AEBOX/Gonzalo Campos
La 40ª edición del BOXAM Internacional Élite bajó el telón en La Nucía dejando una conclusión clara: España compite, responde y ya no se siente invitada en su propia casa. Diez medallas en un torneo que reunió a algunas de las delegaciones más potentes del panorama olímpico certifican el crecimiento sostenido del equipo nacional en un arranque de temporada exigente y revelador.
Organizado por la Real Federación Española de Boxeo, el campeonato volvió a convertir a La Nucía en un escenario de alto nivel internacional. Desde las primeras eliminatorias se respiró tensión competitiva, cruces de enorme dificultad y finales de máxima exigencia técnica.
Reyes Pla, liderazgo desde la jerarquía
El nombre propio del torneo para España fue Enmanuel Reyes Pla (-90 kg). El olímpico volvió a demostrar por qué es la referencia del equipo. Supo gestionar los tiempos, controlar la distancia y cerrar los combates con inteligencia táctica hasta proclamarse campeón del BOXAM. Su oro no fue solo una medalla más: fue la confirmación de que España tiene un líder competitivo en grandes citas.
Las platas que consolidan el bloque
El equipo sumó tres medallas de plata que reflejan la profundidad del proyecto:
- Ismael Maghraoui (-50 kg)
- Marta López (-48 kg)
- Noelia Gutiérrez (-51 kg)
Finales disputadas con carácter ante rivales de gran tradición internacional. Maghraoui confirmó su progresión en una categoría explosiva, mientras que López y Gutiérrez evidenciaron que el boxeo femenino español compite ya sin complejos en cualquier escenario.
Seis bronces que hablan de profundidad
El medallero español se completó con seis bronces:
- Carlos Díaz
- Oier Ibarretxe
- Pablo Coy
- Adrián Fresneda
- Dúnia Martínez
- Lucía Tindaya Guillén
Seis semifinales que consolidan un equipo amplio, competitivo y cada vez más preparado para discutir medallas en grandes campeonatos.
Un cuarto puesto que sabe a crecimiento
España cerró el BOXAM en cuarta posición por países, solo por detrás de potencias históricas del boxeo olímpico. Más allá del ranking, el torneo deja una sensación clara: el equipo español compite con identidad propia, con disciplina táctica y con una ambición que ya no es puntual, sino estructural.
La hoja de ruta está marcada. El trabajo en concentraciones, la exposición internacional y la consolidación de un bloque cada vez más homogéneo empiezan a traducirse en resultados medibles. El BOXAM ha sido un termómetro fiable y la respuesta española ha sido contundente.
Ahora el objetivo pasa por trasladar este nivel a los grandes campeonatos internacionales del calendario. La base está asentada. El siguiente paso es convertir regularidad en podios mayores.
España ya no compite para estar. Compite para discutir títulos.


