Lomachenko vs Lopez – Razón contra Pasión

AEBOX/Juan Álvarez/ — Año 431 a.C. El mundo, ignoto en su mayor parte a los ojos de la humanidad indoeuropea, orbita en torno a Grecia y el Mar Egeo. En un espacio de tierra minúsculo y aliñado con una constelación de miles de islas, dos superpotencias emergen: Atenas y Esparta. Dueñas del mar y de la tierra, paradigmas de la lucidez y la fuerza bruta respectivamente, chocan para demostrarse a ellas mismas y al mundo entero quién merece la hegemonía del vinoso Helesponto.

La batalla entre el elefante (Esparta, por su dominio de la tierra) y la ballena (Atenas, por su dominio del mar), como fue llamada por el historiador Tucídides, supondría un giro brusco en el devenir histórico. El bando vencedor habría de dominar el mundo conocido las siguientes generaciones, mientras que la ciudad derrotada habría de cargar por los siglos de los siglos con la mácula de la pérdida en una lucha sin cuartel.

El próximo 17 de octubre la batalla se trasladará de la Hélade al MGM Grand de Las Vegas donde Vasyl Lomachenko y Teófimo López se disputarán la hegemonía del peso ligero. Los candidatos a rey de las 135 libras comparten similitudes con los bandos anteriormente mencionados; Lomachenko, al más puro estilo ateniense, representa la perfección, el cálculo encima del cuadrilátero y la razón.

Teófimo López representa la pasión, la fuerza bruta y la intensidad dentro de las 16 cuerdas. El horizonte del vencedor de este pleito tiene ante sí como horizonte más cercano la conquista no solo del boxeo actual, sino de la historia del noble arte.

Vasyl Anatolievich Lomachenko, nacido en Odessa (Ucrania) se ha convertido en la máxima expresión del boxeo técnico. Entrenado desde su tierna infancia por su padre y actual entrenador para ser una superestrella en el deporte, desde su incursión en las 16 cuerdas ha demostrado una superioridad innata a la oposición rival. Desde amateur a la disputa de títulos mundiales, sus rivales siempre han lucido como meros sacos frente a
“Hi-Tech”.

Su impresionante récord amateur con casi 400 victorias solo cuenta con única derrota, haciendo valer el dicho de que la perfección absoluta es aburrida y artificial. Oro olímpico por partida doble, en su segundo enfrentamiento profesional ya disputó el título del peso pluma. En este pleito, contra el experimentado Orlando “Siri” Salido, Loma conoció por única vez la derrota en el profesionalismo. Desde entonces hasta ahora, ha ido escalando en divisiones y dificultad de sus rivales para colocarse con
solo 15 peleas profesionales y títulos en 3 divisiones diferentes, algo inalcanzable para simples boxeadores normales, pero algo casi lógico en un boxeador de alta tecnología.

Su estilo de entrenamiento difiere de todo lo conocido hasta la fecha. Haciendo valer la máxima de Cus D´Amato de que el boxeo es gran parte psicología, Anatoly, su progenitor y entrenador, entrena tanto el cuerpo como la mente de su hijo. Tras las clásicas jornadas de saco, sparring y acondicionamiento corporal, Lomachenko aparca los guantes para jugar al ajedrez o resolver rompecabezas.

El luchador que ha emergido de esta mixtura de talento natural y entrenamiento es, sencillamente, perfecto: una capacidad irrepetible para quitarse golpes, desplazamientos laterales imposibles y una nada desdeñable pegada para tratarse de un peso pequeño. Lomachenko se ha convertido en uno de los mejores boxeadores libra por libra, si no el mejor, de la actualidad, y nadie ahora mismo parece hacerle sombra a este ucraniano que parece construido a partir de boxeadores legendarios, como si de un moderno Frankenstein, el moderno Prometeo, se tratase.

Frente al cálculo y la tranquilidad en el ring se posicionará Teófimo Andrés López Rivera, que pretende ser la Némesis de Lomachenko. De origen hondureño pero forjado en las calles de Brooklyn, su ascensión hasta la cima de la división de los ligeros sólo se puede comparar en ferocidad a su desempeño dentro del cuadrilátero.

En el ámbito amateur, al igual que su rival del próximo sábado, Teófimo se comportó como un elefante en una cacharrería, conquistando los Golden Gloves en 2015. En su aventura olimpista de Río 2016, sin embargo, sucumbió en primera ronda ante el eventual medalla de plata Sofiane Oumiha. Teófimo abandonó el amateurismo en 2016 con un récord de 150-20 y la sensación de que cada paso que daba sobre el cuadrilátero le
acercaba golpe a golpe, asalto a asalto, a cinturones mundiales.

Teófimo López ha adaptado el entrenamiento de los boxeadores clásicos llevado a un máximo nivel. A imitación de otras leyendas como Marvin Hagler, alterna el boxeo con la ejercitación muscular hasta esculpir un auténtico destructor de 1,73m en el peso ligero. Su “modus vivendi” dentro de las 16 cuerdas no deja de ser clásico pero, a pesar de ello, resulta devastador, y en sus 15 compromisos como profesional aún no conoce la
derrota.

Teófimo suelta manos hasta dar la sensación de tener compromisos tras el
combate. No regala asaltos de tanteo ni golpes al azar. El ejecutar de sus manos resulta acompasado como un metrónomo pero contundente como un mazo de hierro. Su condición física le permite mantener un ritmo de combate alto de campana a campana, siempre adelante a imitación del estilo mejicano y nunca rechaza un intercambio de plomo en la distancia de la verdad.

Del vencedor del combate de este próximo sábado saldrá el nuevo monarca unificado de la división de los pesos ligeros. Todos los cinturones están en juego. Lomachenko llega con la vitola de favorito pero desde que se conoció de manera oficial el enfrentamiento, Teófimo ha insistido en que será el último hombre con el brazo en alto.

De igual manera que hace ya casi 2.500 años conocimos el despiadado choque entre una potencia en el campo de la razón como Atenas y la brutalidad como Esparta, el sábado se producirá el choque de dos boxeadores que extrapolan estas cualidades dentro del cuadrilátero.

Sustituyendo falanges hoplitas y trirremes por guantes y puños, el choque
entre Vasyl Lomachenko y Teófimo López supondrá un nuevo capítulo de la sempiterna batalla entre la razón y la fuerza.

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