AEBOX/Vicente Campos/–La historia de Marian ‘La Vikinga’ Herrería aún no ha llegado a su último capítulo. La púgil cántabra sigue demostrando que su carácter competitivo está por encima de cualquier obstáculo, incluso de una lesión que, por el momento, la mantiene alejada del ring.
Su trayectoria reciente ha estado marcada por la adversidad. Primero, la polémica derrota en Barcelona por el Campeonato de España, un combate que muchos consideran que no reflejó lo ocurrido sobre el cuadrilátero. «Para mí no lo perdí» afirma. Después, la mala fortuna en el Campeonato de Europa frente a Almudena Álvarez, donde un choque de cabezas le provocó una hemorragia que obligó a detener el combate cuando comenzaba a encontrar sensaciones.
Lejos de rendirse, Herrería decidió volver. Y lo hizo con un objetivo claro: poner un broche digno a su carrera deportiva. “Mis dos últimos combates he salido mal perjudicada con lesión”, confiesa. Aun así, tras recuperarse, regresó en junio con buenas sensaciones, incluso bajando de categoría, algo que reforzaba su confianza de cara a ese último tramo de su carrera.
Su plan era sencillo: realizar algunos combates de rodaje y optar, si surgía la oportunidad, a un título. Porque si hay un sueño que ha acompañado a ‘La Vikinga’ desde sus inicios, ese es el de proclamarse campeona de España. Un objetivo que se vio frustrado en Barcelona, pero que nunca ha desaparecido del todo.
“Decidí que sí quería volver a intentarlo”, explica. “El boxeo es así: puedes ir perfectamente preparado y que todo se vaya al garete por un detalle, como me pasó con el choque de cabezas”.
Sin embargo, cuando parecía que todo volvía a encajar, llegó otro golpe, esta vez literal. En su regreso, durante un combate muy exigente, sintió cómo su mano se rompía tras lanzar un swing. A pesar del dolor, continuó. “Le dije a Dani (Rasilla) que me había roto la mano, pero también que íbamos ganando y que quería terminar el combate”. Y así lo hizo. Ganó. Pero el precio fue alto.
Lo que inicialmente fue diagnosticado como un esguince acabó siendo algo mucho más serio. Tras semanas de dolor, pruebas y dudas, el diagnóstico definitivo confirmó una rotura del fibrocartílago y un desplazamiento del cúbito. Una lesión que la obliga ahora a pasar por quirófano.
“Ahora ya sí o sí no puedo golpear con la mano”, admite. Aun así, ha seguido entrenando. “Llevo meses entrenando con una mano, intentando llevar en silencio todo lo que estoy pasando”. Una forma de protegerse, de no volver a caer en el desgaste psicológico que ya conoce demasiado bien. “No quiero entrar otra vez en el bucle de vivir en una lesión”.
El siguiente paso es inevitable: quirófano. “Estoy a la espera de fecha, con todo preparado. Y con ganas de que me operen para volver al ring”.
Pero no todos comparten ese deseo. Su entorno más cercano, marcado por la preocupación, preferiría que no regresara. “Más de la mitad no quieren que vuelva”, reconoce. Y lo entiende. Saben cómo pelea. Saben que nunca se guarda nada. “He montado guerras en el ring, voy con todo”.

“Yo quiero terminar mi carrera en el ring”, afirma con rotundidad.
Su hoja de ruta es sencilla, pero cargada de significado: recuperarse, volver y disputar algunos combates. “Ojalá pueda hacer unos pocos, recuperar sensaciones… y que salga la oportunidad de un Campeonato de España”. No quiere más. No lo necesita. Su ambición ahora es emocional, casi íntima. “No aspiro a más. Mi sueño siempre ha sido ser campeona de España”, insiste. Un sueño que no solo tiene que ver con lo deportivo, sino también con una deuda personal tras años de sacrificio, golpes y momentos difíciles.
Porque si algo define a Marian Herrería es su resiliencia. “Creo que me lo debo a mí misma. Despedirme del ring e intentarlo por última vez”, reflexiona. Y añade: “Si me llaman ‘La Vikinga’ es porque nunca me he dado por vencida”, dice. Incluso reconociendo sus propios errores, sus momentos de duda. “Me he autosaboteado muchas veces, pero creo que me lo merezco”.
Ahora, con la mirada puesta en el quirófano y en una posible última etapa sobre el cuadrilátero, Herrería mantiene intacta la ilusión. Sabe que no le queda mucho tiempo en activo, pero también que aún tiene algo que demostrar(se).
Y, sobre todo, que su historia en el boxeo merece un final a su altura. Y AEBOX estará ahí para verlo.


