AEBOX/Gonzalo Campos
“Para tener éxito, debes estar dispuesto a hacer lo que otros no están dispuestos a hacer.”
—Oleksandr Usyk
De Crimea al mundo
Oleksandr Usyk nació el 17 de enero de 1987 en Simferópol, Crimea, en una familia obrera con raíces militares. Desde pequeño supo lo que era la disciplina, la necesidad y la voluntad. El fútbol fue su primer deporte, pero la vida —y su complexión— lo empujaron al boxeo, donde se inició a los 15 años. Pronto, los gimnasios soviéticos descubrieron en él algo especial: un zurdo técnico, con movilidad de peso medio y mentalidad de campeón.

El amateur perfecto
Su carrera amateur es una de las más completas del siglo XXI. Con un récord de 335 victorias y 15 derrotas, Usyk se convirtió en el referente absoluto del boxeo ucraniano. Fue campeón de Europa en 2008, subcampeón mundial en 2009, y campeón mundial AIBA en 2011, donde venció al temido Artur Beterbiev. La cima llegó en Londres 2012, donde conquistó el oro olímpico en peso pesado tras derrotar a Clemente Russo en la final.
También brilló en la World Series of Boxing, donde permaneció invicto (6-0), dejando atrás a figuras como Joe Joyce.
Ascenso profesional sin atajos
En 2013 debutó como profesional sin aspavientos ni campañas ruidosas. Lo suyo era el trabajo silencioso. Peleó fuera de casa, aceptó desafíos y no pidió privilegios. En 2016, con solo diez peleas, ya era campeón mundial del peso crucero tras vencer a Krzysztof Głowacki en Polonia.
Su consagración llegó entre 2017 y 2018, cuando ganó el torneo World Boxing Super Series, derrotando consecutivamente a Marco Huck, Mairis Briedis y Murat Gassiev. Con esta última victoria, se convirtió en campeón indiscutido del peso crucero, algo que nadie lograba desde Evander Holyfield.
El salto a los gigantes
En 2019, Usyk subió al peso pesado. Lo hizo sin perder su estilo: movilidad, precisión, lectura táctica. En 2021, ante 70.000 personas en el Tottenham Stadium de Londres, ofreció una lección de boxeo al vencer a Anthony Joshua y arrebatarle los títulos WBA, IBF, WBO y The Ring. Lo volvió a derrotar en la revancha de 2022 en Arabia Saudí.
Pero la cima llegaría en mayo de 2024, cuando venció por decisión dividida a Tyson Fury y se convirtió en el primer campeón indiscutido del peso pesado en la era de los cuatro cinturones. En diciembre, revalidó su victoria con una actuación aún más dominante.

El campeón del pueblo
Usyk nunca cambió. Sigue rezando antes de cada combate. Sigue bailando en los pesajes. Sigue hablando poco y entrenando mucho. En 2022, en el momento más delicado de su país, interrumpió su carrera para alistarse y defender Ucrania tras la invasión rusa. Volvió al ring solo cuando sintió que su pueblo se lo pedía.
No necesita rivalidades artificiales ni polémicas. Su carisma nace de la autenticidad. Su legado, del trabajo constante.
El golpe perfecto en Wembley
El 19 de julio de 2025, en un estadio de Wembley a rebosar, Usyk cerró su obra maestra. A los 38 años, se enfrentó al británico Daniel Dubois y lo noqueó en el quinto asalto con un demoledor gancho al hígado seguido de una derecha por encima. Recuperó así el cinturón IBF, que había sido despojado por cuestiones burocráticas, y revalidó su estatus como campeón indiscutido del peso pesado.
Fue su victoria número 24 como profesional, con 15 nocauts y cero derrotas. Nadie en la historia ha sido campeón indiscutido en dos divisiones con tanta elegancia y sin haber caído jamás.
Más allá del boxeo
Cuando terminó el combate, Usyk no gritó. Miró al cielo, se persignó y sonrió. “Dios me ha dado todo lo que soñé”, dijo. Esas palabras resumen una vida entregada al esfuerzo, a la fe y al boxeo. Sin escándalos. Sin atajos. Con el alma limpia y los puños dispuestos.
Su lugar entre los grandes ya está asegurado. Comparado con leyendas como Ali, Holyfield o Leonard, Usyk no solo ha igualado hazañas: ha creado su propio camino.
El legado sigue en marcha
Oleksandr Usyk representa algo más que títulos. Representa el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza, del respeto sobre el ruido, del trabajo sobre la arrogancia. Y aunque ya ha conquistado todo, su historia aún no termina.
Mientras suba al ring con esa media sonrisa y esos pasos que parecen coreografía más que desplazamiento, el boxeo seguirá respirando arte.


