AEBOX / Gonzalo Campos
El boxeo mundial despide hoy a uno de esos nombres que sostuvieron la grandeza del deporte desde el riesgo, la dignidad y el compromiso absoluto con el oficio. Ha fallecido Ruben Castillo, el “Conquistador”, un profesional de otra época que entendió el ring como territorio de verdad.
Castillo cerró su carrera con 79 combates profesionales, firmando un registro de 69 victorias (37 KO), 10 derrotas y 2 empates. Una hoja estadística notable, sí, pero que cobra verdadera dimensión cuando se analiza el nivel de oposición que aceptó durante más de dos décadas.
Porque Ruben Castillo no construyó su trayectoria con atajos. La edificó enfrentando a gigantes.
En 1980 desafió a Alexis Argüello por el título mundial superpluma del CMB. Cayó en el undécimo asalto, pero compitió en la élite absoluta. Ese mismo año disputó el campeonato mundial pluma del CMB ante Salvador Sánchez, resistiendo los quince asaltos reglamentarios en Tucson. En 1983 volvió a intentarlo frente a Juan Laporte por el cetro pluma del WBC, y en 1985 compartió ring con el entonces invicto Julio César Chávez por la corona superpluma del Consejo Mundial.
No fue campeón del mundo. Fue retador en la era de los campeones irrepetibles.
Desde su debut profesional en 1975, Castillo mantuvo una actividad que hoy resultaría casi impensable. Peleaba en Las Vegas, Tucson, Bakersfield o Los Ángeles con la misma determinación. Ganó títulos regionales, conquistó cinturones USBA y se mantuvo competitivo en divisiones históricamente feroces como el pluma y el superpluma.
Su cronología impresiona por volumen y por contexto. En 1989, tras ser detenido por un golpe al cuerpo ante Edgar Castro, fue hospitalizado. Volvió a competir. En los años noventa, lejos ya del foco mundialista, siguió aceptando combates. Su última aparición profesional llegó en marzo de 1997, cerrando un recorrido de más de veinte años en activo.
Castillo representó una ética que el boxeo no debería perder nunca: la del contendiente legítimo, el profesional dispuesto a medir su valor ante cualquiera. Nunca fue un nombre inflado. Fue un hombre probado.
Hoy el boxeo pierde a un gladiador honesto.
A un competidor que no negoció el riesgo.
A un profesional que dignificó el ring cada vez que cruzó las cuerdas.
Descansa en paz, Conquistador.


