Hay derrotas que no necesitan una victoria para dejar algo positivo. GOAT Mido cayó por KO en el décimo asalto ante Samuel Molina, pero el de Torremolinos demostró valentía, ambición y una personalidad competitiva que merece ser reconocida. Se atrevió a enfrentarse a uno de los nombres más importantes del boxeo español, le plantó cara y obligó al excampeón de Europa a emplearse a fondo.
AEBOX/Vicente Campos/— El sábado, en Málaga, Samuel Molina hizo valer su experiencia y terminó imponiéndose a Mohamed Sahnoun«GOAT Mido», por KO en el décimo asalto. El resultado fue incontestable: Molina conservó su condición de vencedor y Mido sufrió la primera derrota de su carrera profesional. Sin embargo, reducir lo ocurrido sobre el ring únicamente al desenlace sería dejar fuera una parte importante de la historia.
Porque Mido no eligió un camino sencillo. Con apenas diez combates profesionales disputados y un récord invicto de 10-0, aceptó medirse a un boxeador de la categoría de Samuel Molina, un púgil consolidado, excampeón de Europa, con experiencia en grandes escenarios y acostumbrado a enfrentarse a rivales de primer nivel.
Era el desafío más exigente de su trayectoria. Y lo aceptó.
El valor de enfrentarse a uno de los grandes
En el boxeo profesional hay momentos en los que un deportista debe decidir si continúa construyendo su carrera paso a paso o si acepta una oportunidad que puede cambiarlo todo. Para GOAT Mido, la pelea contra Molina representaba precisamente eso: una ocasión para demostrar hasta dónde podía llegar.
Enfrente no tenía a un rival cualquiera. Samuel Molina llegaba con una trayectoria mucho más extensa, experiencia en combates de máxima exigencia y un nombre reconocido dentro del boxeo nacional e internacional. El malagueño sabía cómo gestionar una pelea de estas características y terminó demostrando por qué ocupa una posición destacada en el peso wélter.
Mido, por su parte, tenía mucho que ganar, pero también asumía un riesgo evidente. Una derrota podía poner fin a su condición de invicto, algo que finalmente sucedió. Aun así, aceptó el reto y salió a competir sin esconderse detrás de su récord.
Esa decisión merece ser valorada. No porque perder sea un mérito en sí mismo, sino porque atreverse a poner a prueba el propio nivel frente a un boxeador de la talla de Molina es una forma de demostrar ambición y voluntad de crecimiento.
Mido no fue un espectador de la pelea
El desarrollo del combate también dejó argumentos para reconocer el trabajo del hispano-argelino. Molina fue aumentando la presión, conectó golpes de poder y consiguió imponer su experiencia, pero Mido tuvo momentos en los que supo responder y plantear dificultades al campeón malagueño.
El enfrentamiento fue intenso, con intercambios exigentes y acciones que mantuvieron la atención del público. Mido no se limitó a intentar sobrevivir hasta la campana. Buscó sus oportunidades, trató de responder a los ataques y continuó compitiendo ante un rival que fue desgastándolo conforme avanzaban los asaltos.
La pelea terminó en el décimo, cuando Molina envió a su adversario a la lona en tres ocasiones y consiguió el KO definitivo. El resultado confirmó la superioridad del malagueño en el desenlace, pero no borra el hecho de que Mido aceptó medirse a un rival de enorme exigencia en una etapa todavía temprana de su carrera.
Perder el invicto duele, especialmente cuando se ha trabajado para mantenerlo. Sin embargo, también puede convertirse en una experiencia decisiva para un boxeador que pretende progresar y aspirar a objetivos mayores.
Quince minutos que cambiaron el ambiente, pero no el resultado oficial
El combate tuvo, además, un episodio que alteró su desarrollo. Una trifulca entre espectadores obligó a detener la pelea durante aproximadamente quince minutos. La interrupción enfrió a los dos boxeadores y rompió el ritmo que habían mantenido hasta ese momento.
