AEBOX/Gonzalo Campos

La posible incorporación de Annabell Honert Asúa al boxeo español no es solo una cuestión administrativa o deportiva. Detrás hay una historia personal profunda, un vínculo emocional con España y una trayectoria poco común en el deporte profesional. Policía en Alemania, invicta como boxeadora profesional y con una extensa carrera previa en deportes de contacto, Honert explica en AEBOX por qué este es el momento de recuperar su nacionalidad y mirar hacia España como horizonte deportivo.
Estás en pleno proceso de recuperación de la nacionalidad española. ¿En qué punto se encuentra actualmente el trámite y qué te llevó a iniciarlo justo ahora, en este momento de tu carrera deportiva?
Ya hemos presentado toda la documentación en el Consulado. ¿Qué me llevó a iniciarlo? Es fácil. Siempre pertenecí a España, de corazón y de alma. De pequeña, cuando mi madre me decía que había nacido en Alemania y no en España, yo lloraba mucho, de pura decepción.
Mi nacionalidad siempre ha sido muy importante para mí. Haberla perdido por un error familiar fue un horror. Intenté recuperarla varias veces, pero me perdí en el camino: estudios, trabajo duro día y noche, entrenamientos… no quedaba mucho tiempo libre.
Ahora estoy en un puesto de trabajo más estable y seguro, así que por fin es posible luchar por mi nacionalidad de nuevo.
Resides en Alemania, donde además trabajas como policía. ¿Cómo compatibilizas una profesión tan exigente con una carrera deportiva de alto nivel?
Nunca ha sido fácil. Pero si hay algo que quieres con todo tu corazón, siempre se encuentra la manera de hacer lo imposible posible.
Mi entrenador, Kirill, es el mejor del mundo. Está ahí para mí cada día y cada hora. Él ajusta el plan de entrenamiento para que sea posible entrenar dos veces al día sin interrupciones graves. Ese ritmo es duro, claro, pero absolutamente necesario para estar en la élite. Para poder brillar, no hay que tener miedo a sufrir.
Existe un vínculo familiar con España a través de tu madre. ¿Qué significado personal tendría para ti representar a España en el boxeo profesional?
He crecido con la cultura española —y cántabra— en casa: sopa de lentejas, garbanzos, patatas con carne. Mi abuela siempre me los preparaba cuando salía del colegio.
Mi madre y mi abuelo hablaban en español conmigo siempre que era posible. ¿Y los veranos? Íbamos a visitar a mi familia a Cantabria durante un mes. Mi bisabuela —y este es uno de mis recuerdos más antiguos— me cogía de la mano y me enseñaba el jardín: los gatos, el garaje, la lechuga… y me cantaba una canción que todavía recuerdo: “Caracol, col, col, saca los cuernos al sol”.
Gracias a ella aprendí a amar a España. Y eso es lo que siento ahora. Amo a España: la cultura, el mar, el viento. Y sí, también los días en que llueve. Incluso los días en que todo va mal. Porque un mal día en España sigue siendo mejor para mí que un buen día en Alemania.
La lengua, la gente… todo. Por eso será un gran honor para mí representar a España en el boxeo profesional. Quiero sentirme orgullosa de mi país, y mi país es España.
Tu trayectoria incluye kickboxing, MMA, bare knuckle y ahora boxeo profesional. ¿Qué te ha aportado cada disciplina y por qué decides centrar ahora tu carrera en el boxeo?
El lema de mi entrenador siempre ha sido: “pelear todo lo posible, en cualquier torneo y en cualquier parte del mundo”. He combatido en Italia, Polonia, Austria, República Checa, San Marino y otros países.
Toda esta actividad tuvo una fuerte cobertura en la prensa alemana y fue tema de debate en la radio, lo que le dio a mi carrera un carácter muy oficial y mediático aquí. Hemos acelerado mucho el ritmo de forma consciente.
El bare knuckle me dio dureza, el kickboxing distancia… pero, sobre todo, ese volumen de peleas internacionales me enseñó a adaptarme a cualquier situación bajo presión.
En boxeo estás invicta, 5-0 con cinco nocauts. ¿Qué diferencias has encontrado entre el boxeo y otras disciplinas de contacto en las que has competido?
El boxeo siempre fue el objetivo final. Sin embargo, mi entrenador me fue guiando hacia él con cuidado, introduciendo elementos técnicos de boxeo incluso cuando yo peleaba en MMA o K1.
Todo el camino previo fue una preparación para llegar al boxeo con una base sólida y una mentalidad ganadora.
Tu estilo es claramente ofensivo y resolutivo. ¿Es algo trabajado específicamente en el gimnasio o una consecuencia natural de tu formación y tu carácter competitivo?
Es totalmente trabajado. Kirill me dijo desde el principio: “aquí no venimos a ser pasivos, vamos a pelear para que el público esté en éxtasis”.
