AEBOX/Gonzalo Campos
El 21 de febrero de 1978 fallecía Juan Jesús Rubio Melero. Cuatro días antes, la noche del 17 de febrero, había subido al ring del antiguo Palacio de los Deportes de Madrid para disputar su octavo combate profesional.
Tenía 23 años.
Este artículo no es una crónica judicial ni un ajuste de cuentas con el pasado. Es un recuerdo. Un homenaje.
Una velada de primer nivel
Aquella noche Madrid acogía una gran cartelera. En el combate principal, el escocés Jim Watt defendía el título europeo del peso ligero ante Perico Fernández, en un duelo a quince asaltos que concentraba la atención del boxeo continental.
Fue una noche grande para el deporte.
Pero también fue la última noche sobre un ring para un joven almeriense que intentaba abrirse camino.
El combate
Juan Jesús Rubio Melero llegaba con una dilatada trayectoria amateur y afrontaba su octava pelea profesional. Su rival era Francisco Ramón Rodríguez (10-5-2). El combate estaba pactado a ocho asaltos en el peso medio.
El árbitro fue Ángel Ezquerra.
En el séptimo asalto, tras haber sido contado previamente, Rubio cayó a la lona y el combate fue detenido por KO. No volvió a responder con normalidad.
El registro oficial señala que falleció a consecuencia de las lesiones sufridas en aquella pelea y que la ambulancia tardó más de veinte minutos en llegar al recinto para prestarle atención médica.
Entre el 17 y el 21
Rubio fue trasladado a la entonces Residencia Sanitaria Francisco Franco, donde fue intervenido de urgencia por una lesión cerebral grave.
Permaneció en coma durante cuatro días.
El 21 de febrero de 1978 falleció.
La escuela almeriense
En los años setenta Almería era una cantera constante de boxeadores. Gimnasios humildes, trabajo silencioso y una cultura de sacrificio que dio forma a lo que muchos conocieron como la escuela almeriense.
Rubio Melero se formó en ese entorno. Construyó su trayectoria desde abajo, con una dilatada carrera amateur antes de dar el salto al profesionalismo. No fue una figura mediática ni un aspirante europeo. Fue uno de esos púgiles que sostienen veladas, que viajan, que aceptan retos y que buscan hacerse un sitio con disciplina.
En sus inicios cruzó guantes, entre otros, con Andoni Amana, que años más tarde sería campeón de España y aspirante europeo en dos ocasiones. Eso habla del nivel de oposición al que ya se había enfrentado.
Memoria
En 1978 el boxeo español todavía no tenía la red de seguridad que hoy consideramos imprescindible. Con el paso del tiempo, el deporte aprendió, endureció protocolos y elevó sus exigencias médicas.
Este texto no busca señalar, sino recordar.
Recordar a un joven almeriense de 23 años que subió al ring en una gran velada madrileña y no regresó a casa.
Cuarenta y ocho años después, el nombre de Juan Jesús Rubio Melero sigue mereciendo algo muy sencillo y muy necesario: respeto.
Hoy, esta es su memoria.


