AEBOX/Vicente Campos/—Todo lo conseguido por Óscar De la Hoya a lo largo de su carrera no dejó contento ni al Golden Boy ni a su padre, quien aún se muestra dolido por los malos momentos por los que pasó su hijo. Los 11 títulos mundiales en seis divisiones de peso, una medalla de oro olímpica en las Olimpiadas de Barcelona 92 y ser uno de los mejores boxeadores de su generación no han sido suficientes para mantenerlos satisfechos.
Y así lo han expresado en el documental de HBO «The Golden Boy», donde han dejado claro que deseaban más de su carrera profesional de 16 años.
«Es como escalar una montaña. Quieres llegar a la cima. Esa es tu meta. Ese es tu sueño. No hay vuelta atrás. Una vez que llego a la cima, no estoy satisfecho. He ganado 11 títulos mundiales en seis categorías de peso diferentes. ¿Quién diablos no está satisfecho con eso? Pero no estuve a la altura de mi potencial dentro del ring. Podría haber dado mucho más. Podría haber sido…», comentó el Golden Boy.
De La Hoya se enfrentó y ganó a boxeadores de la talla de Julio César Chávez en dos ocasiones, así como a Pernell Whitaker, Arturo Gatti, Fernando Vargas, Ricardo Mayorga, Héctor Camacho, Ike Quartey, Oba Carr y Genaro Hernández entre otros, victorias que lo colocan como un boxeador histórico.
Sus derrotas sólo se produjeron contra un grupo de boxeadores que han hecho también historia, como Felix ‘Tito’ Trinidad, Shane Mosley, ante el que perdió dos veces, Bernard Hopkins, Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.
Óscar De La Hoya llevaba una vida muy dura fuera del cuadrilátero, en la que las drogas y el alcohol le hicieron mucho daño, tal como cuenta su padre, Joel De La Hoya.
«Si Óscar se hubiera centrado al 100% en sus peleas, habría sido mejor. Si sus amigos no hubieran venido con sus fiestecitas para que se autodestruyera, para mí, habría resultado diferente».
El Golden Boy también se queja de la presión a la que estuvo sometido a lo largo de su carrera para poder estar siempre en la cima de su profesión.
«Toda la presión es demasiada. La presión que he tenido desde que era un niño, causando toda esta ira, es como acumularse. Y sabía que volvería para atormentarme. No creo que ningún boxeador pueda decir que se siente como yo cuando subo al ring. Porque no estaba luchando contra mi rival. En realidad, luchaba contra mí mismo. Era mi peor enemigo. Siendo el Golden Boy, no puedes hacer nada mal. No te lo permiten. Siempre estaba en una camisa de fuerza. No podía ser yo mismo. Eso me hizo vivir una doble vida”, se lamentaba De La Hoya.


