AEBOX/Gonzalo Campos
No se trata de patriotismo. Tampoco de buscar excusas. Se trata de ver boxeo. Y lo que muchos vimos el pasado viernes en el Madison Square Garden fue una actuación técnica, inteligente y valiente por parte de Jennifer Miranda, que dominó buena parte de los asaltos ante una campeona consolidada como Alycia Baumgardner. Lo que vino después —una decisión unánime con tarjetas de 98-92, 98-92 y 97-93— fue un desenlace injusto y desconectado del desarrollo real de la pelea.
El boxeo que no entra en las tarjetas
Desde el segundo asalto, Miranda tomó el control con su jab, desactivó las entradas explosivas de Baumgardner y fue sumando puntos con limpieza y constancia. Ganó con claridad el segundo, el tercero, el quinto y el octavo asalto, y mantuvo la iniciativa en varios tramos igualados. Incluso cuando la pelea se desordenó, Jennifer mantuvo su planteamiento: orden, desplazamientos, golpes rectos.
No necesitó ser espectacular, porque fue eficaz. Pero eso, una vez más, no bastó para convencer a tres jueces que vieron una pelea completamente distinta.
El veredicto duele más que la derrota
Las tres tarjetas dieron amplia ventaja a Baumgardner, cuando lo visto sobre el ring contaba una historia más pareja. En un escenario como el Madison, con todos los factores externos en contra, Miranda se comportó como una campeona. Y no por resistir, sino por competir. Por sacar ventaja. Por mostrar que está al nivel más alto del boxeo femenino mundial.
No se trata de negar méritos a la campeona. Pero sí de exigir justicia en la evaluación. Porque si esto no se señala, el mensaje que se manda a cualquier boxeadora que se lo juega todo fuera de casa es simple: no importa lo que hagas, si no formas parte del sistema, no ganarás.
El boxeo necesita justicia para tener futuro
Lo que vimos el viernes fue una Jennifer Miranda que merece otra oportunidad, otro escenario y otra lectura más honesta. Lo que no puede permitirse el boxeo —ni siquiera el que presume de estar en su momento de mayor visibilidad— es ignorar actuaciones como la suya.
Porque si no premiamos a quien pelea mejor, ¿para qué sirve todo lo demás?


