AEBOX/Gonzalo Campos/Foto:Miguel Ángel Santos
Hay deportistas que persiguen la gloria con ansiedad. Otros, en cambio, llegan casi sin darse cuenta, avanzando paso a paso, día a día, combate a combate. Isabel Rivero pertenece claramente al segundo grupo.
La vallisoletana nunca ha construido un personaje alrededor de sí misma. Ni siquiera ahora, convertida en campeona mundial y tras haber defendido con éxito el cinturón WBA del peso átomo ante su gente en la Cúpula del Milenio. Mientras el boxeo español comienza a situarla entre las figuras más importantes de nuestro panorama femenino, ella continúa hablando de trabajo, rutina, mejoras técnicas y aprendizaje constante.
Quizá ahí resida precisamente la grandeza de su historia.
Porque detrás de la campeona hay una deportista que sigue viviendo el boxeo como una vía de escape, como un espacio de crecimiento personal y como una pasión compartida con quienes la acompañan desde el principio. Y en ese camino aparece una figura inseparable: Diego Uceta, compañero de vida y entrenador, pieza fundamental en una evolución que ha llevado a Rivero desde sus primeros pasos en el profesionalismo hasta la cima del boxeo mundial.
Una boxeadora que todavía reconoce no haber terminado de asimilar todo lo que ha conseguido y que, pese a ello, continúa creciendo sobre el ring pelea tras pelea.
Tras la controvertida derrota mundialista en Alemania ante Sarah Bormann, Rivero regresó más fuerte. Conquistó el título mundial meses después y ahora ha firmado una primera defensa que confirma algo importante: ya no estamos hablando de una sorpresa. Estamos hablando de una campeona consolidada.
Y quizá lo más interesante sea que ella sigue sintiendo que todavía puede dar mucho más.
Isabel, ¿qué sensación se queda una vez que pasa todo y ya has podido parar un poco después de la defensa?
Pues la verdad es que, al haber salido todo tan bien, el hecho de poder estar ahora tranquila y reflexionar un poco sobre la pelea… yo tengo una sensación de satisfacción total porque al final ha sido mucho trabajo el que hemos hecho para esta preparación y ha salido todo perfecto. Se ha visto todo el trabajo que habíamos hecho previamente y la verdad es que la sensación es esa: una satisfacción enorme.
Da la impresión de que esta victoria la has vivido de una manera muy distinta a cuando conquistaste el Mundial. ¿Es así?
Bueno, realmente para mí la victoria del Mundial de noviembre del año pasado yo creo que ha sido la victoria más trabajada, la más difícil y la más dura que he tenido. Realmente le tengo mucho cariño a esa pelea por eso mismo, porque fue una pelea dura y muy disputada.
Las sensaciones son distintas, no es ni mejor ni peor. El caso es que en esta ocasión, como hemos trabajado otro tipo de cosas y no teníamos mucha idea de cómo era la rival, he podido mostrar que tengo capacidad para hacer otro tipo de boxeo. Y sobre todo es eso, la satisfacción de que todo lo que has trabajado luego se queda plasmado en el ring, en lo que haces ahí arriba.
Es distinto. La otra la tengo con más cariño porque al final es la primera vez que consigues un Mundial y creo que eso es algo increíble. Pero esta vez sí he podido mostrar a la gente cosas diferentes de mi boxeo y he visto que han disfrutado mucho con ello.
En la entrevista previa nos decías que querías mostrar una versión más segura de ti misma y añadir más recursos a tu boxeo. ¿Te viste sobre el ring como habías imaginado?
Sí, a eso me refiero. Realmente vi que he dado un paso más y que he ampliado los recursos de mi boxeo porque yo al final siempre boxeo en larga distancia, o es donde más cómoda me siento. Pero en esta ocasión quería también estar preparada para la media y la corta distancia y creo que todo eso se ha visto.
Al final es la satisfacción de la que hablo: que realmente todo el trabajo que se ha hecho y todo lo que se ha entrenado luego sale y se puede ver sobre el ring.
Desde fuera dio la sensación de que controlaste la pelea prácticamente en todo momento. ¿Sentiste que estabas haciendo uno de los combates más completos de tu carrera?
Sí, la verdad es que sí. Creo que ha sido uno de los combates más completos porque estuvimos probando en todas las distancias, cambiando de guardia… La verdad es que estoy muy contenta con el desempeño y con el trabajo que salió porque fue una pelea muy completa.
Las puntuaciones fueron muy claras. ¿Te sorprendió escuchar diferencias tan amplias después de un Mundial donde ya sabemos lo que pasó en Alemania?
Bueno, es que realmente no es comparable. No es comparable ni el combate, ni la rival, ni las circunstancias. Son dos peleas totalmente distintas que no tienen nada que ver la una con la otra.
Precisamente te quería preguntar por eso. ¿Crees que aquella noche ante Sarah Bormann terminó siendo un punto de inflexión para ti más que una derrota?
Sí, la verdad es que en general las derrotas me parecen puntos clave en la carrera de cualquier deportista porque al final aprendes mucho más de una derrota y aprendes también a gestionar esas circunstancias, esas situaciones que en principio parecen negativas pero que yo creo que no lo son tanto.
Entonces cualquier derrota es un punto de inflexión y en este caso ante Sarah lo fue. También vi una subida de nivel en esa pelea porque pelear con una rival de ese calibre y hacer el papel que hicimos yo creo que marcó un antes y un después.
