AEBOX/Vicente Campos/–La pasada noche del sábado 12 de abril, el Boardwalk Hall de Atlantic City, Nueva Jersey, fue testigo de una actuación estelar del uzbeko Shakhram Giyasov, quien acabó en el cuarto asalto con el argentino Franco Ocampo en una pelea que lo mantiene en la ruta hacia el título mundial welter. Como retador obligatorio al cinturón WBA de Eimantas Stanionis, Giyasov se posiciona para enfrentar al vencedor del combate estelar entre Jaron Ennis y Stanionis, en una velada vibrante organizada por Matchroom Boxing.
Un triunfo contra todas las adversidades
Giyasov (17-0, 10 KOs) llegó al ring cargando un peso emocional inmenso tras la pérdida de su hija recién nacida a finales de marzo. A esto se sumó un desafío logístico: Ocampo (17-3, 8 KOs) superó el límite de peso en tres libras durante el pesaje del viernes. Sin embargo, el uzbeko transformó las dificultades en motivación, ofreciendo una actuación impecable que culminó en un KO a los 1:57 del cuarto asalto.
Desde el primer asalto, Giyasov marcó la pauta. Un derechazo a la cabeza seguido de golpes al cuerpo abrió el camino, y en un intercambio de izquierdas, lastimó a Ocampo, arrinconándolo. Un nuevo derechazo provocó la primera caída del argentino, dejando claro el dominio del uzbeko. En el segundo y tercer asalto, Giyasov mantuvo su dominio, conectando con precisión a la cabeza y el cuerpo, y utilizando su jab para desestabilizar a su rival.
El cuarto asalto fue decisivo. Con una combinación de paciencia y agresividad, Giyasov lanzó un derechazo al cuerpo que derribó nuevamente a Ocampo. El argentino, visiblemente agotado, no mostró intención de levantarse, y su esquina pidió al árbitro David Franciosi que detuviera el combate, sellando una victoria contundente para el uzbeko.
Un homenaje cargado de emoción
Tras el triunfo, Giyasov dejó salir su dolor y su fuerza interior. “Esto es muy, muy difícil”, confesó entre lágrimas. “Perdí a mi hija, y este campamento fue durísimo. Ella me está viendo, rezando por mí. Le prometí que lo lograría, la amo”. La afición, conmovida, lo ovacionó, y él añadió con determinación: “Esto es por mi hija. Le prometí que sería campeón mundial, y ella creía en mí. Denme la oportunidad, y lo haré”. Sus palabras resonaron en el Boardwalk Hall, convirtiendo su victoria en un momento de profunda humanidad.
Un paso hacia la gloria
La victoria de Giyasov no solo refuerza su invicto, sino que lo catapulta como un contendiente temido en la división welter. Con una mezcla de técnica, potencia y corazón, el uzbeko demostró que está listo para desafíos mayores. Su promesa de conquistar un título mundial, dedicada a su hija, resonará como un eco mientras espera su oportunidad ante los gigantes de las 147 libras. El 12 de abril, Atlantic City no solo vio un nocaut, sino el nacimiento de una misión que trasciende el ring.


