Cristóbal Lorente: “Todo lo que he hecho desde pequeño cobra sentido ahora”


El aspirante mundial se impone en Glasgow desde la disciplina, la calma y una forma de entender el boxeo sin artificios

AEBOX/Gonzalo Campos/fotos: Emma Gherman

Cristóbal Lorente ha llegado donde está sin hacer ruido. Sin discursos altisonantes, sin gestos de cara a la galería y sin necesidad de construirse un personaje. Lo ha hecho como se construyen las carreras que perduran: desde el trabajo diario, la disciplina y una forma de entender el boxeo que pone el oficio por delante de cualquier artificio.

En Glasgow, lejos de casa, ante un rival invicto y en un escenario hostil, volvió a demostrar que su camino no tiene atajos. Cayó, se levantó, pensó y ejecutó. Sin perder el orden, sin entrar en el caos, sin traicionarse. Ganó como entrena, como vive y como compite: con calma, con precisión y con una convicción que no necesita elevar la voz para imponerse.

Lorente no es un boxeador de fuegos artificiales. No hay estridencias en su boxeo ni en su forma de estar. Hay algo mucho más difícil de encontrar: coherencia. La misma que le ha acompañado desde niño, la que se ha forjado en el gimnasio viendo a los que estuvieron antes que él, la que le ha enseñado que aquí nadie regala nada y que todo se construye paso a paso.

Hoy es aspirante mundial. Y lo es sin haber cambiado una sola línea de lo que le ha traído hasta aquí.


¿Cómo se siente uno siendo el número uno del mundo?

Pues la palabra sería satisfecho, satisfecho de saber que todo lo que he hecho por fin ha sido recompensado. Siempre dicen que el boxeo te devuelve todo lo que le das, y yo le llevo dando todo mi esfuerzo y todo mi sacrificio desde los cinco años, y ahora por fin se está viendo recompensado.

Por fin puedo disputar lo que todo el mundo sueña, lo que todo boxeador sueña en algún momento, que es hacer un mundial. Y nada, satisfecho de saber que todo lo que he hecho desde pequeño cobra sentido ahora.

“El boxeo te devuelve todo lo que le das”
“Todo lo que he hecho desde pequeño cobra sentido ahora”


Ganar en Glasgow, en una pelea de este nivel y fuera de casa, ¿cómo la viviste tú desde dentro?

Pues nos tocaba ir de nuevo fuera, como estamos últimamente acostumbrados, porque de los últimos cinco combates, cuatro han sido fuera de casa. Y la viví menos dura que la otra vez, la verdad, fue una pelea más táctica y se demostró quién había aprendido más del combate anterior.

Yo ya dije que en aquella pelea con Collins se había aprendido mucho, y que él no había aprendido nada. Seguía en su cabeza pensando que era mejor boxeador que yo, que era más inteligente que yo.

Yo en ningún momento me puse a intercambiar palabras con él, simplemente trabajé en el gimnasio y demostré que eso era mentira.

“Se demostró quién había aprendido más del combate anterior”
“Yo en ningún momento me puse a intercambiar palabras, trabajé y lo demostré”


En esta revancha se ve un planteamiento distinto con más iniciativa desde el inicio y mayor presión en los primeros asaltos a diferencia del anterior. ¿Qué ajustes tácticos introdujisteis respecto a la primera pelea y qué buscabais provocar en Collins con ese cambio?

Así es, fue un planteamiento totalmente distinto. En el anterior combate buscamos ceder los primeros asaltos a Collins. Sabíamos que era un rival que venía muy duro al principio y el plan era ese, dejarle esos primeros asaltos para luego ir incrementando nuestro ritmo, ir aplicando nuestro boxeo y acabar mucho mejor los últimos asaltos.

En este ha sido muy diferente. Desde el principio no hemos cedido en ningún momento el centro del ring a Collins. Queríamos que se desesperara, que viera que no se iba a llevar el combate desde el minuto uno, y así fue.

Trabajamos mucho el ataque al cuerpo, que dio muy buenos resultados durante la pelea. Incluso hay un asalto en el que él mismo admite que estaba muy tocado abajo.

La verdad es que los ajustes técnicos salieron perfectos. Rafa Martín, mi entrenador, es un gran estratega y en los dos combates ha sabido leer fantásticamente al rival.

“Desde el principio no hemos cedido en ningún momento el centro del ring a Collins”


Caes en el sexto. ¿Qué pasó exactamente en esa acción?

Pues es una acción un poco rara. Justo entro y Collins suelta la mano, yo creo que ni él se esperaba impactar. Es la típica mano que sueltas por soltar y me choco con su puño, me pilla mal posicionado de pie y acabo en el suelo. Hay golpe, por lo tanto la caída es lícita, es correcta, y en ningún momento me quejo.

Pero en mi cabeza ya hice clic. Dije, estamos fuera de casa, voy dos puntos abajo en ese asalto porque ya es un 10-8, y ahí es cuando me activo.

A partir de ese momento, en ese mismo asalto, consigo conectar una mano abajo muy buena y ahí veo en su cara que le ha cambiado completamente, que le he tocado.

Y dije, voy directamente a por él. La verdad es que acaba el asalto muy castigado y se va a la esquina con cara de “le he enfadado, a Cristóbal le he enfadado y esto no me gusta”.

“En mi cabeza ya hice clic, estamos fuera de casa y me activo”
“Le he enfadado, a Cristóbal le he enfadado y esto no me gusta”


En ese tramo él cree que estás tocado, asume muchos riesgos y tú encuentras los mejores golpes. ¿Qué errores detectas en su planteamiento en esos segundos?