Me implantó el estilo peek-a-boo de Mike Tyson prácticamente desde cero. Fue un paso arriesgado, pero se ha justificado completamente en mis resultados y en la espectacularidad de los combates.
Este estilo es perfecto para mí. No me da miedo ir hacia adelante. Lo que me da miedo es detenerme. Como se dice: “la mejor defensa es un buen ataque”.
El peso pesado femenino es una división con poca densidad pero mucha visibilidad. ¿Cómo analizas el panorama actual de la categoría a nivel mundial?
Es una división que tiene grandes nombres, pero la realidad es que prácticamente todas las boxeadoras de élite están ya en una edad avanzada.
Yo, a mis 27 años, soy actualmente la representante más joven del Top 10 mundial, y eso dice mucho. Siento que falta frescura y, sobre todo, falta espectáculo. Veo muchas peleas tácticas y lentas.
Creo que mi juventud y mi estilo agresivo pueden aportar esa energía nueva para agitar la categoría.
Ya apareces bien situada en los rankings internacionales. ¿Te marcas objetivos temporales claros o prefieres que los pasos se den de forma orgánica?
Dada la poca actividad que suele haber en mi división, yo hago lo contrario: trato de pelear tan a menudo como sea posible y aprovechar cualquier oportunidad.
No necesito descansos de seis meses o un año. Estoy lista para todo y mi objetivo es mantenernos muy activos.
También se ha mencionado, con cautela, la vía olímpica. Si se dieran las circunstancias, ¿sería una opción real para ti o algo muy condicionado a factores externos?
Los Juegos Olímpicos son una de mis metas, no solo un sueño. Sé que el ciclo es complejo, pero si la Federación Española considera que puedo aportar, para mí sería un honor. Es una puerta que dejo totalmente abierta.
Si se completa tu afiliación a la Federación Española de Boxeo, ¿cómo te gustaría integrarte en el boxeo español: con presencia continuada o con apariciones puntuales según calendario?
De inicio, lógicamente viajaré para los combates. ¿Una mudanza completa? No lo descartamos, pero hay que ser realistas.
Aquí en Alemania tengo una gran estabilidad. Para plantearnos un traslado total, tendríamos que encontrar un escenario con un respaldo de promotores, patrocinadores y ayudas institucionales que se acerque al nivel que tengo aquí.
Si encontramos ese nivel de profesionalismo y apoyo en España, sin duda nos sentaríamos a planificar el cambio. Por mis obligaciones de servicio no podría ser inmediato, pero trabajaríamos seriamente para hacerlo realidad.
España no ha tenido tradición en el peso pesado femenino. ¿Sientes que podrías abrir una puerta o servir de referencia para futuras boxeadoras en esa división?
Ojalá. Ya he hecho algo similar aquí en Alemania, dando entrevistas en radio y medios, y he visto que trae resultados: inspira a otras chicas.
Quiero demostrar que en el peso pesado también hay técnica y belleza deportiva. Si mi carrera anima a más chicas españolas, ese será mi mayor título.
Tu carrera está dirigida por tu representante y entrenador, Kirill Olynyk. ¿Qué importancia tiene la planificación y el control del calendario frente a oportunidades inmediatas?
Kirill es fundamental. Tengo la suerte de que es médico deportivo, psicólogo deportivo, entrenador, mánager y exluchador profesional de MMA, todo en uno. La confianza es total.
En el pasado surgieron situaciones donde me ofrecieron pelear por cinturones tanto en K1 como en MMA, pero él dijo: “es demasiado pronto”. Y yo siempre le hice caso.
Cuando dijo: “ahora sí, ahora puedes”, salí y gané esos combates de manera muy contundente. Él pone la estrategia fría y la visión a largo plazo; yo pongo la ejecución en el ring.
Mirando a dos o tres años vista, y compaginando tu labor como policía con el boxeo, ¿dónde te gustaría estar a nivel deportivo y personal?
Me veo con el cinturón de campeona del mundo en un hombro. Quiero haber demostrado que se puede llegar a la cima del deporte sin renunciar a tu vocación profesional en la policía.
Y, sobre todo, me veo celebrando esas victorias con mi afición española, con mi gente, y haciéndolo allí mismo, sobre el ring en España.
Nota editorial
La historia de Annabell Honert Asúa se mueve, por ahora, en el terreno donde se cruzan lo personal, lo administrativo y lo deportivo. No hay anuncios oficiales ni calendarios cerrados, ni banderas aún sobre el ring. Solo un proceso en marcha, una trayectoria contrastada y una voluntad expresada con claridad.
La recuperación de la nacionalidad española marcará el siguiente paso. A partir de ahí, será el propio desarrollo deportivo —y las decisiones de los organismos y del mercado— el que determine hasta dónde puede llegar este vínculo entre Annabell Honert Asúa y el boxeo español.
AEBOX seguirá informando con atención y rigor sobre la evolución de este caso, consciente de que, en el boxeo, las historias que merecen ser contadas no siempre comienzan con un cinturón, sino con una decisión.


