World Boxing Cup Brasil 2026: Soto y Ibarretxe responden con carácter y lectura en la segunda jornada

AEBOX/Gonzalo Campos

España encontró en la segunda jornada algo más que dos victorias. Encontró respuestas. Mariana Soto y Oier Ibarretxe resolvieron sus combates desde registros distintos, pero con un denominador común: supieron interpretar lo que pedía cada pelea.

Soto convierte la presión en oportunidad

A Mariana Soto (-65 kg) no le sorprendió el planteamiento de la rumana Crinuta Andra Nicoleta Sebe. Lo esperaba. Sabía que iba a tener enfrente una boxeadora de avance constante, de esas que obligan a tomar decisiones en cada segundo del combate.

Y las tomó bien.

Cada entrada de la rumana encontraba una respuesta ordenada: manos en combinación, bien estructuradas, y ese croché de izquierda que empezó a marcar territorio desde el primer asalto. Soto no solo golpeaba, elegía cuándo hacerlo. Y eso, en este tipo de combates, es media victoria.

El segundo asalto reforzó esa sensación. La española siguió encontrando el sitio, aunque ya con una rival más insistente en el tramo final, tratando de romper el ritmo.

Cerrar sin desordenarse

Con la pelea encaminada, el tercer asalto fue un ejercicio de control. Soto no entró en la ansiedad del intercambio, no regaló espacios y fue apagando el combate poco a poco, sin estridencias pero sin dudas.

El 4-1 final deja una lectura clara: combate bien trabajado, bien entendido y mejor cerrado.

Ibarretxe, de menos a más en una pelea incómoda

El turno de Oier Ibarretxe (-65 kg) trajo un combate diferente, más incómodo, más de detalle. Emin Yeldiz propuso más volumen desde el inicio, pero no siempre con claridad, y ahí el vasco empezó a construir.

En el primer asalto, sin hacer ruido, fue dejando las manos más limpias, especialmente con la izquierda, que encontró destino en los momentos clave del parcial. Incluso con el pequeño corte en la ceja, no perdió el hilo.

En el segundo, ya con más confianza, Ibarretxe dio un paso al frente en su planteamiento: más movilidad, mejor selección y, sobre todo, mayor sensación de control ante un rival que insistía, pero no siempre llegaba. La resta de un punto a Yeldiz terminó de inclinar el equilibrio.

Un cierre con tensión y oficio

El tercer asalto no fue un trámite. Yeldiz apretó, encontró alguna mano clara y obligó a Ibarretxe a mantenerse concentrado hasta el final. Hubo intercambio de acciones, incluso con una deducción también para el español, en otro momento de interpretación estricta.

Pero ahí no se rompió.

Ibarretxe sostuvo la estructura del combate, no se desordenó y terminó imponiendo su trabajo con una decisión unánime que premia la constancia y la claridad en los momentos importantes.

Dos victorias, dos combates distintos y una misma sensación: España compite, entiende y responde.

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