Gervonta Davis vs Leo Santa Cruz – La batalla de El Álamo

AEBOX/Juan Alvarez/ — Misión de El Álamo, Tejas (Todavía Méjico), 1836. Tras los trece días que transcurren entre el 23 de febrero y el 6 de marzo, la resistencia numantina de los secesionistas tejanos termina con la muerte de todos ellos a cargo de las tropas del general Santa Anna. Este acto de resistencia heroica hizo que miles de voluntarios se alistaran a las filas rebeldes para, el 21 de abril de ese mismo año en la batalla de San Jacinto, derrotar al “invasor” mejicano y certificar la independencia de Tejas sobre Méjico.

En 1848 y tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, finalizaba la guerra entre Estados Unidos y Méjico, países ahora separados en la frontera del Río Grande. Nunca estos estados volverían a cruzar los sables, pero en el corazón del pueblo azteca sigue presente esa misión histórica de vengar la derrota de sus ancestros.

Año 1867. Apenas dos décadas más tarde. En la otra orilla del angosto océano Atlántico, el 9º marqués de Queensberry respaldaba públicamente las nuevas reglas del boxeo, que humanizaba, reglamentaba y, literalmente, convertía en un deporte civilizado los ya numerosos “combates” que se daban en la Gran Bretaña continental.

Estas nuevas reglas de boxeo (guantes, asaltos de tres minutos, ring con medidas fijas) relegaba al ostracismo a un espectáculo barriobajero impropio para el país más poderoso del mundo pero que gozaba de cada vez más aficionados.

Una vez aparcados los sables, fusiles y material de artillería, mejicanos y
estadounidenses, esta vez más en el plano simbólico que en el material, encontraron nuevas formas de seguir explotando su fratricida rivalidad durante años. El boxeo fue una de ellas. A lo largo de la historia de las 16 cuerdas hemos encontrado infinidad de pleitos a ambos lados de la frontera en el que un mejicano se enfrentaba a un estadounidense; Haugen vs Chávez, Canelo vs Mayweather… la confrontación del águila sobre el nopal y las barras estrellas hacía que la sangre de las dos naciones, con el pecho hinchado de orgullo patrio, bancaran a su compatriota en busca de la aniquilación al rival y al país contrario.

Siguiendo esta tónica ancestral, y como si del día de la marmota se tratase, ell próximo 31 de octubre se los aficionados al noble arte del pugilismo volveremos a asistir a la conjunción de estos dos acontecimientos históricos en una reunión de boxeo que promete ser uno de los pleitos del año.
Nuevamente en el Alamodome de San Antonio Texas el azteca Leo “El famoso terremoto” Santa Cruz se enfrentará al estadounidense Gervonta “Tank” Davis en duelo singular por los cinturones regular y supercampeón de los pesos superpluma y ligero de la AMB.

Leodegario Santa Cruz, de Huetamo Michoacán. Pura raza azteca desde que llegó al mundo en 1988. Pronto su familia cruzó la frontera del Río Grandes para instalarse de manera definitiva en el país de las oportunidades, concretamente Rosemead, California, antiguas posesiones mejicanas. Si algo caracteriza a la infancia de Santa Cruz, al igual que la de miles de sus compatriotas en condición de espaldas mojadas, es que tuvieron que pagar el duro peaje de la pobreza al instalarse en el país de las oportunidades. Santa Cruz es uno de esos ejemplos de cómo el boxeo salva vidas.

Desde su debut como profesional en 2006 hasta la actualidad, la carrera del terremoto ha sido una escalada hacia la cima, con escalones en diferentes divisiones y todos ellos superados con el mismo éxito. En la actualidad, pasa por ser uno de los pocos luchadores mejicanos que ha sido capaz de coronarse como monarca ecuménico en cuatro divisones diferentes (gallo, supergallo, pluma, superpluma).

Representante del estilo mejicano que hace las delicias de los más puristas aficionados, aún cuesta creer que su corazón le quepa en el pecho. De campana a campana la estrategia de Santa Cruz en cada pleito es la de intercambiar palo a palo con su rival y, a juzgar por su gran récord (37-1-1) no le ha ido nada mal. Sus victorias contra Carl Frampton o Abner Mares en dos ocasiones demuestran que el estilo mejicano y los guantes de Leo Santa Cruz son una unión inherente, algo intrínseco que no se pueden entender la una sin la otra.

Gervonta Davis, nacido en 1994 en Baltimore. La única razón por la que Jimmy McNulty no le detuvo es porque no tenía la edad suficiente. Si bien ha estado involucrado en el deporte de los puños desde los cinco años, la disciplina que normalmente nuestro deporte imprime en sus practicantes nunca apareció, nunca ha estado, aunque se la sigue esperando. Hasta la figura referencia de su propio gimnasio, su entrenador Calvin Ford, sirvió de inspiración para el personaje de Dennis “Cutty” Wise en la serie de David Simon, considerada una de las mejores de la historia.

Su carrera amateur pasó, al igual que las grandes estrellas estadounidenses, por la consecución de los Golden Gloves, el primer peldaño de la escalera hacia el cielo del boxeo. Su carrera profesional aún no conoce la mácula de la derrota (23-0) y destaca ante todo y sobre todo por su devastadora potencia de demolición con 22 rivales despachados antes del límite. Ser juez en una conflagración de Gervonta significa, casi con toda seguridad, que esa noche no tendrás trabajo. Su carrera profesional sufrió un giro copernicano cuando uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, Floyd
Mayweather, lo cogió en su seno para crear un nuevo púgil a su imagen y semejanza.

Por estilo y números, la creación de “Money”, de momento, va dando resultados. A pesar de ser problemático, haber tenido varios y serios problemas con la justicia (como buen personaje de The Wire) díscolo, indisciplinado (suele fallar en la báscula) y tan engreído como su padre deportivo, la carrera de Gervonta Davis transcurre viento en popa y a toda vela.

El choque entre Méjico y Estados Unidos del próximo sábado 31 de octubre será también un choque de dos maneras de entender el boxeo. La capacidad de los púgiles de imponer el suyo será determinante.

Leo Santa Cruz es un león con cicatrices, más viejo y experimentado, pero sus colmillos aún dan para seguir subyugando presas. La estratégica del terremoto será, previsiblemente, manejar en la distancia y, cuando llegue
el momento, marchar a la guerra y enzarzarse en el palo a palo con Gervonta, situación en la que el azteca tiene su lugar en el mundo.

Davis, por su parte, es más joven, más fuerte, rápido y explosivo, y probablemente lo fíe todo a buscar la victoria por la vía del cloroformo. Sus poderosos ganchos de ambas manos, proyectados con virulencia sobre
la humanidad rival, pueden poner en aprietos a Santa Cruz. Si Santa Cruz es capaz de imprimir su brutal ritmo de pelea puede cansar a Gervonta; de la misma manera, si Davis es capaz de imitar a Mayweather pega, esquiva y contragolpea, puede llevarse la victoria por ko o por puntos.

Santa Ana afirmó una vez que la frontera entre Méjico y Estados Unidos estaba en la boca de sus cañones. Santa Ana sucumbió. Estados Unidos prosperó. Casi 200 años después los emigrantes aztecas viajan a Texas con la sensación de quien vuelve a la que fue su casa y tal vez algún día lo vuelva a ser, mientras que el águila calva yanki defiende su terruño con uñas y dientes. 200 años después, aunque con guantes de por medio, asistiremos de nuevo a la batalla de El Álamo.

Deja una respuesta