Oleksandr Usyk vs Dereck Chisora – La edad de la inocencia

AEBOX/Juan Alvarez/ — En 1920 la escritora Edith Wharton le regalaba al mundo su mayor creación “La Edad de la inocencia”. Esta obra, galardonada con el premio Pulitzer el año siguiente, cuenta la pulsión y tensión en una decimonónica Nueva York entre las antiguas familias
“patricias” americanas, los genuinos descendientes del Mayflower, y los nuevos ricos que conseguían su nuevo statu quo a base de algodón, petróleo y máquinas de vapor.

En esta obra maestra de la literatura y al igual que en el mundo real y como parte de él, en el microcosmos del cuadrilátero surgen pulsiones, cambios que provocan auténticos terremotos en cada división. La irrupción de un nuevo campeón, un prospecto con ansias de derrocar a sus viejos ídolos y copar portadas de veladas estelares son las revoluciones que suceden de forma cíclica en el mundo del boxeo.

El filósofo y político sardo Antonio Gramsci dijo una vez: “El viejo mundo se muere, el nuevo no termina de nacer; en este claroscuro surgen los monstruos” y esta aseveración del genio italiano puede verse cumplida el próximo sábado 31 de octubre, noche de Halloween, con la aparición de un nuevo monstruo en la división de los pesos pesados, Oleksandr Usyk.
Oleksandr Oleksandrovych Usky nació un 17 de enero en Simferopol en un país que los más nostálgicos no ubican en un mapa sino en el corazón, la URSS.

Hoy parte de Ucrania, fue lugar en el que Usyk desarrolló su infancia y adolescencia, donde se prodigó en actividades físicas, aunque, en este caso, prefirió el fútbol, y llegó a estar en las categorías inferiores de clubes ucranianos.

Para su (nuestra) suerte, en 2002 cambiaba el cuero de posición, pasando de los pies a las manos, y se enfundaba unos guantes para no quitárselos jamás. Desde su irrupción en el deporte de los puños hasta su entrada en el profesionalismo, cosechó importantes triunfos en las categorías pesadas de nuestro deporte, como semipesado, crucero y pesado. Su mérito más importante hasta la fecha es el oro olímpico conseguido en las olimpiadas de Londres en 2012. Ya en el campo profesional, Usyk ha, literalmente, barrido la división del peso crucero, el primero en hacerlo desde Evander Holyfield, con un estilo, potencia y agresividad que llevaba décadas sin aparecer en una división que se suele presentar como transición hasta el pico de la montaña pugilística: la división de peso pesado. Usyk ya ha debutado en dicha división, con un pleito ante el ignoto Chazz Whiterspoon a quien despachó sin dificultad en siete asaltos. Ahora se enfrenta a su rito de iniciación en la división.

Dereck Chisora será el encargado de dar la bienvenida oficial a Usyk a la división de los pesados. Nacido en Harare pero criado en Londres, representa el estilo rústico y rocoso de los pesos pesados de la vieja escuela. Sin respeto por nada ni por nadie, es capaz de liarse a puñetazos con David Haye en un careo o de escupir a Wladimir Klitscko antes de enfrentar a su hermano Vityaly. Poco le importa a él el glamour y las buenas formas;
su medio de expresar emociones se ejecuta mediante golpes. Duro como el ladrillo rojo y macizo que inunda las fachadas británicas, desde su irrupción en el cuadrilátero dejó claro que solo se pone los guantes para ir a la guerra, como si de un templario bajo mandato divino se tratase. Desde que en 2007 comenzase en el profesionalismo, se ha fajado con la flor y nata de la división, enfrentando a los campeones con los que se ha cruzado en todo este tiempo. Algunas de las derrotas que maneja en sus estadísticas son contra auténticas glorias con los que otros, en sus mismas circunstancias, ni se habrían atrevido a mirar a la cara. Chisora, forjado en el arte de la guerra, posee lesiones, cicatrices y tumefacciones permanentes que cuentan, a modo de parábola, la crudeza y peligrosidad de habitar en la categoría reina del boxeo mundial.

El pleito que enfrentará los caminos de estas dos moles como si de un accidente ferroviario se tratase es de pronóstico reservado. Por actitudes, condición física y proyección, la batalla se ha presentado como una mera puesta en marcha del rodaje de Usyk en esta división desconocida para él, preparándole, de alguna manera, para los futuros retos que ha de solventar. Si quiere seguir los pasos de Holyfield y obtener y unificar cinturones en esta nueva división, Chisora habría de ser el menor de sus problemas. No obstante Chisora, que ha sido varias veces campeón internacional por
diferentes organismos reguladores, se niega a ser el convidado de piedra en esta macabra noche y aspira a dar un golpe sobre la mesa. Su ferocidad y capacidad de sufrimiento le convierten en todo menos en un plato fácil de digerir.

Sobre el papel, Usyk se dedicará a manejar la distancia y los desplazamientos laterales con combinaciones cortas cambiando alturas, mientras que Chisora cuenta como único y mejor plan el dar estacazos hasta que mate o muera. Usyk se enfrenta a una prueba física y de madurez boxística y mental.

Para Usyk el plácido tránsito que vivió en la división de los pesos cruceros no pasa de ser ya un bonito recuerdo. En esta nueva categoría se han acabado las “tonterías” de vencer sin prácticamente oposición. Toca demostrar que es capaz de sentarse en la mesa de los grandes nombres del peso mundial y Chisora no está dispuesto a dejarle entrar en esta conversación.

Es la hora de la guerra, se ha acabado la edad de la inocencia.

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