Jose Luis Ramirez vs Pernel Whitaker, el sospechoso silencio de París.

Izquierdazo/ — Perrnell Whitaker fue dueño de los primeros cinco rounds de la pelea y terminó hincado con las manos cubriéndose la cara en señal de incredulidad por el veredicto de los jueces. Fue una noche donde el silencio abrazaba cada rincón del Stade de Levallois en París. Debió ser una de las noches gloriosas del boxeo mexicano, el día que José Luis Ramírez venció a un futuro Salón de la Fama como Pernell Whitaker, y sin embargo quedó como una noche rodeada de duda y sospecha.

José Luis “Zurdo” Ramírez se había mudado del pueblo sonorense de Huatabampo, a Francia, y ahí haría la segunda defensa de su cinturón ligero del Consejo Mundial de Boxeo aquel 12 de marzo de 1988.

Tanto el estadounidense Whitaker como el mexicano Ramírez eran de guardia zurda, pero de estilos contrastantes. Whitaker boxeaba sobre sus piernas, circulando el ring, jabeando, tirando golpes cuando retrocedía. Ramírez, era como un Julio César Chávez versión zurda, iba constantemente para adelante sin importarle demasiado lo que recibía, confiado de que alguna de sus pesadas manos aterrizaría en tierra prometida.

Lou Duva, uno de los entrenadores de Whitaker, acusó a Don King y a José Sulaimán de tener un acuerdo previo para que Julio César Chávez unificara su título ligero de la Asociación Mundial de Boxeo con el Zurdo Ramírez. “Arreglaron esta pelea, no hay duda en eso”, dijo en la transmisión en vivo después del combate en Francia. Y es que, a pesar de que la pelea entre Whitaker y Ramírez ya estaba acordada e incluso negociada con la televisión, el CMB se negaba a sancionar la pelea. Pero fue hasta que intervino la televisora ABC para que se cumpliera el acuerdo, que José Sulaimán y el CMB aceptó a sancionar la pelea y según versiones del momento, intentó presionar a Whitaker en el pesaje para que firmara un contrato en que se comprometía a enfrentar a Chávez en caso de ganar. Ramírez ya había firmado, pero Whitaker se negó a firmar, en franca rebeldía con el CMB.

Whitaker empezó fuerte el combate, y durante la transmisión de ABC los comentarios del legendario entrenador,Angelo Dundee, destacaban la hazaña que estaba logrando el estadounidense en la primera mitad de la contienda, especialmente para un joven de 24 años que buscaba su primer campeonato del mundo luego de 16 peleas como profesional.

Whitaker bailaba a su ritmo veloz y Ramírez era como una muchacha fea queriendo agarrar al chambelán. Mientras el contemplativo público de Paris le daba permiso de gritar a las esquinas para que se escucharan una a otra. Beatiful, beatiful”, le piropeaban al estadounidense. “Abajo, ahí. La zurda ahí, tírala”, le voceaban al mexicano. Pero la zurda rompía la brisa y nada más.

Después del sexto cambió la tónica y Whitaker sangraba un poco de la nariz. En su esquina le pedían que abrazara a su rival. “No puedo, no puedo”, replicaba el muchacho que peleaba. Dundee advertía que su compatriota, el muchacho ex olímpico con doscientas peleas amateur, no debía permitirse entrar en un intercambio con el mexicano de mano pesada, quien ya contaba con más de cien peleas profesionales.

El estilo elusivo de Whitaker ya no era tan aplicable en la recta final de la pelea, pues a esas alturas ya no le respondían tan bien las piernas. Abrazaba como podía mientras en su esquina le decían que estaba a punto de ser campeón del mundo. A Ramírez le aconsejaban cerrar mejor que en toda su vida. “Tenemos todo a favor”, le dijeron en su esquina. “Pero tienes que cerrar”. A pesar de que en la segunda mitad de la pelea Ramírez logró conectar más, Whitaker también lograba meter ráfagas, y fue más preciso que el mexicano.

Dundee tenía adelante al estadounidense en sus tarjetas pero como intuyendo lo que se venía, repitió: “De verdad nunca sabes”. 113-117, 118-113, 116-115. Newton Campos y Louis Mitchell vieron al mexicano vencedor en una decisión dividida. Harry Gibbs vio ganar a Whitaker por cuatro puntos.

José Sulaimán metió una demanda de un millón de dólares en contra de las acusaciones sobre un presunto amaño, pero la demanda fue retirada cuando Lou Duva aceptó no tener algún tipo de evidencia más directa para comprobar algún arreglo. A pesar de tener los merecimientos para ganar la pelea, Whitaker fue sacado del camino, y con eso quedaba la mesa servida para enfrentar a José Luis Ramírez contra Julio César Chávez.

Ramírez y Chávez unificaron títulos en octubre de ese mismo año. Whitaker le ganaría a Greg Haugen el campeonato mundial ligero de la FIB, tendría su revancha con “El Zurdo” y seguiría en el rumbo de convertirse en uno de los mejores peleadores libra por libra.

Se dice que “El Zurdo” Ramírez deambula por las calles de su tierra en Sonora vendiendo cualquier cosa para comer. Olvidado y silencioso, con los alaridos de la gente retumbando en sus oídos como grietas de una vida pasada, otra vida. El hombre que derrotó a un futuro Salón de la Fama jamás pudo disfrutar el triunfo, como si en realidad no le supiera a triunfo.