Valdez sometió a Berchelt y ejecutó el ko del año

Juan Álvarez/AEBOX/—En las mismas fechas en las que el mundo del boxeo rememoraba el Chávez-Haugen y el primer Morales-Barrera, la nueva hornada de guerreros aztecas se preparaba para escribir sus propias líneas en los anales del boxeo mexicano.

Llegaba el 21 de febrero y por fin Miguel Berchelt se enfrentaba a Óscar Valdez por la faja verde y oro del CMB del peso superpluma. Atrás quedaban las posposiciones por la pandemia, las gestiones y las entrevistas.

Valdez-Reynoso en una esquina. Berchelt-Caballero en la otra. Instrucciones del referí. Choquen guantes. Buena suerte.

Empieza el combate y las acciones se dirigen al centro del ring. El campeón, con pantalón blanco azul , comienza a soltar su jab. Valdez, amarillo y negro, apostado detrás de sus guantes, cabecea, se quita manos y espera su momento.

Se produce una situación paradójica ya que el más propositivo es Berchelt, que lanza más golpes, como si fuera el aspirante. Valdez, tal vez el Valdez más cerebral que hemos conocido, es muy económico en este primer asalto. Lanza varios jabs de contragolpe y algún croché lejano con la izquierda. Pelea inteligente y parece sereno y paciente como el santo Job.
Asalto igualado pero 10 puntos a la esquina de Valdez.

Segundo y tercer asalto similares. Berchelt intenta caminar hacia delante lanzando golpes, acorta el ring intentando encerrar a Valdez contra las esquinas; éste, sin embargo, tira de cintura y se saca cada vez más golpes, cada vez saca más manos y camina hacia delante y atrás con más firmeza y soltura.

Como una estalactita perdida en alguna fosa de un lugar remoto, se va formando debajo de Valdez y por goteo un saco de asaltos ganados que pueden decantar la pelea a su favor.
10-9 de nuevo para el púgil puro Sonora

El cuarto asalto comienza a desatar la guerra total. Mientras que a Berchelt se le acaban las ideas y cuyo plan parece ser soltar golpes y nada más, Valdez comienza a alternar la serenidad con el fuego con el que nos tenía acostumbrado en otros tiempos. Izquierda curva sobre la quijada de Berchelt, al que las piernas se le deshacen como una pirámide de naipes construida por un jugador sin pulso. Valdez huele la sangre y ataca con todo. El árbitro cuenta. Berchelt es capaz de llegar a su orilla vivo.

En el quinto se continúa la conversación tras el punto aparte del cuarto asalto. Valdez, confiado, alterna razón y pasión, lo cerebral del estudio y el cabeceo con intervalos de intratable furia que le hacen conectar repetidos crochés arriba y abajo sobre el campeón.

A Berchelt el golpe del cuarto asalto le ha abierto una vía de agua por la que se le escapa la fuerza y la decisión, lanza golpes sin guerra y anda con piernas sin alma.

O se recupera en la esquina o todo parece indicar que solo el padre tiempo es lo que se interpone entre Valdez y su segunda división conquistada.
Terminado los cinco asaltos iniciales, todos caen para el lado de Valdez.

No hay nada más ilustrador del boxeo que las miradas de los púgiles entre asaltos. Se podrían dar las puntuaciones solo viéndoles el rostro y los jueces fallarían menos que en la actualidad.

La mirada del campeón al llegar a su banqueta no existe. Se sienta y mira un punto fijo. Demasiado atareado en respirar y recuperarse física y mentalmente de todo lo que está acaeciendo en el Ring. Caballero le habla pero su atenta no es más que parte del sonido ambiente y Alacrán no reacciona.

Valdez por su parte tiene la mirada viva. Se siente y mueve los ojos. Mira a Reynoso, le responde, mira a su padre/asistente y bebe agua. Habla con todos. Respira hondo y aún le anda sobrando tiempo.

Sexto asalto en la misma tónica pero un Berchelt-Caballero más preciso y recuperado le permite ganar este asalto. Con algo más de aire y de moral Berchelt no está recuperado, tampoco perdido.

Valdez sigue tranquilo. Se ha perdido una batalla pero se va ganando la guerra.

Campana final y a la esquina.

Séptimo y todo igual que en el sexto.
Berchelt quiere comenzar a escalar el Anapurna de la remontada tras perder cinco asaltos. Comienza a recuperarse y sus golpes tienen cada vez más fuerzas, sus piernas pisan fuerte el Canvas. Varios golpes conectan contundente sobre Valdez, que no obstante luce sereno.
Para acabar este round vuelve a martillear al campeón con una combinación dura, tosca. No ha ganado el asalto pero esos golpes le hacen recordar al Alacrán que de momento va abajo.

Pegar y que no te peguen. Pegar y que no te peguen. La esencia del boxeo. Golpe y movimiento. Puños, cintura, cadera. Reynoso lo sabe y manda a su pupilo a lucir boxeador olímpico. Valdez tiene una condición física excelente y camina con soltura alrededor del ring, golpea a Berchelt y baila a su alrededor. La izquierda que lleva toda la contienda atravesando la muralla del campeón lo sigue haciendo. Cada vez el agravio es mayor. En el noveno, por instantes, aparece el Valdez de antaño, el que intercambiaba golpes con Quigg en la corta distancia a pesar de tener la mandíbula rota. Vuelve a tumbar a Berchelt. El corazón del campeón le hace levantarse. No tiene piernas y nuevos impactos de Valdez le hacen tambalearse. Vuelve a sobrevivir. Si Berchelt fuese gato y no alacrán hoy habría consumido ya dos vidas.

En el minuto de impasse entre asaltos, el árbitro se dirige a la esquina de Berchelt. No va a permitir más castigo.
Por su parte, Valdez respira tranquilo. Si todo sigue así, su victoria es cuestión de tiempo. Calma y euforia con seriedad y altura de miras. Segundos fuera, ajustado el yelmo toca volver a la batalla.

Décimo asalto. A Valdez le entra todo. Berchelt no para nada. Las dos manos del de Sonora percuten el rostro del campeón, todo corazón, que deambula por el ring. No tira golpes y apenas es capaz de seguir la vista de un escurridizo Valdez que parece tener las piernas y los pulmones intactos.
Faltando pocos segundos para finalizar el décimo episodio parece que Berchelt quiere avanzar golpeando cuando de repente y sin que nadie lo esperara una bomba en retroceso de Valdez conecta sobre Berchelt.
El campeón se derrumba para no volver a levantarse. Ko fulminante que deja a Berchelt desparramado sobre el cuadrilátero mientras su oponente celebra a escasos metros.

Una vez que se recupera, su rival y quién le acaba de arrebatar la gloria del cinturón se arrodilla delante de él y ambos se funden en un abrazo. Habrá tiempo para la celebración del título, primero se celebra que ambos han acabado la guerra vivos.

Ahora el cinturón Verde y oro del superpluma CMB está en posesión de Óscar Valdez. Su segunda división. Lo que quede por conseguir solo el tiempo lo dirá.

Foto: Top Rank

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