AEBOX/Gonzalo Campos.
El boxeo perdió a uno de sus más grandes artesanos. Mike McCallum, apodado The Bodysnatcher —“El Robacuerpos”— por su virtuosismo golpeando las zonas blandas como nadie en su era, falleció este sábado en Las Vegas, a los 68 años. El excampeón mundial en tres divisiones fue encontrado inconsciente en su vehículo, tras haber sentido un malestar mientras se dirigía al gimnasio. Nunca volvió en sí. El mundo del boxeo no lo olvidará.
Un talento puro de Kingston
Nacido en Kingston, Jamaica, el 7 de diciembre de 1956, McCallum fue un pionero: el primer campeón mundial de boxeo profesional que dio la isla caribeña. Brilló como amateur —participó en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976— y fue medallista de oro en los Juegos de la Commonwealth y los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Pero su leyenda se forjó bajo luces más duras, con guantes de 8 onzas y sin careta.
Profesional desde 1981, McCallum forjó un historial de 55 peleas: 49 victorias (36 por nocaut), 5 derrotas y un empate. Nadie, ni siquiera los más grandes, lograron tumbarlo. Su quijada era de granito. Su estilo, puro pulido caribeño con una escuela clásica: postura alta, jab firme, técnica depurada, y un arte cruel —el castigo al cuerpo— que muchos aún intentan imitar.
El campeón que nadie quería enfrentar
En 1984, se coronó campeón mundial superwélter de la WBA al noquear a Sean Mannion. Defendió esa corona seis veces, incluyendo un triunfo brutal sobre Julian Jackson, y la inolvidable paliza táctica contra Donald Curry, a quien destruyó en cinco asaltos.
Ascendió al peso mediano en 1988 y se alzó con el título de la WBA tras vencer a Herol Graham. En 1994, ya como veterano, conquistó el cinturón interino semipesado del CMB. Con ello, se unió al exclusivo club de campeones mundiales en tres divisiones, sin la maquinaria de mercadeo ni la promoción que impulsó a otros.
“McCallum fue el boxeador más evitado de su época”, afirmaban entrenadores como Emanuel Steward y periodistas de la talla de Bert Sugar. Nunca peleó contra los “Four Kings” (Leonard, Hagler, Hearns, Durán), no por falta de méritos, sino porque simplemente era demasiado bueno, demasiado peligroso y muy poco rentable.
Las guerras con Toney, la prueba con Roy
Sus duelos con James Toney fueron épicos: tres combates técnicos y estratégicos que aún se estudian en gimnasios. En el primero, en 1991, dio una clase magistral a sus 34 años y empató; en las revanchas, perdió por decisión cerrada, pero mostró que la edad no mata el talento cuando el talento es auténtico.
En 1996, enfrentó a un joven Roy Jones Jr. por el título mundial semipesado. McCallum tenía 39 años. Fue superado por la velocidad, pero nunca derribado. Incluso en la derrota, dejó claro que su defensa, su inteligencia y su fortaleza seguían intactas.
Un legado de acero y sabiduría
McCallum fue inducido al Salón Internacional de la Fama del Boxeo en 2003, un reconocimiento tardío, pero ineludible. Tras su retiro, se dedicó a formar jóvenes talentos como entrenador, compartiendo su sabiduría con la nueva generación.
No era un showman. No hablaba de más. Su discurso estaba en su trabajo: precisión quirúrgica, técnica clásica, castigo al cuerpo, defensa cerrada. Fue el ejemplo del profesional que deja su ego fuera del ring y entra a trabajar con las manos.
Jamaica llora a su ídolo
La ministra de Deportes de Jamaica, Olivia Grange, lamentó su fallecimiento y calificó a McCallum como “un hijo noble de la isla, una inspiración para generaciones”. Las redes sociales se llenaron de homenajes. La WBA, CMB y otras organizaciones expresaron sus condolencias.
Y es que The Bodysnatcher no sólo fue un campeón. Fue un símbolo de dignidad boxística. Un hombre que no necesitó escándalos para ser recordado. Que nunca fue noqueado. Que siempre dio la cara.
Mike McCallum, 1956–2025.
Se fue sin hacer ruido. Como boxeaba. Pero su legado retumba con fuerza en cada rincón donde se entrena el noble arte.


