AEBOX/José González “Ronin” – Hay boxeadores que ganan títulos. Hay campeones que marcan una época. Y luego existen unos pocos elegidos capaces de cambiar el deporte que encontraron.
Katie Taylor pertenece a estos últimos.
Y quiero comenzar este artículo dejando clara mi opinión, porque esta vez no quiero esconderme detrás de estadísticas, cinturones o rankings:
Para mí, Katie Taylor es la mejor boxeadora de todos los tiempos.
Se podrán mencionar otros nombres extraordinarios. Claressa Shields, Amanda Serrano, Cecilia Brækhus, Laila Ali, Christy Martin, Lucia Rijker, María Jesús Rosa, Regina Halmich etc…y podríamos discutir durante horas.
Pero cuando valoro a una boxeadora no miro solamente cuántos cinturones tiene.
Miro cómo boxea.
Miro sus desplazamientos, su velocidad de manos, cómo entra y sale de distancia, cómo combina, cómo cambia el ritmo, cómo interpreta lo que está sucediendo delante de ella y, especialmente, qué hace cuando el combate empieza a ponerse realmente difícil.
Y ahí Katie Taylor siempre me ha parecido especial.
UNA BOXEADORA QUE UN ENTRENADOR DISFRUTA VIENDO
Como entrenador, hay boxeadores que ves por entretenimiento y otros que ves casi con una libreta al lado.
Katie pertenece a los segundos.
Su boxeo nunca se basó en una sola virtud. No era simplemente rápida. No era simplemente técnica.
Era una boxeadora tremendamente completa.
Su capacidad para lanzar combinaciones rápidas y salir de la zona de peligro, cambiar ángulos, entrar con decisión y volver inmediatamente a distancia era extraordinaria.
Pero había algo que siempre me llamó todavía más la atención:
Su capacidad para competir.
Porque la técnica puede enseñarse.
La condición física puede trabajarse.
La táctica puede prepararse.
Pero hay algo mucho más difícil de construir: esa personalidad que aparece cuando delante tienes a alguien que también quiere arrancarte el combate de las manos.
Katie tenía eso.
Y posiblemente por eso algunas de sus mejores noches llegaron precisamente cuando más difícil parecía todo.
ANTES DE SER LEYENDA PROFESIONAL, YA HABÍA HECHO HISTORIA
Para entender realmente a Katie Taylor hay que regresar al boxeo amateur.
Cinco campeonatos mundiales y seis europeos forman parte de un palmarés extraordinario. Y después llegó Londres 2012.
El boxeo femenino debutaba como deporte olímpico y Taylor consiguió el oro olímpico.
Aquello fue mucho más que una medalla.
Era una mujer que había comenzado a boxear cuando encontrar oportunidades para una niña dentro de este deporte era muchísimo más complicado que hoy.
Katie no llegó cuando el camino estaba preparado.
Ayudó a construir el camino.
Y creo que esto es fundamental para entender su grandeza.
Muchas de las niñas que hoy entran en un gimnasio, se ponen unos guantes y sueñan con competir, posiblemente no sean conscientes de cuánto cambió este deporte gracias a mujeres como ella.
Y ENTONCES LLEGÓ EL PROFESIONALISMO
Taylor debutó como profesional en 2016.
Diez años después se marcha con un récord de 26 victorias y una sola derrota, precisamente una derrota que posteriormente vengaría.
Fue campeona mundial en dos divisiones.
Campeona indiscutida.
Y terminó convirtiéndose tres veces en campeona indiscutida.
Pero nuevamente, creo que reducir su carrera a los cinturones sería cometer un error.
Porque su verdadera victoria fue conseguir que una pelea femenina dejara de ser simplemente “una pelea femenina”.
Era una gran pelea de boxeo.
TAYLOR–SERRANO: CUANDO TODO CAMBIÓ
Y aquí tenemos que detenernos.
Amanda Serrano.
Probablemente el nombre que quedará unido para siempre al de Katie Taylor.
Taylor y Serrano protagonizaron una trilogía que terminó convirtiéndose en una referencia para el boxeo femenino y llevó sus enfrentamientos a escenarios y audiencias que años atrás habrían parecido imposibles.
