Desde fuera se percibe que 2025 ha sido un año de estabilidad y crecimiento claro. ¿Tú también sientes que este ha sido el curso en el que tu carrera se ha asentado definitivamente?
Hemos tenido peleas largas en las que he aprendido mucho. He sufrido, he aguantado, he tirado y ha salido súper bien. Poco a poco, ya en el ring estoy más tranquilo, pienso más. Ya no voy tan alocado como antes.
En situaciones de intercambio o de pelea desordenada, ahora se te ve más calmado. ¿Qué ha cambiado en tu manera de estar dentro del ring?
He aprendido a estar ahí, a aguantar y a no volverme loco cuando el combate se pone duro. Antes iba más al choque. Ahora intento pensar, ver lo que pasa y elegir mejor.
“He aprendido a no volverme loco cuando el combate se pone duro.”
Más allá de los golpes, da la sensación de que ahora lees mejor los combates. ¿Qué ha cambiado en tu manera de interpretar lo que ocurre en el ring?

Me di cuenta, y me lo dijo Ricardo y llevaba razón, en la pelea de Zauche, de que hasta que no suena la campana del último asalto la pelea no se ha terminado. Aunque vayas perdiendo todos los asaltos, en el último segundo, como metas una mano, lo puedes noquear. Hasta el final hay que luchar.
“Hasta que no suena la campana del último asalto, la pelea no se ha terminado.”
Tu escaso recorrido amateur ha sido un caballo de batalla que te ha perseguido desde el principio. ¿En qué momento sentiste que ese déficit dejó de condicionarte como profesional?
Todavía queda mucho para sentirme al cien por cien bien encima de un ring, pero yo creo que fue en la pelea de Congolo, en el Campeonato de Europa Silver. El combate llegó al undécimo asalto y ahí me sentí bien. Ahí fue cuando empecé a sentirme un poco más boxeador. No te voy a decir del todo, pero sí un poco.
“Ahí fue cuando empecé a sentirme un poco más boxeador.”
Con toda la expectación que levantaron tus primeros combates profesionales, ¿cómo te has levantado de las derrotas?
Me he visto más reforzado después de cada derrota y mejor boxeador, como se ha reflejado en cada pelea. He crecido en cada derrota y ahora se está viendo reflejado sin derrota.
“He crecido en cada derrota.”
Cuando uno pierde, ¿qué opciones tiene un boxeador?
Cuando uno pierde tiene dos opciones: rendirse o ponerse a trabajar más fuerte, más duro y darle la vuelta a la situación. Y esa es la opción que yo he elegido.
“Yo he elegido trabajar más fuerte.”
¿Cómo se levanta un deportista de una noche como la del Campeonato de España en Córdoba? ¿Sientes que le debes a Córdoba una noche importante?
Uno se levanta muy jodido, porque era tu noche, era tu momento y no salieron las cosas como teníamos planeado. Pero de esa derrota aprendimos muchísimo y en la siguiente pelea éramos un boxeador totalmente diferente y la conseguimos ganar.
Sí, siento que le debo a Córdoba una noche, una gran noche. Pero si no vemos ningún apoyo por parte de las instituciones, creo que nos vamos a quedar en Madrid. A mí me encantaría, pero económicamente es imposible.

Ricardo Sánchez Atocha y tú habéis demostrado ser más que entrenador y boxeador. ¿Tuviste alguna duda después de las derrotas?
No, ninguna. Confío ciegamente en él. Cuando hay una derrota sé perfectamente que voy a salir más fuerte, tanto él como yo, porque los dos tenemos el mismo objetivo. Y es claro. Yo confío ciegamente en él.
“Confío ciegamente en Ricardo.”
¿Qué representa Ricardo Sánchez Atocha para ti en este momento de tu carrera?
Para mí, Ricardo es el mejor entrenador del mundo y siempre voy a estar con él.
“Ricardo es el mejor entrenador del mundo y siempre voy a estar con él.”
El otro día me decía Ricardo que vas a disputar el Europeo en el primer trimestre de 2026. ¿Te sientes preparado para la primera línea europea?
Yo siento que sí, que estoy preparado. Más que nada porque los últimos rivales han sido muy duros. Zauche, por ejemplo, podría haber sido perfectamente un Campeonato de Europa. Siento que sí, que estoy preparado y quiero una oportunidad para demostrarlo.
“Quiero una oportunidad para demostrarlo.”
Editorial · El valor de entender
El boxeo no siempre premia al más rápido ni al más brillante. A veces, recompensa al que aprende. La evolución de José Luis Navarro Jr es un buen recordatorio de ello. Su crecimiento no se mide solo en victorias, sino en la forma en la que hoy habita el ring: más tranquilo, más consciente, más dueño de lo que ocurre.
Detrás de esa madurez hay derrotas que no se esquivaron, sino que se afrontaron; noches que dolieron, pero enseñaron; y un trabajo de gimnasio basado en la repetición, la paciencia y la confianza mutua. En ese territorio invisible, donde no hay focos ni aplausos, el papel del entrenador es decisivo. Y en el caso de Navarro, la huella de Ricardo Sánchez Atocha es tan silenciosa como profunda.
En un deporte donde la tentación del ruido es constante, Navarro ha elegido el camino menos vistoso y más sólido: el del aprendizaje. El futuro dirá hasta dónde alcanza ese recorrido, pero hay algo que ya está claro: cuando un boxeador entiende el ring y confía plenamente en quien lo guía, el crecimiento deja de ser una promesa y empieza a ser una realidad.


