AEBOX/José González “Ronin”—Anoche Ryan García necesitó poco más de cuatro minutos para recordarnos por qué, cuando hablamos únicamente de talento, estamos ante uno de los boxeadores más especiales de su generación.
Conor Benn salió como esperábamos: hacia delante, agresivo, buscando desde el primer segundo convertir el combate en una pelea incómoda. Ryan, sin embargo, supo mantener la calma, moverse y, sobre todo, observar.
Y para mí ahí estuvo una de las claves.
Ryan no tuvo prisa.
Durante el primer asalto fue leyendo las entradas de Benn. Sabía que tarde o temprano el británico iba a dejar un hueco intentando acortar la distancia.
Y llegó en el segundo.
Curiosamente, no fue su temido crochet de izquierda el que decidió el combate. Fue una derecha tremenda a la mandíbula, lanzada justo cuando Benn entraba hacia delante.
Caída.
Benn consiguió levantarse, pero Ryan entendió inmediatamente que estaba tocado. Fue a por él, descargó contra las cuerdas y el árbitro decidió detener el combate a 1:25 del segundo asalto.
¿Parada prematura?
Para mí, es discutible. Benn estaba tocado, eso está claro, pero personalmente me hubiera gustado ver unos segundos más. Estamos hablando de un Campeonato del Mundo y creo que Benn todavía merecía la oportunidad de demostrar si podía recuperarse.
Pero tampoco debemos permitir que esa polémica quite mérito a lo que hizo Ryan García.
Como entrenador, me quedo con algo muy sencillo y que repetimos constantemente en el gimnasio:
No siempre gana el que más golpes tira. Muchas veces gana el que mejor elige cuándo tirarlos.
Ryan esperó.
Ryan vio el hueco.
Y Ryan ejecutó.
Durante mucho tiempo hemos hablado más del personaje que del boxeador. De sus declaraciones, de las redes sociales, de sus problemas fuera del ring…
Pero detrás de todo ese ruido sigue existiendo un boxeador con unas condiciones naturales extraordinarias.
Velocidad, reflejos, precisión y una pegada que puede terminar un combate en cualquier momento.
Ahora aparece en el horizonte Teófimo López y vuelven a abrirse las puertas de las grandes noches.
Y yo, sinceramente, quiero verlas.
Porque si Ryan García consigue mantener la cabeza tan rápida como sus manos, podemos estar todavía ante la mejor versión de King Ry.
El talento siempre estuvo ahí.
Quizá lo que estamos empezando a ver ahora es al boxeador.
FUERZA, HONOR Y MUCHO BOXEO