Pero personalmente hay algo de aquellos combates que me interesa todavía más que todo lo que significaron comercialmente.
Demostraron que el gran boxeo no entiende de género.
Dos deportistas extraordinarias entrando en un ring, realizando ajustes tácticos, sufriendo, intercambiando golpes y obligándose mutuamente a buscar soluciones.
Eso es boxeo.
Y punto.
LA DERROTA QUE TAMBIÉN EXPLICA SU GRANDEZA
Hay otro momento que para mí define perfectamente a Katie Taylor.
Chantelle Cameron.
En mayo de 2023 Taylor sufrió la única derrota de su carrera profesional.
Y entonces hizo algo que siempre valoro muchísimo en un campeón:
volvió a enfrentarse a quien acababa de derrotarla.
Nada de buscar un combate sencillo para recuperar confianza.
Nada de esconderse.
Quiso la revancha.
Y seis meses después derrotó a Cameron por decisión mayoritaria y se convirtió en campeona indiscutida en una segunda categoría de peso.
Para mí ahí aparece una de las mayores diferencias entre un campeón y una leyenda.
Una leyenda no necesita parecer invencible. Necesita demostrar qué hace después de descubrir que no lo es.
Y LLEGÓ LA ÚLTIMA NOCHE
5 de septiembre de 2026.
Croke Park.
Dublín.
Más de 80.000 personas esperando despedir a su campeona.
Y enfrente no pusieron una rival simplemente para completar la fiesta.
Flora Pili llegaba invicta.
Taylor volvió a hacer lo que llevaba haciendo toda una vida.
Boxear.
Controló la distancia, utilizó su velocidad, seleccionó las combinaciones y dominó el combate.
Las tarjetas fueron contundentes:
100-90.
100-90.
98-91.
Victoria por decisión unánime.
26-1.
Y un último campeonato indiscutido.
Difícil escribir un final mejor.
LOS GUANTES EN EL CENTRO DEL RING
Pero después llegó una imagen que probablemente recordaré mucho más que cualquiera de aquellos cinturones.
Katie Taylor dejó sus guantes sobre la lona.
El símbolo más sencillo posible para explicar que aquello había terminado.
Y creo que cualquier persona que haya pasado media vida dentro de un gimnasio entiende lo que significa ese gesto.
Porque nosotros vemos unos guantes.
Pero un boxeador ve años.
Madrugones.
Carreras.
Dietas.
Lesiones.
Vendajes.
Sacos.
Manoplas.
Sparrings.
Vestuario.
Nervios.
Victorias.
Derrotas.
Y miles de horas trabajando cuando absolutamente nadie estaba mirando.
Por eso dejar los guantes sobre la lona significa mucho más que retirarse.
Significa despedirse de una parte de tu vida.
PARA MÍ, LA MEJOR DE TODOS LOS TIEMPOS
Naturalmente esto siempre será discutible.
Y precisamente ahí está la belleza del boxeo.
Cada generación tendrá su favorita.
Pero yo tengo la mía.
Katie Taylor.
Por su boxeo.
Por su carrera amateur.
Por aquel oro olímpico.
Por sus campeonatos mundiales.
Por ser campeona indiscutida en dos divisiones.
Por levantarse después de su única derrota.
Por la trilogía con Amanda Serrano.
Por llenar estadios.
Pero, sobre todo, por algo que ninguna estadística puede medir:
porque dejó el boxeo femenino en un lugar muchísimo más grande que aquel en el que lo encontró.
Y quizá ese sea el campeonato más importante de todos.
Hoy muchas niñas entran en nuestros gimnasios sabiendo que pueden competir, ser campeonas, viajar con sus selecciones y algún día protagonizar una gran velada.
Katie Taylor ayudó a convertir ese sueño en algo normal.
Y cuando alguien consigue hacer eso, los cinturones terminan siendo secundarios.
Los campeones pierden sus títulos.
Los récords algún día se superan.
Pero hay algo que nadie puede quitarte:
haber cambiado tu deporte.
Katie Taylor ya dejó los guantes sobre la lona.
Pero su huella seguirá encima de ella durante generaciones.
Gracias, Katie.
Se retira la boxeadora.
Nace definitivamente la leyenda.
FUERZA, HONOR Y MUCHO BOXEO


