AEBOX/Gonzalo Campos
En el boxeo hay gimnasios legendarios, ciudades que respiran historia pugilística y lugares donde los campeones acuden a prepararse para las grandes guerras. Pero pocas veces se recuerda al hombre que está detrás del nacimiento de uno de esos lugares. En las montañas del sur de California, a más de dos mil metros de altitud, existe un enclave que con el paso de los años se convirtió en sinónimo de sacrificio y preparación extrema: Big Bear Lake. Y detrás de esa historia aparece el nombre de Larry Goossen.
Un hombre de gimnasio en una familia de boxeo
Larry Goossen pertenecía a una de las familias más influyentes del boxeo estadounidense. Los Goossen crecieron en Los Ángeles en un entorno donde el deporte formaba parte de la vida cotidiana. Su hermano Dan Goossen se convertiría en uno de los promotores más importantes del país, mientras que Joe Goossen alcanzaría gran prestigio como entrenador de campeones mundiales.
Larry eligió otro camino. No fue boxeador profesional ni buscó notoriedad. Su lugar estaba en el gimnasio, en el trabajo diario con los púgiles, en la preparación silenciosa. Esa forma de entender el boxeo sería, precisamente, la que terminaría dejando una huella profunda en el deporte.
El origen inesperado de Big Bear
La historia comenzó de forma casi accidental a finales de los años ochenta. Goossen estaba preparando físicamente a Steve Wickliff, un empresario de Denver y promotor de conciertos de rock que, con 51 años, decidió cumplir un sueño improbable: convertirse en boxeador.
Buscando un lugar donde entrenar lejos del ruido de la ciudad, Wickliff encontró un espacio disponible en un hangar del pequeño aeropuerto de Big Bear Lake, en las montañas de San Bernardino. Allí, junto a Goossen, montaron un gimnasio improvisado con un ring, sacos y material básico.
Lo que parecía una solución provisional terminó siendo el inicio de algo mucho más grande.
Cuando los campeones empezaron a subir a la montaña
Big Bear reunía condiciones únicas. Situado a unos 2.000 metros de altitud, obligaba al organismo a trabajar con menor disponibilidad de oxígeno, lo que mejoraba la resistencia y la capacidad cardiovascular. Pero además ofrecía algo todavía más valioso: aislamiento.
No había distracciones. Solo montaña, frío, carreteras interminables para correr y largas jornadas de gimnasio.
El boca a boca hizo el resto. Poco a poco comenzaron a llegar boxeadores profesionales atraídos por ese entorno de trabajo extremo. Pronto, el pequeño gimnasio del hangar empezó a recibir a figuras de primer nivel.
Por Big Bear pasaron campeones como Oscar De La Hoya, Bernard Hopkins, Lennox Lewis, Marco Antonio Barrera, Erik Morales o Floyd Mayweather Jr..
La montaña comenzaba a forjar campeones.
Big Bear, un santuario del boxeo moderno
Con el paso de los años, Big Bear dejó de ser un secreto para convertirse en una referencia mundial. Otros entrenadores levantaron sus propios campamentos y la localidad terminó consolidándose como uno de los centros de preparación más exigentes del boxeo.
Uno de los nombres que reforzaría esa reputación sería el del entrenador Abel Sanchez, quien instalaría allí su gimnasio y trabajaría con el campeón kazajo Gennadiy Golovkin, devolviendo a la montaña el protagonismo en la élite del boxeo mundial.
Pero muchos dentro del deporte recuerdan que todo comenzó mucho antes, en aquel hangar donde Larry Goossen levantó un gimnasio sin imaginar la dimensión que alcanzaría su idea.
El legado de un pionero
Larry Goossen nunca buscó reconocimiento. Su aportación al boxeo no se mide en títulos ni en focos, sino en algo mucho más difícil de construir: una tradición.
Hoy, cada vez que un campeón decide subir a Big Bear para preparar una gran pelea, está siguiendo el camino que él abrió hace más de tres décadas. Porque Goossen entendió algo esencial en este deporte: el talento es fundamental, pero el entorno donde se forja puede marcar la diferencia.
En lo alto de la montaña, donde el aire es más fino y el esfuerzo más duro, su legado sigue vivo. Allí, entre pinos y carreteras de altura, el boxeo volvió a lo básico.
Entrenar. Resistir. Prepararse para la guerra.


