AEBOX/Gonzalo Campos/Foto: Jesus Cruces.

El boxeo español atraviesa un momento de madurez que va más allá de los resultados puntuales. El crecimiento del boxeo olímpico, la progresiva consolidación del profesionalismo y la aparición de nuevas generaciones de boxeadores y entrenadores obligan a mirar el deporte desde una perspectiva más amplia: la de la gestión, la estructura y el legado.
En ese contexto, conversar con Felipe Martínez, presidente de la Federación Española de Boxeo, supone una oportunidad para analizar no solo lo ocurrido durante el último año, sino también los cimientos que se están construyendo para el futuro. Profesional y olímpico, formación, transparencia, rankings, entrenadores y visión a largo plazo forman parte de un debate que ya no puede aplazarse.
Porque el boxeo español no solo compite: aspira.
Balance del último año
— Cuando miras atrás y analizas el último año, ¿qué balance haces del boxeo español tanto en el ámbito olímpico como en el profesional? ¿Dónde crees que se ha avanzado más y dónde siguen estando los principales retos?
Felipe Martínez:
Si miro el último año con perspectiva, el balance es claramente positivo, aunque no exento de retos. En el ámbito olímpico se ha avanzado de manera sólida: hay más estructura, mayor profesionalización en los equipos técnicos y una base de boxeadores jóvenes que empieza a competir con regularidad internacional. No hablo solo de resultados concretos, sino de continuidad, método y cultura de trabajo.
En el boxeo profesional, el crecimiento ha sido evidente en visibilidad y actividad. Se han realizado más veladas y ha habido más oportunidades para los boxeadores, aunque aún queda mucho por hacer. Seguimos lejos de donde deberíamos estar como país con tradición boxística. El reto sigue siendo la estabilidad, evitar proyectos efímeros y construir carreras con planificación real.
Si tuviera que resumirlo, diría que hemos avanzado más en actividad que en estructura. Eso nos obliga a invertir en gestión, porque podríamos morir de éxito si no lo hacemos. El boxeo español tiene talento; el desafío es ordenarlo, protegerlo y hacerlo crecer de forma sostenible.
Además, todo esto se produce en un contexto cambiante, con nuevas normativas y realidades. El boxeo es un negocio y negarlo sería ingenuo, pero precisamente por eso la Federación debe actuar como garante del interés general. No está para competir con promotores o televisiones, sino para ordenar y proteger el ecosistema.
Parte del valor económico que genera el boxeo debe revertir en la propia estructura federativa: formación de entrenadores y árbitros, desarrollo del boxeo olímpico, programas de tecnificación y protección del deportista. La clave está en encontrar un equilibrio entre permitir que el negocio sea atractivo y rentable, pero siempre bajo reglas claras. El interés privado es necesario; el interés general es irrenunciable.
Boxeo olímpico: crecimiento y consolidación
— Existe la sensación de que el boxeo olímpico español está muy cerca de consolidarse como una potencia internacional. ¿Compartes esa percepción? ¿Qué factores han sido determinantes para este crecimiento?
Felipe Martínez:
Sí, comparto esa percepción, pero con una matización importante. Una potencia no se consolida solo con resultados puntuales, sino con estructura, continuidad y credibilidad internacional. En ese sentido, estamos mucho más cerca que hace unos años, aunque hablar de potencia son palabras mayores. Me conformo con que se nos considere un país fuerte y a tener en cuenta.
Han sido determinantes varios factores. En primer lugar, el refuerzo de la base: más licencias, más competiciones, mejor detección de talento y un trabajo más ordenado desde edades tempranas. Esto permite relevo generacional y profundidad cuando llegan los campeonatos importantes.
En segundo lugar, la profesionalización de los equipos técnicos, dirigidos por Rafa Lozano. Hoy se trabaja con mayor coordinación, criterios más claros y una planificación más racional del calendario internacional. Se ha pasado del esfuerzo individual a un modelo más colectivo.
También ha sido clave la exposición internacional constante. Competir fuera, medirse con escuelas potentes y asumir derrotas como parte del aprendizaje ha elevado el nivel competitivo y la madurez de nuestros boxeadores. Ya no se viaja solo a “ver qué pasa”, sino a competir con una idea clara de progreso.
Por último, el cambio de mentalidad. Hoy el boxeador olímpico español cree que puede estar entre los mejores. El reto ahora es sostener este crecimiento en el tiempo y seguir invirtiendo en formación, estructura y estabilidad.
Olímpico y profesional: una continuidad necesaria
— Tradicionalmente se ha hablado del boxeo olímpico y el profesional como mundos separados. ¿Está cambiando ese enfoque?
Felipe Martínez:
Ese enfoque está cambiando y es inevitable. Durante muchos años se entendieron como mundos casi estancos. Hoy esa visión no responde a la realidad ni a las necesidades de los boxeadores.
Cuando boxeadores del Equipo Olímpico pasan al profesionalismo se genera controversia, pero no son diferentes a los demás y tienen los mismos derechos. Lo coherente es que los mejores boxeadores representen a nuestro país. El reto para la Federación es mantener ese talento, porque reciben propuestas constantes.
La Federación debe mantener orden y coherencia y preservar la ilusión por representar al país. Olímpico y profesional no son caminos opuestos, sino fases distintas de una misma carrera deportiva.
