AEBOX/Marcos Nogueroles/–Que el boxeo es un deporte minoritario en España es un hecho consabido desde hace mucho tiempo.
A esta triste sentencia debemos sumarle el efecto negativo que ha supuesto el boom de otras disciplinas marciales que gozan de muchos seguidores.
Vivimos en un periodo donde el gusto por lo inmediato se premia con millones de visitas en internet y por ende con mucho dinero.
El boxeo, es por definición, más refinado. Un boxeador cocina el resultado a fuego lento y en muchas ocasiones el pleito se resuelve a los puntos.
Obviamente, también tenemos combates con resultados impactantes, con nocauts abrumadores que logran millones de visitas.
Pero no nos engañemos, eso no es lo habitual.
Un verdadero aficionado al boxeo sabe disfrutar del proceso: una buena defensa, un jab cuidado, un buen juego de piernas, el manejo de la distancia, etc.
Por favor, que nadie piense que estoy criticando o menospreciando otros deportes de contacto, pero entiendan ustedes que para mí el boxeo es especial, es diferente.
Como decía al principio, en España los aficionados al boxeo somos un público minoritario, una estirpe selecta que lucha por no desaparecer ante el empuje de otros atletas que gozan de un patrocinio superior.
Por eso es muy triste ver los hechos que acontecieron ayer, muy duro y muy triste.
Soy consciente de lo difícil que debe ser montar una velada de boxeo para que la misma acabe presa de una riña tumultuaria.
Independientemente de los resultados de los jueces, no es permisible ese tipo de conductas y menos en un recinto deportivo donde debe reinar el respeto y la educación.
Con estas cosas hacemos un flaco favor al boxeo español, lo denostamos.