Opino que Collins es un gran boxeador, muy inteligente, con mucha técnica y muy rápido, pero que en muchas ocasiones quiere demostrar que es un gran pegador, y creo que ahí es donde comete los errores.

Cada vez que consigue conectar una mano clara, va con todo a intentar acabar el combate. Le ha pasado en los dos enfrentamientos, cuando ha pensado que yo estaba dañado, ha abusado de querer noquear.

Ha puesto por delante su capacidad de noquear a su propio boxeo, y creo que ese es uno de los mayores problemas que puede tener un boxeador, querer ser alguien que no es.

“Ha puesto por delante su capacidad de noquear a su propio boxeo”


A nivel táctico, ¿dónde sientes que empezaste a tener el control definitivo del combate?

Desde el primer asalto, sin duda. Collins pensaba que esto iba a ser una continuación del combate anterior, que íbamos a ir a por todas sin sentido, simplemente a intercambiar golpes, y demostré que no.

Demostré que había cambiado técnica y tácticamente, que habíamos crecido mucho y que habíamos aprendido mucho.

Desde el primer momento me sentí dominando el combate, dominando la situación y pudiendo imponer mi boxeo.


Llega el momento de las puntuaciones y el juez americano y el local te dan ganador. ¿Qué sentiste al escuchar la puntuación del italiano Poggi?

Mi equipo me estaba diciendo en todo momento que teníamos la pelea ganada, que estaba todo controlado, pero en mi cabeza no dejaba de sonar la caída del sexto asalto, ese 10-8, y además el hecho de estar fuera de casa, donde muchas veces los jueces pueden ser más favorables al local.

Llegué a los últimos asaltos con cierta desconfianza. Recuerdo que en el undécimo me dicen que la pelea está ganada, que simplemente boxee y no cometa errores, y hago caso porque tengo plena confianza en mi esquina, tanto en Rafa como en Sándor.

Pero cuando llegó el momento de las cartulinas y escuché ese 116-111, pensé: “madre mía, lo que se nos puede venir encima”.

Por suerte, el juez americano y el escocés hicieron justicia, porque si no la verdad es que habría sido un chasco muy grande.

“En mi cabeza no dejaba de sonar la caída del sexto asalto, ese 10-8”


Silencioso, sobrio y humilde, tu personalidad se aleja del típico boxeador estrambótico y charlatán. ¿Eso se aprende en tu equipo o ya lo traías de fábrica?

Un poco de las dos cosas. En mi casa, gracias a mis padres, me han inculcado unos valores muy fuertes de respeto y humildad, pero sobre todo me han enseñado que si quiero algo tengo que luchar por ello, que nadie me va a regalar nada, ni en la vida ni en el boxeo.

Si quiero conseguir algo, tengo que sacrificarme y ganármelo yo.

Y luego está el gimnasio. Llevo aquí desde los cinco años, prácticamente he crecido con Rafa, mi entrenador, y eso marca mucho. He visto a grandes campeones venir al día siguiente de pelear, con la cara marcada, a dar clase a los más pequeños, a ayudar a los que empiezan.

Eso se te queda. Si alguien que estaba hace 24 horas en el ring está hoy enseñándote a vendarte y ayudando a los demás sin ningún tipo de soberbia, tú tienes que ser igual que ellos.

“Nadie me va a regalar nada, ni en la vida ni en el boxeo”


¿Ha sido Sándor ese ejemplo?

Sí, sí, por supuesto. Incluía a Sándor en ese grupo. Y también, por ejemplo, tengo grandes recuerdos de Loli Muñoz, que cada vez que disputaba un combate, al día siguiente venía al gimnasio a contarnos cómo le había ido, y además siempre nos traía una bolsa de chuches.

Todas esas cosas, esos detalles, son los que se te van quedando desde pequeño y los que han hecho que hoy sea como soy.


La esquina con Sándor y Rafa estuvo de diez en todas y cada una de las intervenciones entre asaltos. ¿Has podido ver el combate y apreciar cómo te iban llevando a la victoria con paciencia y psicología, indicándote en cada momento lo que necesitabas?

Soy un privilegiado por tener esa esquina. Rafa es un grandísimo entrenador y Sándor es un boxeador de talla mundial.

Esa esquina la llevábamos trabajando desde los sparrings. Ya me avisaron de que en esta pelea debía ser menos agresivo y más cerebral. Soy un boxeador al que le gusta la acción, me aburre cuando no pasa nada en la pelea, y me costaba entender que controlar el combate era el camino que me iba a llevar a la victoria.

Pero la verdad es que, exceptuando el desliz del sexto asalto, todo salió como lo habíamos planteado. Supieron tranquilizarme en cada momento, confío mucho en mi esquina, y con ellos es muy difícil fallar.

“Me costaba entender que controlar el combate era el camino que me iba a llevar a la victoria”


Si te digo el nombre de Bruce Carrington, ¿qué te dice?

Siempre que escucho su nombre me dan ganas de empezar la preparación. Estoy deseando que llegue el momento en que me digan “este va a ser tu día, este va a ser el día en que vas a cumplir tu sueño”.

La verdad es que lo estoy deseando.

“Siempre que escucho su nombre me dan ganas de empezar la preparación”


Gracias por atenderme siempre Cristobal-

«Gracias a ti».


En un tiempo donde el ruido muchas veces se confunde con el talento, Cristóbal Lorente representa todo lo contrario. Representa el valor del trabajo silencioso, de la constancia, de la humildad entendida como una forma de competir y de vivir.

Para nosotros, ya es campeón del mundo. Y lo es no por un cinturón, sino por la manera en la que ha llegado hasta aquí.

Aunque, viendo lo que ha demostrado, todo apunta a que ese momento también llegará.

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