Y luego, aparte de todo eso, lo que yo considero más importante es poder tener una buena relación con todas las rivales y en este caso la tenemos. La verdad es que no puedo estar más contenta de haber ido a pelear allí y de que sucediera realmente ese Mundial aunque terminara con una derrota.
Tú siempre transmites mucha normalidad. Trabajo, entrenamientos, rutina… Pero, siendo sincera, ¿hay momentos en los que te paras y dices: “Soy campeona del mundo”?
Pues sinceramente no. Esta vez como que lo estoy asimilando un poco más, pero no. Realmente no sé cómo explicar la visión que tengo yo de todo esto. Para mí, desde el principio, el boxeo ha sido una vía de escape, ha sido un hobby, y el hecho de llevarlo a este nivel… no sé si voy a llegar a asimilarlo o asumirlo en algún momento.
Es que yo veo el cinturón en casa y no soy consciente de que hemos ganado un campeonato del mundo, en este caso ya dos. No sé cómo explicarlo. Al tener una rutina y tener mi vida ligada a otras cosas totalmente distintas, no lo interiorizo.
No hay momentos en los que diga “soy campeona del mundo”. Te soy sincera: todavía no he tenido ningún momento en el que haya pensado “joder, soy campeona del mundo”. No sé… no lo he llegado a pensar.
¿Qué sentiste al volver a salir en Valladolid y notar cómo te recibía la gente después de todo lo conseguido?
Pues la verdad es que me emocionó muchísimo porque sabíamos que era un fin de semana complicado. Había muchos eventos, muchas comuniones, muchas historias externas que, aunque la venta de entradas iba bien, siempre te dejan esa duda de cómo va a ir y de cuánta gente va a haber.
Y el hecho de salir y ver a toda esa gente animándome, el hecho de que estuviera Ansela, de que estuviera Marilú, de que estuviera Tati… para mí fue increíble. Me emocionó muchísimo.
Yo estaba ya saliendo hacia el ring y era como: “Madre mía, esto es impresionante”. La verdad es que me he sentido muy arropada, muy querida, y me emociona solo pensarlo. Ver a toda esa gente allí y, sobre todo, comprobar que cada vez hay más afición también por el boxeo, es algo que a mí me llena muchísimo.
Deportivamente, ¿crees que todavía estamos lejos de ver tu mejor versión o notas que cada vez eres una boxeadora más completa?
Pues yo creo que ambas partes no son incompatibles. Creo que todavía se puede mejorar y ofrecer más cosas. Al final siempre se puede mejorar. Nadie es perfecto y mucho menos yo.
Entonces creo que todavía podemos ver versiones mejores, pero también veo que estamos en el camino y que cada vez podemos hacer más cosas, tenemos más recursos y somos más versátiles.
Así que ambas cosas no son incompatibles. Se pueden poner perfectamente en la misma frase.
¿Te ilusiona especialmente la idea de una unificación después de haber defendido ya el cinturón?
Pues otro sueño más. No quiero hacerme muchas ilusiones porque sé que es muy complicado, pero el poder vivir una unificación, se gane o no se gane, me hace mucha ilusión y me motiva a seguir mejorando.
Y por último, Isabel, después de todo este recorrido desde 2022 hasta hoy… ¿qué es lo que más orgullo te da realmente de todo lo que has conseguido?
A nivel estrictamente profesional, el hecho de seguir mejorando y ser cada vez más completa. El hecho de mejorar cada día es muy importante para mí y me da mucha motivación.
También el hecho de ver crecer el boxeo femenino es muy motivante, y no por lo que estoy consiguiendo yo, sino por todas las compañeras que estamos luchando por ello. Creo que se está subiendo muchísimo el nivel y que además tenemos el récord de campeonas de Europa vigentes, así que me alegra estar aquí apoyando y aportando para que el boxeo siga creciendo.
EPÍLOGO
En un deporte muchas veces dominado por el ruido, las prisas y los personajes artificiales, Isabel Rivero representa algo cada vez más difícil de encontrar: autenticidad.
La campeona vallisoletana habla de sus victorias con serenidad, de sus derrotas con naturalidad y de su carrera con una humildad que no parece impostada. No transmite la sensación de alguien obsesionado con el reconocimiento, sino la de una deportista que disfruta evolucionando, aprendiendo y comprobando hasta dónde puede llegar.
Y quizá por eso conecta tanto con la gente.
Porque mientras suma cinturones, defensas mundialistas y noches históricas para el boxeo español, sigue manteniendo intacta la misma mirada con la que comenzó esta aventura en 2022. Una mirada más cercana al esfuerzo diario que al estrellato.
A su lado, Diego Uzeta ha acompañado cada paso del camino. Entrenador, apoyo constante y compañero de vida, formando junto a ella un equipo que ha crecido desde la humildad y el trabajo silencioso hasta alcanzar la élite mundial.
Ahora sueñan con una unificación. Saben que será difícil. Pero también saben algo importante: hace no demasiado tiempo, convertirse en campeones del mundo parecía igualmente imposible.
Y aquí están.
Defendiendo un Mundial en Valladolid, emocionándose al escuchar a su gente y ayudando, junto a otras muchas compañeras, a empujar el crecimiento del boxeo femenino español.
Porque más allá de títulos y cinturones, Isabel Rivero ya ocupa un lugar privilegiado en nuestro boxeo. Y probablemente estamos hablando, sin miedo a equivocarnos, de una de las figuras más importantes de la historia del boxeo femenino español.


