AEBOX/Gonzalo Campos.
Fallece a los 79 años el excampeón de España del peso pesado, mito del pugilismo cántabro de los años 70
Hay nombres que, con el paso del tiempo, se quedan grabados en la memoria de quienes aman el boxeo no solo por sus victorias, sino por su autenticidad. Casimiro Martínez, más conocido como “Mirín” o “El Hércules de Cos”, ha fallecido a los 79 años dejando tras de sí una estela imborrable en el deporte español. Campeón de España del peso pesado en los años 1969 y 1970, su figura fue símbolo de una época donde la fuerza, el valor y la nobleza definían al púgil tanto como los títulos.
La fuerza de un pueblo en los puños
Natural de Cos, en Cabezón de la Sal (Cantabria), Casimiro Martínez nació el 18 de noviembre de 1945 en un entorno rural que forjó su carácter. En su juventud fue portento físico, labrando su cuerpo en el trabajo diario y desarrollando una potencia que lo distinguiría entre los grandes del boxeo nacional. Su ascenso comenzó en los torneos amateur, donde deslumbró con su potencia, hasta dar el salto al profesionalismo en 1971, debutando en la plaza de toros de Bilbao ante Fernando Ramos.
Campeón a puño limpio
Su estilo era directo y demoledor: potencia en ambas manos, presencia dominante y una resistencia propia de su linaje montañés. No tardó en hacerse un nombre entre los pesos pesados españoles. En 1969 conquistó su primer campeonato de España noqueando a Gustavo González, y revalidó el título en 1970, inscribiendo su nombre en los anales del boxeo nacional.
Su récord profesional terminó con 13 victorias (11 por KO), 5 derrotas y 1 nulo, números que dicen menos que su impacto real en una categoría históricamente escasa de talentos nacionales.
Un adiós con dignidad: el último asalto
Su combate más recordado fuera del título nacional fue también el que marcó su despedida. El 2 de julio de 1975, Casimiro se enfrentó en Madrid a José Manuel Ibar “Urtain”, ídolo popular y ex campeón europeo. La pelea, dura y sin concesiones, se resolvió con victoria para Urtain por abandono técnico en el noveno asalto. Para muchos, ese combate marcó el final de una etapa en el peso pesado español, cerrada con respeto mutuo entre dos auténticos gladiadores.
Un legado más allá del ring
Más allá de los triunfos, Casimiro fue respetado por su humildad y su vínculo con la tierra. Nunca perdió el contacto con sus raíces en Cos ni con sus compañeros de generación. Fue referente para jóvenes boxeadores de Cantabria, que vieron en él un ejemplo de esfuerzo sin artificios. Su apodo, “El Hércules de Cos”, era tan real como simbólico: un hombre de fuerza descomunal, pero también de temple noble.
Adiós a un gigante
Con la muerte de Casimiro Martínez, se apaga una parte de la historia dorada del boxeo español. En un tiempo donde los púgiles eran también ídolos de carne y hueso, él representó lo mejor de una generación: la que peleaba con honor, vivía con orgullo y se retiraba con dignidad. Su legado quedará en los anales del deporte, pero sobre todo en el corazón de quienes lo vieron combatir, de quienes compartieron su camino y de quienes, aún hoy, lo llaman con respeto: campeón.