Nada más terminar el enfrentamiento, todavía sobre el ring y dirigiéndose directamente a Molina, Mido explicó que consideraba que aquella pausa había podido cambiar el desenlace.
«Creo que si no llegamos a parar el combate, hubiera cambiado todo. Sinceramente creo que te hubiera ganado por KO», le dijo al malagueño.
Es la interpretación del propio Mido y debe entenderse como tal. No podemos saber qué habría sucedido si el combate hubiera continuado sin aquella interrupción. Lo que sí sabemos es que la victoria oficial correspondió a Samuel Molina, que terminó resolviendo la pelea por KO en el décimo asalto.
Lo relevante es que Mido expresó su opinión sin dejar de reconocer el mérito de su adversario. En la misma conversación, añadió: «Y ya está, felicidades, te lo mereces».
Una felicitación directa al hombre que acababa de derrotarle, que ayuda a entender la dimensión humana de lo ocurrido sobre el cuadrilátero.
La derrota ante su ídolo
Pero quizá el momento más significativo de la noche llegó cuando GOAT Mido dejó de hablar del resultado y se dirigió a Molina desde un lugar mucho más personal.
«Desde los 11 años llevo viéndote, Samuel. Samuel, quiero que sepas que has sido una inspiración para mí», confesó.
La frase tiene un valor especial. Mido acababa de perder su invicto frente a un boxeador al que llevaba años admirando. Había afrontado una de las pruebas más duras de su carrera y no había conseguido la victoria, pero aun así quiso reconocer públicamente la influencia que Molina había tenido en su camino.
En el deporte profesional, donde la rivalidad y la necesidad de ganar ocupan tanto espacio, reconocer de esa manera a un adversario después de una derrota dice mucho de la relación que puede existir entre la admiración y la competición.
Mido también dejó claro que no piensa rendirse. «Llegará mi día, señores. Os juro que, desde todo el respeto a Samuel Molina, algún día le ganaré por KO y a todo el que se me ponga delante», afirmó.
No es una promesa cumplida, ni una revancha confirmada. Es la declaración de intenciones de un boxeador que ha probado el sabor de la derrota y quiere regresar para demostrar que puede llegar más lejos.
¿El derrotado? El boxeo también se mide en lo que viene después
Samuel Molina fue el vencedor. Sería injusto no reconocerlo. El malagueño afrontó una pelea exigente, supo encontrar el camino hacia la victoria y terminó imponiéndose por KO en el décimo asalto. Su experiencia y su capacidad para cerrar el combate marcaron la diferencia.
Pero el deporte no siempre se explica únicamente con el nombre del ganador y el del perdedor.
GOAT Mido perdió su invicto, sí. También descubrió el nivel de exigencia que supone enfrentarse a un boxeador como Molina. Esa experiencia puede convertirse en una herramienta fundamental para su futuro, siempre que sepa extraer las lecciones necesarias y continúe trabajando para corregir sus errores.
Lo que no perdió en Málaga fue la oportunidad de seguir creciendo. Su juventud, su ambición y la disposición que mostró al aceptar este combate le permiten mirar hacia delante con nuevos objetivos.
A veces se reconoce a un boxeador por sus títulos, por sus victorias o por sus nocauts. Otras veces, también merece reconocimiento por los retos que acepta y por la manera en que afronta una derrota.
¿Fue GOAT Mido el derrotado de la noche? En el resultado, sin ninguna duda. Pero salir al ring frente a un boxeador de la talla de Samuel Molina, competir con valentía y reconocerle su mérito después de perder son razones para no reducir su actuación a una simple derrota.
Molina se llevó la victoria. Mido se marchó sin su invicto, pero con una experiencia que puede ayudarle a crecer y con el respeto de muchos aficionados. Ahora le corresponde demostrar en sus próximos combates que aquella noche en Málaga fue un punto de aprendizaje y no un techo para sus aspiraciones.
Porque en el boxeo, como en la vida, hay derrotas que pueden marcar el comienzo de una nueva etapa.
Foto: Adrian Rubio ADRUMOR


