La “Velada del año V” y los partidos de Gitanos vs Guardias Civiles

AEBOX / Juan Álvarez.

Una incomodidad que se repite cada año

Como viene ocurriendo desde hace un lustro en nuestro país, el boxeo patrio afronta este fin de semana con una incómoda sensación de extrañeza. Como si se tratara de algo que sucede en la acera de enfrente: cerca, pero a la vez lejano. Ibai Llanos, uno de los streamers más conocidos e influyentes del ámbito hispanohablante, vuelve a convocar a millones de seguidores para la celebración de un evento deportivo que, por simplificar el debate, llamaremos boxeo.

¿Es realmente boxeo?

Más allá de lo que ocurra el 26 de julio, cabe preguntarse si este espectáculo puede considerarse boxeo. Al fin y al cabo, se trata de dos personas, con guantes, que se enfrentan en un cuadrilátero para ver quién es mejor. Pero quienes amamos el noble arte detectamos una falta de esencia, de pureza, de autenticidad. Esa chispa humana que envuelve una velada de verdad, el brillo en los ojos del púgil, la mandíbula tensa por años de esfuerzo, la mirada que recorre la distancia infinita del vestuario al ring con la esperanza de que, tras nueve minutos, su mano sea la que se eleve hacia el cielo.

¿Un puente hacia las nuevas generaciones?

Cada año, como si fuera el Día de la Marmota, surge el mismo debate: ¿favorece este evento al boxeo? ¿Son los streamers quienes están acercando el boxeo a las nuevas generaciones? ¿O es solo un espejismo con fecha de caducidad? Muchos se preguntan si esta teatralidad calculada puede inspirar a alguien a apuntarse el lunes al gimnasio de boxeo más cercano.

El boxeo como excusa, no como motor

Lo innegable es que el boxeo es, en este espectáculo, un elemento secundario. Lo que atrae a la masa no es el deporte en sí, sino el contenido: la mezcla de combate y concierto, el morbo del enfrentamiento entre youtubers. Si en lugar de boxeo se utilizara otro deporte, el interés sería muy similar. El ring es un escenario, no un templo.

Gitanos vs. Guardias Civiles

Pensando en este evento, siempre he creído que compararlo con el boxeo real es como comparar los viejos partidos de gitanos contra guardias civiles con el fútbol. Nadie los veía por la calidad técnica, ni los niños salían a la calle a imitar sus jugadas. El interés era el morbo, el enfrentamiento de mundos opuestos. Y poco importaba el deporte que los enfrentara.

¿Qué puede aprender el boxeo de todo esto?

Pero más allá de la crítica, la pregunta debe ser otra: ¿qué puede aprender el boxeo profesional de un evento que aglutina millones de espectadores año tras año? ¿Qué ha hecho Ibai que nosotros no hemos sabido hacer? Si Nietzsche dijo que Dios ha muerto porque lo matamos nosotros, ¿no deberíamos revisar qué hemos hecho —o dejado de hacer— para que el boxeo haya sido parcialmente arrebatado por otros?

El monstruo que nosotros mismos creamos

El boxeo profesional y amateur en España arrastra problemas bien conocidos:

  • Promotoras que piensan más en el negocio que en el mérito deportivo.
  • Boxeadores mal pagados.
  • Federaciones desorganizadas.
  • Federados que pagan tasas sin recibir apenas beneficios.
  • Campeones amateurs sin ayudas para seguir adelante.

¿No es acaso esa dejadez la que ha dado lugar a este fenómeno? ¿A quién culpar si un boxeador amateur gana más preparando a un streamer que por años de sacrificio en los rings? ¿Debe un gimnasio rechazar la visibilidad de Ibai si ha estado años huérfano de apoyo institucional?

Un espejo incómodo

Quizás el ambiente del boxeo se ha convertido en una reunión de sabios puristas incapaces de aceptar la crítica, como esos ancianos que opinan que el toreo acabó con Curro Romero. Tal vez el modelo de crecimiento en los gimnasios pase más por las redes sociales que por colgar medallas en la pared.

La “Velada del Año” es síntoma y consecuencia del estado del boxeo español, para bien y para mal. Que su existencia nos incomode no significa que no podamos aprender algo de ella. Pero mientras no hagamos autocrítica, seguiremos viendo cómo Ibai Llanos ocupa las portadas… y nosotros nos quedamos con otro partido de gitanos contra guardias civiles.

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