El papel de la Federación en el boxeo profesional
— ¿De qué manera puede la Federación reforzar el ecosistema profesional sin invadir competencias?
Felipe Martínez:
La clave está en entender el papel de la Federación como arquitecto del sistema, no como promotor. Reforzar el ecosistema profesional es crear un marco sólido y previsible.
Eso pasa por rankings claros, criterios objetivos, calendarios coordinados y una trazabilidad real de la carrera del boxeador. También por transparencia y seguridad jurídica en licencias, controles médicos, arbitrajes y procedimientos disciplinarios. La Federación debe ser una garantía de equidad y protección del deportista.
En el ámbito internacional, debemos actuar como puente institucional. En algunos casos los organismos han optado por interlocutores individuales, y ante eso el enfoque debe ser pragmático: no confrontar y estar disponibles cuando beneficie al boxeo español.
Un ecosistema sólido no se construye solo con boxeadores, sino con profesionales cualificados y una estructura coherente.
Ranking nacional amateur
— ¿En qué punto se encuentra el proyecto de ranking nacional amateur?
Felipe Martínez:
Es un punto absolutamente clave. Un ranking nacional amateur es un elemento de orden, transparencia y credibilidad. Existe una normativa, pero se dejó de lado por la falta de colaboración necesaria para aplicarla.
Hoy contamos con herramientas digitales, pero el reto es organizativo. Además, un ranking debe tener un objetivo claro, porque el dato por sí solo no lo dice todo.
No es un proyecto descartado. Se valora una implantación progresiva, comenzando por competiciones oficiales de ámbito nacional. El ranking permite seguir trayectorias, facilita decisiones deportivas y conecta de forma natural con el boxeo profesional.
Ranking nacional profesional
— ¿Y el ranking nacional profesional?
Felipe Martínez:
Ya existe un ranking nacional, pero no puede plantearse como uno mundial. El número de boxeadores es limitado y cerrar combates entre españoles es difícil. Muchos managers prefieren desarrollar las carreras con otros rivales.
La experiencia dice que con obligaciones poco se consigue y que quienes se juegan el dinero son los promotores. Aun así, por el crecimiento del boxeo profesional y por dignificar a nuestros deportistas, se ha planteado un nuevo formato que pronto verá la luz y que puede ayudar a revalorizar el título nacional, respetando que la última palabra la tienen promotores y managers.
Formación y entrenadores
— ¿Por qué no crear un Colegio Nacional de Entrenadores o una escuela común?
Felipe Martínez:
Es un tema sensible. La palabra escuela son palabras mayores. Cuando hablamos de una escuela hablamos de un modelo técnico sostenido en el tiempo, no de cursos puntuales.
España tiene grandes entrenadores y mucho conocimiento, pero también diversidad de estilos. Eso es una riqueza, pero hace compleja la creación de una escuela única, además del marco competencial actual.
Desde la Federación se trabaja en un espacio común de formación para canalizar ese conocimiento, fomentar el intercambio y elevar el nivel medio. Una escuela no se decreta, se construye con tiempo, consenso y resultados. No es solo una cuestión presupuestaria, sino de implicación de todos.
Olímpico y profesional: mirada a largo plazo
— ¿Compartes la visión de que el crecimiento del boxeo olímpico puede llevar a España a ser competitiva también en el boxeo profesional?
Felipe Martínez:
Sí, comparto plenamente esa visión. El crecimiento del boxeo olímpico español crea las condiciones para que, a medio y largo plazo, España pueda aspirar a ser competitiva también en el boxeo profesional. Pero cada ámbito tiene dinámicas y necesidades de financiación distintas.
El boxeo olímpico ha dependido en gran parte del apoyo público, mientras que el profesional depende de financiación privada. Ahí es donde la Federación quiere poner las primeras piedras para que esa transición sea real.
Televisión y centro especializado (intervención directa)
Felipe Martínez:
Antes de responder, te pregunto yo: ¿ves importante que el boxeo vuelva a la televisión, con un programa semanal, una liga televisada y eventos profesionales? ¿Y tener un centro especializado del boxeo español con tecnología, sistemas de entrenamiento y recuperación?
En esto se está trabajando. Creo que es verdaderamente importante y que nos hará crecer mucho y bien. Son proyectos que, estoy seguro, pondrán al boxeo español en un escalón más alto. Si no pasa nada, esto sucederá en 2026.
Autocrítica y liderazgo
— ¿En qué no puede volver a fallar la Federación si quiere liderar este nuevo crecimiento?
Felipe Martínez:
Esta cuestión hay que abordarla con autocrítica. En determinados momentos no hemos sido lo suficientemente estrictos en el cumplimiento de protocolos y criterios comunes, muchas veces con buena intención.
Cuando el deporte crece, esa flexibilidad deja de ser viable. Una Federación que quiere liderar necesita marcar rumbos claros y exigir que se sigan. El aprendizaje es claro: más claridad normativa, más exigencia y menos excepcionalidad. El orden no frena el crecimiento; lo hace sostenible.
En lo deportivo ocurre lo mismo: hay que mantener coherencia y sostener los proyectos en el tiempo. Liderar implica asumir decisiones que no gustarán a todos, pero que respondan al interés general. Solo así se pasa del crecimiento a la consolidación.
— Gracias por atenderme, presidente.
Gracias a ti.


