Por los siglos de los siglos… Cuando Frazier venció Ali

AEBOX/Juan Álvarez/ — El 8 de marzo de 1971 el mundo del pugilismo se levantaba con la certeza de que esa noche iba a producirse un acontecimiento único. La unión dentro del ensogado de dos personas tan diferentes entre sí en el plano boxístico y personal que la mera existencia de uno enturbiaba la del otro. La misma sensación de irresolubilidad de unir un objeto inamovible con una fuerza irresistible. Estamos hablando, evidentemente de “La pelea del siglo”, la primera de la terna de tres peleas que llevaron a Muhammad Ali y Joe Frazier a intercambiar golpes de campana a campana dentro del ensogado.

Lo que generó la pelea antes y después de que sonara la campana inicial da pistoletazo, de alguna manera, al concepto de deporte espectáculo que conocemos actualmente; por primera vezse hizo un seguimiento casi diario de los campamentos de entrenamiento de estos dos boxeadores y en cada canal, tertulianos que apoyaban a uno o a otro de los peleadores se desgañitaban para demostrar que su defendido sería el que acabaría con el brazo en alto tras los 15 episodios de la contienda.

Muhammad Ali, nacido Cassius Clay, no es un boxeador. Ali fue un icono del siglo XX que se dedicó de manera sobresaliente al boxeo. Miembro de las Panteras Negras y de la Nación del Islam, perdió sus títulos del Consejo Mundial de Boxeo por ser objetor de conciencia y negarse a ir a la Guerra de Vietnam. “Smokin´” Joe Frazier, por su parte, era un boxeador reservado, poco dado a la verborrea de su contrincante, y prefería (y con gran acierto) expresar lo que sentía o pensaba de sus rivales dentro de las cuerdas.

Ali y Frazier eran tan diferentes boxeando y personalmente que era prácticamente imposible que su relación no fuera de enemistad. Uno, el arquetipo de revolucionario, bravucón y con una lengua que soltaba costosos cheques (que sus puños pagaban); el otro discreto, comedido y cuya vida giraba en torno al deporte. Esta diferencia de pareceres y personalidad provocó que la nación americana se decantara en apoyar a uno o a otro dependiendo de su postura sobre la Guerra de Vietnam, que en esos momentos era el trauma nacional americano: Ali fue apoyado por los sectores pacifistas, progresistas y de izquierdas del país, mientras que Frazier fue apoyado por la clase media blanca americana y el stablishment político republicano y demócrata. Ali, que además de boxeador era un gran experto en la polémica y la mercadotecnia, empezó a atacar a Frazier llamándole de manera despectiva “Tío Joe” uno de los peores insultos que una persona de raza negra le puede hacer a otra, ya que se refiere a los antiguos esclavos negros que ayudaban a los esclavistas blancos a someter a la raza negra. Así, tras meses de continuo bombardeo mediático y que llevaron a la nación a una pulsión febril en la que necesitaba ver el desenlace de este pleito, Ali y Frazier tuvieron la responsabilidad de llevar a cabo una batalla ancestral en el ring para decidir quién era mejor que los dos.

“La pelea del siglo”. Nunca un evento de boxeo gozó de un nombre con tanta rotundidad. Lo rotundo de la nomenclatura del combate nos da una idea de lo trascendental que era esa pelea del 8 de marzo del 71. Nadie se quería perder la pelea porque no era una pelea al uso; en ésta se decidiría que referente cultural tendría la nación americana durante los próximos 10 años y si éste sería el representante del “american way of life” o si por el contrario, a partir de esta pelea, los Estados Unidos se dejarían seducir por los cantos de sirena de la revolución y las banderas rojas. A este acontecimiento histórico acudieron personalidad como Frank Sinatra (que pidió de manera oficial ser el fotógrafo de la pelea) Woody Allen o Burt Lancaster. Esta pelea fue todo lo que una pelea de boxeo puede ser. Ambos peleadores superaron los 2,5 millones de dólares de bolsa, algo que no se veía desde los tiempos de Rocky Marciano. Además, más de 300 millones de personas alrededor del mundo estuvieron viendo la pelea. La intrahistoria de esta pelea supera con mucho a lo ocurrido durante los 15 asaltos. El inicio de la era del PPV se dio a la necesidad de que millones de personas alrededor del globo querían que se viera en sus hogares “La pelea del siglo”. La contienda se había convertido en global. Daba igual que te gustara el boxeo o no. De igual manera que todo el mundo vio como Amstrong posó el pie en la luna por primera vez, todo el país de las barras y estrellas vio el choque de guantes inicial que daba inicio a las hostilidades entre estas dos leyendas del ring.

Más allá de quien ganara o no, (lo hizo Frazier por decisión después de ser capaz de tumbar a Ali con un brutal croché de izquierdas) sirvió para elevar a los altares deportivos a ambos púgiles. Una rivalidad como la suya, que había trascendido el deporte, necesitaría dos capítulos más para quedar totalmente resuelta. En “Thrilla in Manila” la animadversión se convirtió ya en odio manifiesto. Años después, Frazier confesó que nunca ha perdonado a Ali que consiguiera ponerle en contra de la población negra de su país, situación por la que fue vilipendiado y odiado por los suyos en plena guerra por la consecución de los Derechos Civiles. Tan ciego de odio, que llegó a decir que la enfermedad que se llevó a “The Greatest”, el parkinson, fue sino un castigo divino por haberle puesto en contra de la población negra. Frazier decía esta severa afirmación tranquilo, sin sobresaltos, con un poso de odio que había estado macerando durante décadas y que no dudaba en soltar cuando le preguntaban.

49 años después y como dirían los Presuntos Implicados, “Cómo hemos cambiado”. Los apellidos Ali y Frazier no aparecen en los carteles del próximo combate, sino que jalonan las paredes de vetustos gimnasios que parecen sacados de una película neorrealista italiana y en el que se mezclan olores y recuerdos de épocas ya pasadas. Sus golpes ya no tumbarán a otro rival que ose a poner en entredicho su supremacía, pero sus imágenes y recuerdos consiguen servir de inspiración a las nuevas generaciones que sueñan con repetir unas gestas. Unas gestas tan sobresalientes que parecen sacadas de poemas homéricos. Hoy, media centuria después, solo nos queda recordar cómo dos hombres con la fuerza de sus puños fueron capaces de sacudir el mundo entero y de cómo el eco de esos golpes resonará por los siglos de los siglos.

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