Ricardo Sánchez Atocha: «He hecho campeón de Europa a un padre y a un hijo. Ahora que venga otro y lo haga»

AEBOX/Gonzalo Campos

El técnico madrileño coronó en 1994 a José Luis Navarro ‘El Cazador’. Treinta y dos años después, ha hecho lo mismo con su hijo. Habla de la pelea, de las tarjetas, de la batalla campal y de su choque con la EBU.

Ricardo Sánchez Atocha tuvo que dejar de boxear con 20 años. Con 21 ya era entrenador, mánager y promotor. Desde entonces no se ha bajado de la esquina.

Por sus manos han pasado Poli Díaz, Javier Castillejo, Gabriel Campillo, Sergio ‘Maravilla’ Martínez y dos generaciones de Navarros. Títulos mundiales, europeos, pabellones llenos y derrotas que nadie recuerda salvo él. Más de cuatro décadas sosteniendo el boxeo español cuando el boxeo español no tenía quien lo sostuviera.

17 de diciembre de 1994. Vista Alegre, Córdoba, lleno hasta arriba. José Luis Navarro, ‘El Cazador’, gana el Europeo del wélter con Ricardo en la esquina. Yo estaba en aquel vestuario. Su hijo aún no había nacido.

3 de octubre de 2026. Boadilla del Monte. José Luis Navarro Jr., Pepe para los suyos, gana el Europeo del supermedio ante Damián ‘Guinea’ Biacho. En la esquina, otra vez, Ricardo. Ahora con 68 años.

Nadie había hecho campeones de Europa a un padre y a un hijo. Él sí. Hace tiempo me dijo que conseguirlo con Junior sería cerrar un círculo. Le pregunté si se cerró el sábado.

«Ahora que venga otro»

Cuando anunciaron a Navarro Jr. como nuevo campeón de Europa, ¿qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza?

—Que lo habíamos conseguido. Llevábamos mucho tiempo luchando para ser campeones de Europa. Y que ya había logrado hacer campeón de Europa a un padre y a un hijo. Ahora que venga otro y lo haga, Gonzalo.

¿Sentiste que el círculo se cerraba en ese instante?

—Sí. Tenía muchísimas ganas, también por Pepe. Estoy muy orgulloso de su trabajo, de su constancia, y también del mío. Que con 68 años siga ahí arriba y sea capaz de tener un campeón de Europa… Estoy muy, muy contento.

Yo estuve con vosotros en el vestuario de Córdoba. ¿Qué te vino a la cabeza cuando levantaron la mano del hijo?

—Que habían sido campeones los dos. El padre también estuvo en el ring. Fue muy bonito. Para mí ha sido un Campeonato de Europa determinante, porque van pasando los años y cada vez es más difícil. Esto se hace pesado, y seguir ahí, ahí, ahí… Pero Navarro Junior me da mucha energía, porque pone mucho de su parte.

El padre ganó en Córdoba, con el pabellón hasta arriba, contra un inglés zurdo. También fue un combate muy emocionante. Las dos peleas lo han sido, y de mucha alegría.

Amigos fuera, enemigos dentro

Navarro Jr. y Biacho son íntimos amigos y llevan años preparando juntos sus combates. ¿Cómo se prepara una pelea contra alguien que te conoce de memoria?

—Precisamente por eso la preparamos para contrarrestar toda su potencia, sus desplazamientos… Sabíamos que Guinea es un buen boxeador y que era un combate difícil. Eran amigos, son amigos y seguirán siendo amigos. Pero en el ring eran enemigos absolutos. Iban a arrancarse la cabeza, que es como tiene que ser este deporte.

Navarro lo tumbó en el sexto asalto, pero Biacho terminó muy fuerte. ¿Cómo iba tu puntuación mental?

—Sabía que estaba igualada, pero también que le habíamos hecho una cuenta. En mi cabeza, por poquito, la íbamos ganando. No tenía ninguna duda.

Guinea boxeó muy bien, le hizo fallar a Pepe y se movió como es él. Pero los golpes de poder los puso Pepe, y Guinea fue el que fue hacia atrás todo el combate. Pepe siempre fue buscando la pelea, como es Navarro.

Jueces de fuera

¿Es cierto que pediste que todos los oficiales fueran extranjeros, salvo el árbitro, que es de Alicante?

—El árbitro fue español porque me lo dijo Utrilla, y ya está. Pero yo quería que todos fueran extranjeros, para que no hubiera favoritismos.

Los dos tienen licencia de Madrid. Podría haber habido al menos dos árbitros madrileños, que no nos habrían costado nada. Pero no quería eso. Quería que fuera lo más neutral posible.

Lo siento mucho por Guinea, si así se siente, pero yo creo que no ganó.

Las tarjetas fueron 116-111 y 114-113 para Navarro, y 116-111 para Biacho. ¿Cómo se explica tanta diferencia?

—Eso casi siempre pasa en una pelea nivelada. A cada juez le gusta un tipo de boxeo. Uno ve quién boxea más bonito, quién se mueve mejor, y le va dando los asaltos. Otro se los da al que va hacia delante, al que mete los golpes de poder. No es para que se escandalice nadie. Es casi, casi normal.

Sillazos

¿Hablaste con Jero García y con el equipo de Damián después? Jero considera muy injusta la derrota.

—Estuvimos juntos y hablamos, pero no del resultado, porque no era el momento.

¿Qué viste realmente cuando empezaron los incidentes?

—Muy poco. Vi que se lió una terrible, que estaba todo el mundo dándose sillazos, que Guinea estaba en medio y que Jero estaba como alentando. Me pareció que ellos tuvieron un poquito de culpa. No sé si fueron los nervios, pero es lo que vi.

Supongo que serían los amigos, los familiares, la gente de Guinea, y que él bajaría a mediar, a defender… No sé. Pero estaba allí en medio, y Guinea no se tenía que haber bajado del ring en ningún momento.

Lo importante es que José Luis Navarro Jr. es campeón de Europa. Hemos crecido con derrotas, con muy malos momentos, y él ha ido mejorando, mejorando, mejorando. Cada vez boxea mejor, pega más y está más fuerte. Y tiene muchísimo margen, porque no tuvo carrera amateur. Estoy muy orgulloso de él. Esa felicidad no me la van a quitar ningún hijo de puta de estos.

Contra la EBU

¿Qué viene ahora para Navarro?

—Me gustaría que peleara en diciembre. No sé si una defensa del EBU u otra cosa, porque con la EBU estoy muy decepcionado. No puede ser que en un ranking oficial haya quince boxeadores, que ninguno quiera hacer el Campeonato de Europa y que no pase nada, que no los quiten a tomar por… No sé para qué los pone la EBU ahí arriba.

Guinea estaba el 11 o el 12. Pasamos por diez u once boxeadores y no quiso venir ninguno, sabiendo que había dinero y que se les pagaba bien. No lo entiendo. Es perder el tiempo. Es más práctico seguir una línea con la AMB, donde vamos bien, e ir haciendo eliminatorias.

Aquella noche de 1994, Ricardo me regaló la camiseta que llevaba en la esquina. Sigue en mi armario. Nunca me la he puesto.

Treinta y dos años después, la pregunta ya no es si alguien repetirá lo que ha hecho.

Es quién se atreve a intentarlo.

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