¿Quién será el próximo? Reflexiones de un entrenador nacional desde la esquina del gimnasio por José González ‘Ronin’

AEBOX/José González ‘Ronin’/–Hay días en los que me quedo solo en el gimnasio.

Los chavales ya se han ido. El ring está en silencio. Las cuerdas todavía vibran un poco del último asalto de sparring. Y mientras recojo guantes y escucho el eco de los golpes contra el saco, me hago una pregunta que cada vez pesa más:

¿Quién será el próximo que cambie la historia del boxeo?

He tenido la suerte de vivir una era irrepetible.

Vi a Pacquiao romper barreras imposibles.
Vi a Mayweather convertir la defensa en arte.
Vi a Crawford dominar con inteligencia fría.
Vi a Lomachenko hacer del ángulo una religión.
Vi a Fury resucitar en el peso pesado.
Vi a Chocolatito recordarnos que las categorías pequeñas también escriben poesía.

Y ahora… muchos de ellos ya no están.

No es solo que se retiren campeones.
Es que se ha retirado una generación que nos obligaba a sentarnos delante del televisor con el corazón acelerado, despertando a altas horas de la madrugada para ver estos Titanes del Ring.

El gimnasio como termómetro del futuro

Mientras pienso en eso, miro a los chicos entrenar.

Uno trabaja el jab sin descanso.
Otro insiste en girar la cadera en el directo.
Uno más joven todavía no sabe medir la distancia, pero tiene algo en la mirada.

Y me pregunto:
¿Estará aquí el próximo que unifique el mundo?
¿El próximo que haga que dos continentes se paralicen un sábado por la noche?

Porque el boxeo no empieza en Las Vegas.
Empieza aquí. En gimnasios como este.

El presente tiene talento… pero le falta guerra

Hoy tenemos grandes campeones:

Canelo, Usyk, Inoue, Tank, Bivol, Beterbiev, Shakur…

Talento técnico hay de sobra.
Preparación física como nunca.
Ciencia, análisis, estrategia.

Pero echo de menos algo.

Echo de menos las rivalidades inevitables.
Las sagas que dividen amistades.
Las trilogías que obligan a elegir bando.

Ali tuvo a Frazier.
Leonard tuvo a Hearns a Durán y Sugar.
Pacquiao tuvo a Márquez, Morales y Barrera.
Gatti tuvo a Ward
Fury tuvo a Wilder.

Las leyendas no nacen solas.
Necesitan un enemigo a su altura.

El boxeo no está muriendo. Está esperando.

Muchos dicen que el boxeo ya no es lo que era.

Yo no lo creo.

El boxeo no muere.
Se transforma.

Está en una sala de espera, buscando su próxima gran historia.

Y quizá esa historia no saldrá de un gran contrato televisivo.
Saldrá de un chico que ahora mismo está aprendiendo a cerrar la guardia.
De uno que todavía pierde más de lo que gana, pero vuelve cada día.

Lo que hace falta no es talento. Es valentía.

Valentía para cruzarse entre los mejores.
Valentía para arriesgar el récord.
Valentía para aceptar la grandeza del otro.

Porque un campeón invicto es admirable.
Pero un campeón que acepta el riesgo… es eterno.

Y mientras tanto…

Yo sigo aquí.

Enseñando a girar la cadera.
Corrigiendo la distancia.
Recordando que primero se aprende a defender, luego a pegar.

Y cada vez que un chaval sube al ring con hambre en la mirada, pienso:

“Quizá no lo sé todavía…pero el próximo que cambie la historia puede estar aquí, entre estas dieciséis cuerdas.”

El boxeo siempre encuentra a su héroe.

Solo hay que esperar.

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