AEBOX/Gonzalo Campos.
En el convulso panorama del boxeo amateur, donde durante años la corrupción, el clientelismo y la falta de transparencia han sido más norma que excepción, la irrupción de World Boxing no solo representa una alternativa: es una necesidad. La expulsión definitiva de la IBA del Comité Olímpico Internacional (COI) en 2023 marcó el final de una era y, al mismo tiempo, abrió la puerta a un futuro más limpio, democrático y sostenible para este deporte en su vertiente olímpica.
La IBA, dirigida durante los últimos años por Umar Kremlev y fuertemente respaldada por la financiación rusa a través de Gazprom, perdió toda legitimidad ante el COI. A pesar de múltiples advertencias, su negativa a implementar reformas profundas en materia de gobernanza, independencia arbitral y sostenibilidad financiera selló su destino. Su caída no es solo un castigo: es la consecuencia lógica de décadas de mala praxis.
Ante este vacío, nace World Boxing, una federación formada por países clave como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y otras potencias tradicionales del boxeo amateur. Su premisa es clara: devolver al boxeo su lugar dentro del Movimiento Olímpico, garantizando transparencia, justicia competitiva y representación democrática. En apenas dos años ha ganado terreno, celebrando campeonatos propios y sumando federaciones nacionales a su causa.
El 22 de mayo pasado, España se sumó oficialmente a esta corriente, al ser aceptada como miembro de pleno derecho de World Boxing. La decisión, impulsada por la Real Federación Española de Boxeo, fue bien recibida en el entorno olímpico y demuestra un compromiso claro con un modelo de gobernanza ética y con la preservación del acceso de sus púgiles a los Juegos Olímpicos.
«España no podía quedarse al margen de este cambio histórico. Nuestros deportistas merecen un marco justo y transparente que garantice su desarrollo y su presencia olímpica», declaró en su momento el presidente de la federación española Felipe Martínez.
¿Y la IBA?
Hoy, la IBA vive en una especie de limbo: sin Juegos Olímpicos, sin el respaldo de la mayoría de potencias deportivas y sin el prestigio que alguna vez tuvo. Su intención de organizar torneos paralelos o crear una suerte de «mundial alternativo» no deja de ser un intento desesperado por mantener cierta influencia, pero carece de sustancia. Las grandes promesas del boxeo amateur saben que su futuro —y sus contratos profesionales más lucrativos— pasan por el escaparate olímpico. Y ese escenario ahora lo controla World Boxing.
El dilema de las federaciones neutrales
Quedan, sin embargo, federaciones que aún no han hecho el salto a World Boxing, ya sea por cautela política, lealtades pasadas o miedo a represalias económicas. Pero con los Juegos de Los Ángeles 2028 en el horizonte y la exclusión de la IBA como algo irreversible, seguir atados a una entidad fuera del circuito olímpico es condenar a sus atletas a la irrelevancia. El deporte no puede seguir rehén de dirigentes que anteponen su poder personal al desarrollo de los boxeadores.
El futuro se llama World Boxing
Si bien World Boxing aún está en construcción, su nacimiento es una rareza en el mundo del deporte: una federación internacional creada no por intereses económicos, sino por la necesidad urgente de rescatar un deporte olímpico de su propia implosión. Su desafío ahora es consolidar su calendario, ampliar su base de miembros y ganarse la plena confianza de los atletas.
Pero el primer paso ya está dado. El boxeo, al menos el olímpico, tiene una nueva casa. Y la IBA, símbolo de una época oscura, parece condenada a la irrelevancia. El ring ha cambiado de dueño. Y, por una vez, el veredicto parece justo.



