Fallece Alfonso del Río, histórico del boxeo español
AEBOX/Gonzalo Campos
Alfonso del Río, exboxeador profesional y una de las figuras históricas del boxeo madrileño, ha fallecido a los 89 años en Madrid.
Hombre de boxeo en el sentido más amplio del término, Del Río perteneció a una generación que entendió este deporte como un oficio diario, repartido entre el ring, el gimnasio, la carretera y la gestión, en una época en la que el boxeo español se sostenía más por la vocación que por los focos.
Un amateur de referencia en los años cincuenta
Antes de su paso al profesionalismo, Alfonso del Río fue uno de los púgiles amateurs más destacados del final de la década de los cincuenta en el boxeo español. Conquistó tres Campeonatos de España consecutivos:
- Madrid 1957 (60 kg)
- Madrid 1958 (60 kg)
- Las Palmas 1959 (63,5 kg), imponiéndose en la final a Carmelo “Gancho” García.
Su trayectoria amateur le situó como una de las grandes referencias nacionales del momento. Fue medalla de bronce en los Juegos Mediterráneos de 1959 y disputó ese mismo año los Campeonatos de Europa de Lucerna, formando parte de una generación con clara proyección internacional.
El salto al profesionalismo
De manera sorprendente para muchos, y sin esperar a los Juegos Olímpicos de Roma 1960, para los que parecía un fijo en el equipo nacional, Del Río decidió dar el salto al boxeo profesional. En esa nueva etapa disputó 37 combates entre 1959 y 1964, logrando proclamarse Campeón de Castilla antes de colgar los guantes.
Una carrera extensa y un tándem inseparable
Tras su retirada como boxeador, Alfonso del Río continuó ligado al boxeo desde la gestión y el acompañamiento de carreras, formando junto a su hermano Manolo del Río uno de los tándems más reconocibles del boxeo madrileño.
En esa dupla bien definida, Alfonso asumía principalmente las funciones de mánager, encargándose de la organización, los contactos, los desplazamientos y la representación de los boxeadores, mientras que Manolo era quien permanecía de forma más constante en el gimnasio, al frente del trabajo diario, la preparación y la esquina.
Ambos compaginaron durante años su labor en el boxeo con el trabajo como taxistas, turnándose para poder sostener tanto el gimnasio como la economía familiar, una imagen fiel de una época en la que el sacrificio era parte inseparable del oficio.
Del Palacio de los Deportes a La Ferro
Su actividad comenzó en el gimnasio del Palacio de los Deportes, y tras el cierre de esas instalaciones trasladaron su trabajo al gimnasio de La Ferro, que acabaría convirtiéndose en uno de los centros neurálgicos del boxeo madrileño durante años.
Desde allí llevaron la carrera de boxeadores de enorme relevancia como Pedro Carrasco, Nino Jiménez y José Manuel Ibar “Urtain”, participando activamente tanto en su desarrollo deportivo como en la gestión de sus trayectorias profesionales.
En ese mismo entorno se formó también Ricardo Sánchez Atocha, quien se retiró del boxeo activo en 1981 estando en La Ferro, antes de iniciar la trayectoria que le convertiría en el entrenador español más importante de todos los tiempos.
Voz del boxeo en tiempos de debate
Más allá del gimnasio, Alfonso del Río fue un asiduo invitado en programas de televisión durante los años ochenta y noventa, participando en aquellos tensos debates del “boxeo, sí o no” que se sucedieron en España en una etapa de fuerte cuestionamiento social del deporte.
Desde su posición de mánager y hombre de experiencia, defendió el boxeo con argumentos, conocimiento y serenidad, convirtiéndose en una de las voces reconocibles de quienes sostuvieron públicamente al boxeo español en sus momentos más delicados.
Un hombre de boxeo
Alfonso del Río representó al boxeo vivido desde dentro: ring, despacho improvisado, carretera, gimnasio y esquina. Su legado no se mide en títulos ni en titulares, sino en carreras acompañadas, oportunidades creadas y respeto ganado dentro del oficio.
Sus restos mortales se encuentran en el Parque Cementerio de La Paz, en Alcobendas (Madrid).
El boxeo español despide a uno de sus hombres.
Descanse en paz.


