AEBOX/Gonzalo Campos
Moses Itauma (14-0, 12 KO) dio un paso adelante en Manchester. Y lo hizo con una actuación completa, dominante y cerrada con un nocaut que ya entra en la conversación del año.
No fue solo el golpe final.
Fue todo lo que pasó antes.
Dominio desde el primer asalto
Jermaine Franklin (22-3-1, 14 KO) salió con la intención de plantar cara, tratando de acortar distancia y llevar el combate a un terreno más físico.
Itauma no lo permitió.
Desde el primer asalto trabajó con el jab, rápido y constante, marcando distancia y obligando a Franklin a ir siempre a contratiempo. Cada intento de entrada del estadounidense encontraba respuesta: manos rectas, combinaciones cortas y salidas limpias.
El británico ya estaba mandando sin necesidad de forzar.
El aviso en el tercero
El ritmo no bajó.
En el tercer asalto llegó el primer momento clave. Itauma aceleró, encadenó manos con precisión y terminó encontrando una derecha que mandó a Franklin a la lona.
No fue un golpe aislado. Fue la consecuencia de varios asaltos ganados en colocación, velocidad y lectura.
Franklin se levantó, pero el combate ya había cambiado.
Un final construido
Lejos de precipitarse, Itauma siguió trabajando.
Cuarto asalto de control, de desgaste, de mantener a Franklin bajo presión sin exponerse. El estadounidense intentó resistir, buscar espacios, pero cada intercambio le resultaba desfavorable.
En el quinto llegó el cierre.
Itauma acortó distancia, fijó a su rival y soltó un uppercut limpio, preciso, que impactó de lleno. Franklin cayó sin margen de recuperación y el árbitro detuvo el combate.
Final claro. Sin discusión.
No es casualidad
Moses Itauma (14-0, 12 KO) no improvisa.
Cada fase del combate tuvo sentido: control inicial, aumento progresivo de la presión, derribo que abre el camino y final ejecutado en el momento justo.
Eso es lo que empieza a marcar diferencias.
Epílogo
El peso pesado siempre observa.
Y cuando un boxeador domina así a un rival contrastado y lo cierra con un nocaut de este nivel, deja de ser una incógnita.
Itauma ya no está creciendo.
Está llegando.
Y empieza a dar miedo.


