AEBOX/Gonzalo Campos/Vicente Campos
Lo ocurrido en Herstal, Bélgica, en el combate entre Anastasiia Petrenko y Maria Soledad Vargas no puede despacharse como una simple polémica arbitral.
Estamos hablando de un combate por el título mundial de la International Boxing Organization (IBO), disputado en territorio belga, dentro de una velada organizada por el promotor local Mirco Giuliani y dirigido por el árbitro también belga Jean-Marie Natus.
Un contexto que, como mínimo, obliga a extremar las garantías de neutralidad.
Un combate que deja imágenes difíciles de justificar
En las imágenes parciales que han comenzado a circular, este medio ha podido observar acciones en las que la boxeadora mexicana conecta golpes de gran claridad y potencia que envían a la lona a su rival.
Lo relevante no es solo la caída.
Lo verdaderamente preocupante es que, en esas secuencias, el árbitro no inicia la cuenta, ayuda a la púgil local a incorporarse y permite la continuidad del combate.
Desde un punto de vista reglamentario, la situación resulta difícil de sostener.
Porque una caída no contabilizada no solo afecta a la puntuación.
También priva a la boxeadora que la sufre de la correspondiente cuenta de protección, un elemento básico de seguridad dentro del boxeo profesional.
De confirmarse estas acciones como caídas reglamentarias, estaríamos ante una actuación arbitral de extrema gravedad, tanto en el plano competitivo como en el de la integridad física de las boxeadoras.
La denuncia de Vargas
Desde Madrid, antes de regresar a México, Maria Soledad Vargas trasladó a este medio su versión de lo sucedido:
“Desde la lectura de reglas, mi contrato decía que ambas peleadoras usaríamos la misma marca de guantes y que los proporcionaría el promotor. Yo no llevé mis guantes mexicanos ajustándome a lo que firmé, pero mi rival llegó con guantes Rival y a mí solo me dieron Leone. Cuando pedí probar los Rival no me lo permitieron, pero a mi rival sí.”
“En el segundo round logro conectarla y tirarla dos veces con golpes legales, pero el referee jamás contó las caídas.”
“Durante toda la pelea me estuvo dando golpes de foul con la cabeza y en la nuca, y el referee nunca hizo nada. Al contrario, me llamaba la atención a mí.”
“Ahí entendí que estaba peleando contra Petrenko, contra el referee dentro del ring y contra los jueces afuera.”
“Ya son dos veces que peleo en Europa por un título mundial, IBO y WBC, y las dos veces me pasa lo mismo.”
“Pensé que el organismo era serio, pero regreso a México decepcionada.”
Jueces y puntuaciones
El combate se resolvió a los puntos con decisión favorable a la boxeadora local.
Las tarjetas fueron las siguientes:
- Smail Alitouche (Francia): 96-94
- Daniela Otten (Alemania): 97-93
- Jean Pierre Van Imschoot (Bélgica): 97-93
Un panel de jueces de carácter internacional, con presencia también local en la puntuación final.
La responsabilidad de un organismo mundial
Cuando un combate es sancionado como campeonato del mundo, el organismo que lo avala no es un actor secundario.
Debe garantizar que se respeten las condiciones pactadas, que el reglamento se aplique correctamente y que el arbitraje sea imparcial.
Por eso, lo sucedido en Bélgica interpela directamente a la International Boxing Organization.
No desde la acusación sin pruebas, pero sí desde la exigencia de explicaciones.
Irregularidades que exigen revisión
Las afirmaciones de Vargas apuntan a tres aspectos fundamentales:
- uso de guantes distintos a lo pactado
- caídas no contabilizadas
- permisividad arbitral ante acciones ilegales
Cada uno de estos puntos, por separado, ya justificaría una revisión. En conjunto, obligan a una respuesta.
A ello se suma el contexto del combate, disputado en casa de la púgil local, con organización y arbitraje también locales, lo que refuerza la necesidad de máxima transparencia y control.
Un combate sin transparencia
Hay un elemento que agrava todo lo ocurrido:
no existe grabación completa accesible del combate, no hay una difusión clara posterior ni una crónica oficial fácilmente localizable.
En un combate a diez asaltos con etiqueta de título mundial, esta falta de transparencia resulta, como mínimo, preocupante.
Epílogo
El boxeo puede tolerar errores. Lo que no puede permitirse es la sensación de indefensión.
Cuando una boxeadora denuncia irregularidades concretas, cuando las imágenes disponibles muestran acciones que no encajan en el reglamento y cuando, además, no existen mecanismos públicos para esclarecer lo ocurrido, el problema deja de ser una simple polémica.
Pasa a ser una cuestión de credibilidad.
Porque si una caída no se cuenta, no solo se altera un resultado. También se compromete la seguridad de quien está dentro del ring.
Y si eso sucede en un campeonato del mundo, la responsabilidad no se diluye.
Se concentra.
El boxeo no necesita explicaciones a puerta cerrada.
Necesita respuestas claras.


