Sandor Martín, el inesperado

AEBOX/Luis Rodríguez/–Nadie los ve venir hasta que llegan. Los anticiclones, los tsunamis, las tormentas eléctricas… Al principio son simples imágenes burdas confeccionadas con el mayor de los retoques por los más prestigiosos directores de cine, hasta que realmente hacen presencia y asola a su paso cuales quiera que sean los remedios impuestos para cesar su arrasador camino. Atrás queda consigo lo visualizado por un televisor. A veces se conciben como algo imposible. Que aquí no llega eso ni de broma, dicen con jolgorio los más optimistas y veteranos marineros. Hasta que el mar y Neptuno atizan sobre la estirpe humana con una fuerza de otro mundo. Y el rostro de ese operario, familiarizado con las más imponentes profundidades del mar, se torna de un tono blanquecino, un color inconfundible que sirve como espejo de lo que el propio ser humano experimenta por dentro. A veces, un simple gesto o el blanco mármol de una piel que antes se presuponía rojiza pueden significar lo mismo que la palabra catástrofe, sorpresa, shock y tragedia. Todo llega, tarde o temprano.

La sociedad boxística americana y la española son huellas cuya pisada imprime diferente forma. En un país, el deporte es rey en el escalafón deportivo de cada fin de semana y, en otro, es un eco que retumba hoy cada vez más fuerte por la irrupción y el ruido de talentos ibéricos en los últimos 30 años como Javier Castillejo, Kiko Martínez y Sandor Martín, pero en el que es muy complicado destacar debido al propio entorno nacional y la falta de apoyo a la práctica boxística. El barcelonés ha sido nombrado aspirante oficial al título de los superligeros de la WBC y debe enfrentar a Devin Haney por el cinturón más famoso de la historia del deporte del pugilismo. Sin embargo, el americano sigue a lo suyo. Cierra una pelea ante el sexto de la división, Ryan García, ridiculizado por un Gervonta Davis que lo hizo claudicar ante millones de espectadores, como los grandes venían pronosticando. La derrota más prolífera de su vida.

Por otro lado, Martín llega de dejar en evidencia a Teófimo López delante de su público y ser atracado posteriormente en las cartulinas al término de los doce asaltos ante el estadounidense. El pueblo lo vio ganador, y así lo vio también el organismo. Lo inesperado llegó, y en casa de los López siguen recordando el anticiclón que impregnó los ojos del progenitor del púgil neoyorquino en sangre, la tormenta que dejó en evidencia la impasividad y la sumisión de los jueces ante el de casa. No lo vieron venir. El anticiclón Martín se cobra una nueva víctima ante la ceguera de los jueces. Nadie quiso verlo venir, como ocurrió como Mickey García. Como con todo, acaba llegando. 

El reto que presenta enfrentar a Devin Haney es un fruto prohibido que aún nadie ha podido saborear. La victoria ante el californiano es algo inhóspito, una suposición inimaginable hoy día después de 27 púgiles que han claudicado ante el americano. Alguien que cumple con todos los requisitos que se exigen en la aduana boxística, en el corte entre la mediocridad y la gloria del cuero y la crin. El segundo camino es el que esperaba a un muchacho que ya prometía desde amateur, y el mundo hoy presencia su exitoso recorrido. Sin embargo, la codicia, el poder y la diosa fortuna son espectros que tan rápido pueden proporcionar gloria, como te la quitan. Haney padece hoy una grave ceguera obviando al supuesto underdog, al español, al que históricamente poca gente en América ha temido. Para su desgracia, Martín es uno de los varios que ha proliferado este país que ha roto con el esquema. Que hace caer a gigantes, y mandarlos al retiro. Los ridiculiza delante de su propia familia, de su gente, de sus compatriotas. Un soldado adaptado a la adrenalina y el olor a pólvora enemiga de combatir en territorio comanche. La tormenta que no avisa. El balazo que nunca oyes llegar. 

Decía Keynes que lo inevitable es lo que casi nunca acababa sucediendo y que, en su lugar, ocurría lo inesperado. Una frase que define a la perfección qué es hoy y en lo que se ha convertido Sandor Martín. Alguien a quien el boxeo internacional no ha sabido ofrecer el hueco y el respeto que verdaderamente merece, hasta que lo supuestamente inesperado terminaba por ocurrir. Martín rompe casas de apuestas y vacía bolsillos de ignorantes corredores de apuestas, que siempre velan por lo que la sociedad tilda como inevitable. Mickey García y los López también quisieron inclinar sus predisposiciones por aquello que era difícil de evitar para los intereses de cada. Concebían al púgil español como una victoria segura, y el ciclón llamó a sus puertas de la manera más ensordecedora posible. Desolación pugilística a su paso ante la ignorancia de unos pocos. Sandor Martín es el fiel reflejo del inesperado del pugilismo internacional. El campeón del pueblo. El ascenso de un talento forjado a base de consumar victorias y grandes actuaciones en territorio hostil. La hora de brillar llegará para el púgil inevitable, por más ceguera que asole los más perspicaces y crematomaníacos promotores.

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