AEBOX/Gonzalo Campos
El boxeo español despide a uno de esos nombres que no siempre ocuparon focos, pero que sostienen de verdad este deporte desde dentro. Manolo Sierra ha fallecido, dejando una vida entera ligada al boxeo, primero como competidor y después como formador, consejero y estudioso incansable.
Del amateur al equipo de Cataluña
Sierra formó parte del equipo de Cataluña a finales de los años 70 y principios de los 80, en una época de enorme nivel en el boxeo amateur nacional. Su paso por los Campeonatos de España dejó huella en el rendimiento colectivo de su equipo.
En Cádiz 1979, logró una medalla de bronce que contribuyó a que Cataluña se proclamara campeona por equipos. Un año más tarde, en Melilla 1980, volvió a competir entre los mejores del país.
En ambos campeonatos se enfrentó al burgalés Jesús Matilla, con reparto de resultados: victoria en el primero y derrota en el segundo, reflejando la igualdad y exigencia de aquellos torneos.
Una vida en la esquina
Tras su etapa como boxeador, Sierra siguió vinculado al ring desde el Club de Boxa Gavà, donde desarrolló una importante labor como entrenador y mánager.
Su figura estuvo ligada a nombres como “El Mortero” Figueroa, Jorge “El Pollo” Ramírez, Óscar Palomino, “Tito” López o Francisco Ureña, participando activamente en la construcción de sus carreras y consolidándose como una figura respetada dentro del boxeo catalán.
Pero más allá de los nombres propios, hay un rasgo que todos coinciden en señalar: su conocimiento profundo del boxeo. Sierra era un estudioso del deporte, un hombre que conocía a los boxeadores de distintas épocas, que analizaba estilos y que entendía el combate desde dentro. No solo sabía de boxeo, lo interpretaba.
Voz de esquina: Ricardo Sánchez Atocha
“Fue una de las personas que vivimos la vida para el boxeo. Era un enamorado del boxeo y siempre estaba con proyectos, con cosas, con historias.
Como persona, una buena persona, sobre todo fiel, que le gustaba trabajar y que estaba siempre ahí cuando lo necesitabas.Yo me lo llevaba conmigo a campeonatos porque tenía muy buena visión de las peleas. Leía bien las peleas, siempre tenía algo que aportar, y por eso me gustaba que estuviera conmigo.”
Epílogo
Manolo Sierra pertenece a esa estirpe silenciosa que construye el boxeo sin ruido. De los que compiten cuando toca, enseñan cuando llega el momento y siguen aprendiendo toda la vida.
Un hombre de gimnasio, de esquina y de conversación. De los que entienden este deporte más allá de las cuerdas.
Su pérdida deja un vacío difícil de llenar en el boxeo de base y en todos aquellos que compartieron camino con él.
Descanse en paz.



SIMPATIQUIPOTE Y BUEN SENTIDO DEL HUMOR Y ALGUNA ANECDOTA QUE HAY POR AHI ,RELACIONADO CON EL DEPORTE, EH CURIOSA